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La gran Ciudad Universitaria Madrileña. Una gran obra científica, pedagógica y a la vez proselitista. Su origen su porvenir. Sus aciertos y defectos. ME 02/30  p. 15-22


 

1 En las naciones extranjeras

            a) Todos los viejos pueblos de Europa se encuentran en situación dificilísima, tanto respecto a su preponderancia espiritual como respecto a sus exportaciones a América. Crisis por ambos lados. La mentalidad francesa había logrado imponerse en el reciente pasado sobre los intelectuales de estos pueblos, y ello bastaba para el orgullo francés, que no necesitaba del dinero de América: su economía nacional se afirmaba bien sobre bases netamente francesas. El trabajo alemán, en competencia con el inglés, había logrado ganar estos mercados, cada vez más acaparados por esos dos grandes pueblos.

            Más, la guerra mundial lo trastornó todo. Por un lado, nada pudieron aquellos pueblos en América durante los cuatro trágicos años. Venido el armisticio y su corolario de Versalles, las gentes pudieron hacerse cargo de que las circunstancias habían cambiado tan radicalmente, que más bien era un mundo nuevo que nacía, después de las agonías bélicas del que acababa de terminar.

            Francia iba perdiendo su sitio intelectual en América. Y, necesitada de dinero, buscaba ahora esos mercados. Gran Bretaña veía que sus exportaciones a este continente iban disminuyendo, y Alemania, forcejeando duramente entre los brazos de hierro del Tratado de Versalles, no se ha sentido con fuerzas –y hace ya diez años- de realizar una verdadera campaña de grandes alcances sobre estos mercados comerciales y mentales.

            La causa principal estaba en una doble fuerza que aparecía en otros sectores mundiales. Por un lado, España, hacia la cual volvían los ojos estos pueblos, sus hijos, encarrilada nuevamente sobre los rieles salutíferos de la unidad racial. Por otro lado –y este era el hecho predominante- Norte América, la cual, haciéndose fuerte sobre su situación económica espléndida ganada en la gran guerra, se había lanzado decididamente a la conquista material y mental de estos pueblos americanos de raza española.

            Tomaron, entonces, posiciones aquellos viejos pueblos de Europa, ya para la reconquista comercial, ya para la reconquista mental, que debía precederla.  Sobre todo Alemania y Francia, incapaces de lanzarse a fondo, por el momento, por la ruta de la conquista comercial de estos mercados, iniciaron la batalla espiritual, mediante libros, periódicos, cátedras, intercambio de profesores, conferencias: en suma, todo aquello que podía tender a la reconquista de la juventudes estudiosas de este continente, que mañana han de ser los gobernantes de sus respectivos países.

                        b) Para ponderar la importancia de esta acción cultural, nos detendremos especialmente en uno de los medios empleados en uno solo de estos pueblos: la Ciudad universitaria de París.

            La famosa Sorbona, la vieja universidad parisién, no encaja ya dentro de las necesidades del siglo XX. Para modernizarla y atraer a la juventud extranjera, se ha construido la Ciudad Universitaria, cediendo el Estado francés varios centenares de cuadras en uno de los sitios más bellos y estratégicos de París: en el solar de las viejas murallas famosas, que rodeaban con un cordón de piedra, fosos y puntos militares a la gran ciudad, separándola de la “banlieu”, es decir, las 30 ciudades que rodean a la