China 43
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China 43
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Nankin entra en la guerra: Nankin declara la guerra a Gran Bretaña y Estados Unidos. La SI 16/01/43 p. 1-4
Doble barbecho en China. En la China renaciente La SI 22/0543 p. 6-7
La nueva política en China. La horca y el empleado público La SI 30/10/43 p. 5

Nankin entra en la guerra: Nankin declara la guerra a Gran Bretaña y Estados Unidos.
La SI 16/01/43 p. 1-4


    El día 9 la China de Nankin declaraba la guerra al Imperio Británico y a Estados Unidos. Y este hecho, que abarca más de 200 millones de nativos hechos a las luchas, tanto puede no representar nada como llegar a las alturas de las cosas decisivas.
    En estas columnas es tradicional el respeto a esa gran nación amarilla, así como el espacio que su importancia nos obliga a dedicarle. Apenas nacía la revista, el problema chino era expuesto en toda su complejidad, mostrando al mundo el error profundo en que se vivía –blancos vanidosos e inenterados- al considerar como algo despreciable ese gran pueblo. Sobre él, los pueblos del imperialismo blanco han tenido interés en echar un velo de primitividad y de cosas pintorescas, para que se acostumbrase la crítica a tomarlo como objeto de entretenimiento y así no dar importancia a los altos imperialismos.
    Ahora, con motivo de esa declaración de guerra, nuevamente hay que reaccionar contra este concepto, considerando a la China como uno de los factores más importantes del mundo nuevo de mañana.

    a) La historia china, ya de civilización madura seis mil años antes que los habitantes del Támesis supiesen leer y escribir, representa un movimiento y una acción, tanto cultural como bélica, al lado de los cuales la historia de la Europa antigua parece un mero juego.
    Han sido siempre aquellas tierras nido de la mitad de la población del mundo. se han desarrollado gigantescas invasiones entre las ramas de esas razas, ante las cuales son cosa de títeres las migraciones europeas. Entre esos movimientos de sedimentación de razas, allí surgía una cultura que no era superada por Europa durante milenios.
    Cuando decimos cultura, entendemos, no ya los grandes inventos científicos, que fueron muchos y trascendentales; ni la literatura, especialmente la histórica, que llegaba a la cumbre. Entendemos, también, la vida real de aquel pueblo, en el cual se cimentaron a través de los siglos instituciones tan humanas y fecundas, que el mundo moderno tendrá que ir por allá en busca de soluciones, por ejemplo, en cuanto a la propiedad y el desarrollo agrícola relacionados con la familia, el progreso y el Estado.
    A través de esos siglos, la China sufría la inmensa desgracia de formar un conglomerado extranacional fruto de conquistas activas y pasivas. Diversos hechos de grandes conquistadores amarillos  producían una China política que no encuadraba en el marco de lo étnico. Y así llegaba ese país al siglo XX como un monstruo. Y, no en sentido de volumen excesivo, sino en el de monstruosidad y manera ilógica, lo cual entrababa todos sus movimientos.
    La Edad Moderna, tanto de la raza amarilla como de la blanca, tuvo la mala suerte de tender a esos grandes Estados plurinacionales, sin acertar en la manera de coordinar la unidad con la variedad. Tendiendo todo a grandes unidades coordinadas, se quiso salir al encuentro de los antagonismos nacionales dentro de un solo Estado mediante el Unitarismo y la Fuerza. Y estaba aquí, no sólo el germen de la disolución, sino también de la escasa fuerza y poca fecundidad. Cuando un gobernante loco confunde las ínsulas y cree homogéneo lo heterogéneo, las cosas han de ir forzosamente patas arriba y los problemas usuales, en vez de tirar hacia una solución lógica, tienden también hacia el agravamiento también lógico. 
    Aunque con maneras distintas de las europeas, la China del XX, se presentaba en el escenario político del mundo como un conglomerado de naciones. Y, para peor, dominando entre ellas la que, siglos atrás, había entrado en China como conquistadora, siendo de calidad cultural muy inferior a la China: los mongoles. Había allí tártaros, había manchúes, había altaicos, había indoides. Hecho que han considerado poco los que, estudiando los acontecimientos chinos de los últimos decenios, han registrado continuamente movimientos centrífugos, cada grupo tirando hacia distinto lugar, aparentemente por voluntad del caudillo tal o cual que lo comandaba.
    Así, a pesar de tratarse de un gran pueblo, tanto en volumen de habitantes como de cultura, era posible que cuatro buques fantoches que venían del Támesis se impusiesen, mandasen en el país y, en honor deshonroso de cuatro especuladores, incluso impusiesen al