Brasil 42
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Brasil 42
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Brasil declara la guerra al Eje La SI 29/08/42 p. 5-6

Brasil declara la guerra al Eje
La SI 29/08/42 p. 5-6


    Brasil, el país de mayor extensión y mayor número de habitantes de América hispana, acaba de declarar la guerra a Alemania e Italia. El hecho ha servido espléndidamente para ocupar durante unos días, con parrafadas a dos y tres columnas, los espacios de la prensa pseudodemocrática, en busca de noticias que ahoguen los grandes sucesos adversos que están dando a la guerra un giro tan grave, que, según “The Times”, estaríamos ahora en las horas decisivas. Hay gente y países cuya manía mayor es ver de ahogar el eco de los grandes hechos.
    Ello no quiere decir que el acontecimiento no tenga importancia, si no práctica, en el terreno de la moral y de la hermandad continental en que creen algunos, o racial según prefieren otros.
    Es interesante recordar que el Brasil ha entrado hace poco en el 11 avo año de una dictadura que llamaríamos totalitaria, si esta palabra no estuviese ya consagrada para señalar otras dictaduras menos rigurosas en los pueblos europeos víctimas del Tratado de Versalles. Hace dos lustros que el Brasil no tiene parlamento de ninguna clase ni se han realizado elecciones de especie alguna.
    Estados Unidos, líder de la democracia, trabajaba firme y bien para atraerse a ese pueblo, tanto más fácilmente cuanto que no había que convencer más que a un pequeño núcleo de personas. Duraron meses las conversaciones. Al fin, la gran república de habla portuguesa se sumaba, sin cambiar un ápice su dictadura, al acerbo de naciones democráticas.
    Al romper Brasil –meses atrás- relaciones con los pueblos del Eje, era cosa esperada que los submarinos de esa combinación hundirían cuantas naves mercantes saliesen del Brasil hacia Estados Unidos o viceversa. La razón estaba, no en Berlín o Roma, sino en Londres y Washington. Esos dos países aliados tomaron la iniciativa de considerar contrabando cualquier cosa, sin distinción de mercaderías que fuese llevada a Alemania o Italia o saliese de esos países. Si esa era la ley que Gran Bretaña y EE.UU. hallaban justa, puesto que la establecían contra derecho, era lógico que los países del Eje la tomasen al pie de la letra ellos también, y sin responsabilidad alguna por las consecuencias. Se trataba, simplemente, de una copia.
    Los buques brasileros fueron hundidos uno tras otro en su camino hacia o de Estados Unidos, en las anchas latitudes del Atlántico. Últimamente era hundido un buque, en el que se asegura iban soldados brasileños, cerca o en aguas territoriales. Era exactamente lo mismo que realizaban los aliados. Hace poco aviones británicos hundían dos buques comerciales franceses –país neutral- que procedían de puerto francés y se dirigían a puerto francés. Un buque danés era hundido por aviones británicos. Varios buques suecos eran hundidos por aviones rusos.
    Esos hundimientos de buques brasileros constituían sucesos muy graves, pero jurídicamente inobjetables por aquel –individuo o país- que ha aceptado la norma aliada. Grave, porque escasos estos países de tonelaje, el Brasil se ha ido quedando sin buques, y los que restan no se atreven a salir e sus aguas costeras. Inobjetable, porque esos hundimientos, no solo entran en la teoría bélica establecida por Gran Bretaña y EE. UU. sino que esa laya de pelear era instaurada por esos países.  
    ¡Cuán bueno sería que las cosas se quedasen así, renunciando ambos bandos a sacar consecuencias de estos hechos. La lógica tiene sus fueros, y no admite que el que siente unas premisas pretenda independizarse de las consecuencias. Pero, se han dado en esta guerra tantos procedimientos ilógicos y tantas contradicciones, que no estaría de más una que, por esta vez, daría resultados felices.
    Creemos, por lo mismo, que, prácticamente, esta declaración de guerra no tendrá consecuencias ulteriores; que, por mucho que lo deseen las potencias partidarias de que sean “los otros” los que hagan la guerra, Brasil, que ha entrado en un período de fuerte reconstrucción económica, empleará todas sus fuerzas en este trabajo, dejando que las grandes potencias se rasquen con sus propias uñas. La misma marina de guerra del Brasil que alcanza a estas horas una importancia diga de tenerse en cuenta, sería para América lamentable que, por causa de otros, siguiese el mismo camino de su flota comercial: el fondo del mar.
Recientemente se comunicaba al mundo, desde Montevideo y por agencias interesadas en sembrar cizaña, que esa Marina de Guerra del Brasil estaba causando recelos en otros países