Guerra 1939 42 08 08
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Guerra 1939 42 08 08
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La batalla de Kazán. La guerra ruso-germana  La SI 08/08/42 p. 1-4
Churchill tira el lazo  La SI 08/08/42 p. 4-6
Dos vuelos aleccionadores. Dos viajes que hacen meditar  La SI 08/08/42 p. 6-7
Birmania independiente. La libertad de las naciones  La SI 08/08/42 p. 7
Waldo Frank en Buenos Aires  La SI 08/08/42 p. 7-8
La batalla de Kazán. La guerra ruso-germana
La SI 08/08/42 p. 1-4
 La fortuna continúa esquiva para esos rusos trágicos, que parecen nacidos para el constante malestar. Pueblo sencillo y austero, crecido en ambiente prometedor, materia prima –pueblo y ambiente- para una paz abundante y placentera, no parece sino que lo persiga la mala ventura, acosado a través de su no muy larga historia por todas las furias de la guerra, por todas las calamidades de una paz de siervos
 Ahora mismo, cuando, entre las bascas del hambre y los fieros golpes de toda calamidad, extendía su mano ávida para amasar los dorados trigos de ese Kazán famoso, he ahí que irrumpen sobre ellos, con furia de ciclón arrollador, las huestes enemigas. Y son ellas las que celebrarán sus victorias con el pan candeal sembrado por manos rusas.
 Mal negocio viene siendo para Rusia esa guerra que le prometía triunfos y halagos, y no le ha traído más desangramiento y tormentas. Engañadoras ilusiones desviaron sus cálculos. Y en laderas peligrosas han madurado sus trigos. Porque ¿quién hubiera siquiera aventurado la palabra Kazán, cuando, un mes cabal cumple hoy, desde las lejanías de Kursk y Woronesh explotaba la tempestad y Marte, ahora montado sobre un cañón de raras hechuras, calzaba nuevamente su casco y empuñaba su espada?
 Y aquí precisamente, en las llanuras fecundas de ese inmenso Kazán, es donde en estos instantes vuelan, esos endiablados carros de asalto, venidos de las remotas lejanías del Rhin legendario.
 a) Si se echa una ojeada sobre el mapa de la portada, tres flechas negras (1, 2, 3) nos mostrarán hacia donde han arreciado esta semana las luchas de ese frente, que pasará a la historia militar como el más duro que haya abierto guerra alguna a través de los siglos.
 La flecha A nos lleva al recodo del Don, en el cual los rusos han logrado acumular grandes fuerzas, para frenar el ritmo veloz de las fuerzas del Eje en su continuado avance.
 Cuando, bajando de Boguchar, irrumpían como tromba fuerzas germanas hacia esa gran comba del Don, encontraban en ella –y especialmente tras ella, entre el Don y el Volga- más de cien mil hombres afirmando trincheras. Había llegado quince días antes a Stalingrado el patrón ateo de la ciudad, Stalin. Y renacía en él aquella furia trabajadora que lo caracterizaba en los días del zar en sus pagos georgianos. Sacaba de las numerosas fábricas de la gran ciudad del Volga (850.000 habitantes) sus trecientos mil obreros. Una tercera parte eran destinados a sacar maquinaria transportándola más allá del Ural, para ver de remontarla y ponerla en marcha en suelo menos peligroso. Una tercera parte era sumada a las raleadas filas de los soldados que venían batidos desde lejos, retirada tras retirada. Y la última tercera parte eran dedicados a alzar fortificaciones, en lo cual los rusos son duchos, si no bajo un aspecto científico, si desde el punto de vista de la iniciativa popular.
 ¿Fortificaciones? Sí. Fortificaciones. No las había, fuera de las recias, pero rudimentaria de los días del padre Zar y sus degenerados gobernantes. Stalin es inteligente fuera de lo ordinario, no hay que dudarlo. Pero no llegó jamás a creer que las fortificaciones del Donetz podrían ser batidas de frente y además, a la vez, por la retaguardia, Y, con un Donetz inquebrantable, ¿a qué gastar tiempo, fuerzas y dinero fortificando el Volga?  Estaba ese gran río tan lejano hace un mes no más; había tales obstáculos entre él y el frente de guerra,  que ni por brumoso atisbo podía pensar el jefe ruso que, no ya a las cuatro semanas, pero ni aún a los cuatro años, pudiesen los hijos de Berlín bañarse ampliamente en el Don, y, desde ahí, pegar recios aldabonazos sobre el Volga.
 El mapa 2 nos muestra cómo han sido ideadas estas trincheras improvisadas. Es el mismo mapa 1, pero limpiado de accidentes para ver claramente los sucesos bélicos de la semana. En ese croquis aparecen varias líneas de fortificaciones delante de Stalingrado. Las que estaban antes de llegar al Don desde poniente, han sido ya batidas por las fuerzas del Eje, quedando solo a los rusos un pequeño círculo al nordeste de Kalatch, ciudad que ha sido tan nombrada estos días. Los rusos dicen,  que no ha sido roto el frente en esta pequeña parte del Don. Los del Eje aseguran que tienen en sus manos toda la ribera del Don, y que, por lo mismo, han quedado rodeadas las fuerzas rusas que se defienden denodadamente en ese circulito 1 del