1951 E de M. Saint Baudilio del Llobregat
Índice del Artículo
1951 E de M. Saint Baudilio del Llobregat
Página 2
Recordando un homenaje
Navidad de 1951. Publicación de Acción Católica de San Baudilio de Llobregat
por E de M.

(Publicación samboyana, publicada un año después de fallecido Juan Bardina (+10/07/50) –treinta y cuatro años transcurridos desde que abandonó España-, que incluye un recuerdo y homenaje a éste. Remitida a Valparaíso, amistosamente a Marta, su hija menor, por Enrique Cassasas)

Fue durante la pasada canícula, cuando la acogedora villa se San Baudilio de Llobregat, con inusitado entusiasmo y sincera cordialidad, recibió la visita de los discípulos amigos y admiradores del que había sido modélico pedagogo, Dr. Juan Bardina Castará. Y todos, samboyanos discípulos y admiradores del docto pedagogo, tributaron un ferviente homenaje al ilustre samboyano, asistiendo en corporacióna la Misa, que en sufragio de su alma fue celebrada en el espacioso templo parroquial; descubriendo una bella lápida (obra del artista D. Rafael Solanich) en la fachada de la casa, donde había nacido, y dando el nombre de Juan Bardina a una de las calles principales de la Villa. Y las dignas autoridades civiles, eclesiásticas y militares de San Baudilio, con gran parte del vecindario de la localidad y los discípulos,, admiradores y amigos del Maestro, , movidos por la misma emoción y estrechamente compenetrados patentizaban la devoción , el aprecio, la gratitud que sentían hacia el Guía, el forjador de voluntades, que fue el Dr. Bardina.
Todos los que acudieron a participar de fiesta tan hermosa, y en especial cuantos habían sido  sus alumnos, forjados según sus sabias y acertadas orientaciones, supieron agradecer y estimar sinceramente el cálido fervor de todo un pueblo, que enaltecía la figura preclara de su Maestro.
Porque el Dr. Bardina, fue, en verdad, un gran Maestro y lo demostró principalmente:
Cuando el excursionismo era apenas practicado, recorría con sus alumnos los más bellos parajes de nuestras comarcas: desde las cimas del Montseny, Monserrat y San Llorenc del Munt a las suaves ondulaciones  del Vallés, el Panadés y la Maresma; y sabía hacerles vibrar con emoción ante la magnificencia de una puesta de sol; ante la belleza de un rústico paraje o en la imponente solitud de nuestros bosques, haciéndoles sentir y amar profundamente la obra del Creador.
En aquella época ya lejana, realizaba el milagro de que sus alumnos practicasen en forma racional, metódica y concienzuda la gimnasia y amasen intensamente los deportes, haciendo suya la vieja máxima de : “Mens sana, in corpore sano”.
    De una amplia casa desmantelada y fría  hizo surgir con escasos medios económicos, bellas y espaciosas aulas y contagiando a sus alumnos su entusiasmo y sus inquietudes logró que construyeran, bajo la dirección del Maestro carpintero, mesas, armarios, estanterías... y todo el material escolar, que preconizaba la nueva pedagogía.
    Supo llenar de bellos, interesantes y selectos libros una magnífica biblioteca, cuyos volúmenes eran ávidamente leídos por sus alumnos.
    Después de haberse captado por completo  la voluntad de todos sus discípulos, supo poner en lo más íntimo del corazón de cada uno aquella noble y santa ambición “de unir su carro a la más lejana estrella”.
    Teniendo su espíritu abierto a los más diversos aspectos de la ciencia moderna, hizo que sus alumnos participasen  de ellos de forma real y práctica, y periódicamente los hombres más preclaros llenaron con su palabra cálida y entusiasta la tribuna de la escuela.
    De manera definitiva y con una visión clara de los nuevos horizontes de la moderna pedagogía, escribía su doctrina básica y de ella surgían sus diez famosos Mandamientos del Buen Maestro. Y repetía a sus alumnos: Créate ilusiones; forja proyectos, elabora deseos; lucha para realizarlos. Trabajando para la perfección de tus semejantes, quiere ser superior a ellos; más fuerte, más generoso, más sabio, más rico, más perfecto.  Lucha ardidamente para lograrlo, astutamente, pero moralmente. Así serás hombre de acción, y por tanto, de los que triunfan.
    En una visión clara y para enardecer a sus alumnos hacia una lucha noble, hacia la lucha de todos los días y de todo momento, decía en los citados Mandamientos del Buen Maestro: Las dificultades son la sal que da sabor a la lucha. Lucha sin dificultad, sol sin luz. Hombres sin lucha, parásito extirpable. Las dificultades abundan en belleza, a veces trágica. Al hombre inútil lo acobardan; al predestinado, lo agigantan. Las cosas se empiezan, se trabajan, se pulen, se perfeccionan, se acaban. Ingenio, empresa, constancia.
    Infundía toda esta doctrina a sus discípulos  con una base netamente cristiana, y trabajaba con tesón  por una pedagogía nueva y sintiendo una amorosa devoción hacia todo lo noble y digno.
    Mediante la publicación de su libro  “40 casos vivos de Educación Infantil” dio a los padres en general, y a los educadores en particular, sabias orientaciones y consejos interesantísimos, para poder