España 43
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España 43
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El duque de Medinacelli, desposeído  La SI 16/01/43 p. 7
Un ensayo de Cortes en España La SI 03/04/43 p. 8
España, Marruecos y la guerra. ¿Se está preparando España? La SI 08/05/43 p. 1-5
Bibliografía. Osorio Gallardo, Ángel. El mundo que yo deseo. Buenos Aires La SI 09/10/43 p. 4
Una noticia dudosa La SI 25/12/43 p. 11

El duque de Medinacelli, desposeído
La SI 16/01/43 p. 7


    “El Instituto de Colonización español adquirió 2.500 hectáreas de tierras, hasta ahora de propiedad del Duque de Medinacelli. Allí serán radicados labradores. Es el primer paso en la realización de  de un vasto plan de colonización. El Duque se vio obligado a vender las tierras en virtud de la ley promulgada este año que determina que los que no administren personalmente sus tierras deberán venderlas”.
    ¿Qué dirían en la democrática Gran Bretaña si aquel Gobierno –representante de una nobleza para la cual trabajan los de abajo- fletase una disposición  como esa del teocrático, cavernario, atrasado, etc. etc. Gobierno español?
    Las masas obreras tan retardatarias en su evolución, no entienden todavía el abecé elemental de toda reforma social: que la libertad política es una broma pesada cuando no viene cimentada sobre la suficiencia económica.
    Fue una gran idea –una inmoral, pero astuta idea- esa de la democracia británica de dejar a las masas en libertad de hablar y reunirse y votar a la sombra del patrón, mientras vivían en la más degradante miseria. Era la esclavitud, con la válvula de la libertad nominal para hacer esa esclavitud pasable.
    En España, la república de trabajadores lograba redactar una interesante Ley Agraria. No llevaba en tres años a la práctica nada que valiese la pena, como no fuese la anarquía en el campo y el odio. Sabido es que la Simulación fue uno de los grandes pecados de aquellos gobernantes estériles, que se entretenían sacando de las escuelas al dulce Jesús, mientras las masas zaparrastrosas seguían vegetando en la misma miseria
    El Mundo que amanece exigirá nuevos postulados para una reforma verdadera. El campo, gran crisol de hombres recios, no será el menos renovado. Entra las bases de reforma agraria éste: el deber de trabajo te obliga a estar tú, en presencia y potencia, frente a tu tierra. No es moral que “otros” “te” trabajen para tus flojeras bien adiestradas”. Cruz y raya sobre el “sic vos, non vobis”, cada palo económico aguantando su vela de trabajo.
    Esa ley española debería ser imitada, siempre con modalidades de tiempo y lugar. La riqueza individual es función social. Dicen muchos ya, que toda tierra tiene que ser forzosamente trabajada en cuanto el interés social lo demande. Es más interesante todavía, poner coto al absentismo, a la crecida inmoderada y macrocéfala de las capitales y el afán de pereza y de irresponsabilidad, obligando a cada cual, con moderación en el “modus operandi”, a que lleve personalmente el timón de su hacienda.
    Nuevos días. El Duque de Medinacelli es tolerable. No lo son 2.500 hectáreas que lo desconocen, en un país, paraíso de Dios, convertido por obra de la inconsciencia en casa de hambre.


Un ensayo de Cortes en España
La SI 03/04/43 p. 8


    En el tradicional palacio del Congreso español, desde donde había sido dirigida entre párrafos grandilocuentes la ruina de España, ha tenido lugar la semana pasada la primera reunión de Cortes, habida después de la mascarada monárquica de antaño, y de la mascarada republicana de la Segunda República española, asesinada por la incompetencia de sus mismos padres.
    Es, la reunión de esas Cortes, un acontecimiento extraordinario, que han pasado por alto los enemigos del general Franco, y que, sin embargo, merecen un sereno análisis, mostrando los aciertos que esas Cortes representan al lado de los peligros y sombras que puedan rodear su actuación.

    a) No se puede pronunciar la palabra Cortes sin que el alma se ensanche ante aquellos Parlamentos medievales en los cuales, a base netamente representativa de gremios y ciudades (el Trabajo y la Familia, la materia y el Ideal), se escribieron tan bellas páginas en la