Guerra 1939 43 02 20 27
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Los rusos reconquistan Los rusos reconquistan Kharkov, Rostov y Woroshilosgrad. Éxitos de la ofensiva rusa de invierno La SI 20/02/43 p. 1-3
Cosas raras en Oriente. Cosas del Lejano Oriente La SI 20/02/43 p. 3-5
Aquí estoy y aquí me quedo. Wallstreet siente hambre La SI 20/02/43 p. 5-6
¿Qué pasa en Italia? La SI 20/02/43 p. 6
Mahatma Ghandi agoniza La SI 27/02/43 p. 1-3
El 2º Frente por Croacia La SI 27/02/43 p. 6
El arzobispo de Nueva York está en Roma La SI 27/02/43 p. 6-7

Los rusos reconquistan Los rusos reconquistan Kharkov, Rostov y Woroshilosgrad. Éxitos de la ofensiva rusa de invierno La SI 20/02/43 p. 1-3

    a) La entrada de los rusos en las ciudades –de primera categoría- de Rostov, Kharkov y Woroshilosgrad- y el consiguiente dominio de sus zonas, tiene lugar bajo dos características evidentes: la retirada alemana, simultánea, como toda retirada seria, de contraataques continuados escalonados, y la renovación continua de las fuerzas rusas atacantes.
    Salvo el cerco de Stalingrado, donde los soldados del Eje habían recibido orden de quedarse en toda circunstancia, sin abandonar el puesto, esa gigantesca regresión del ejército del Eje a las líneas sensiblemente iniciales de la ofensiva de Verano, se está realizando (como la de Rommel en África) a base de un retiro previo y la ausencia de batallas, salvo las locales que origina la contraofensiva regional del que se retira. Es decir, que las únicas batallas tienen lugar a voluntad, no del que tiene la iniciativa general, sino del que sufre los efectos de una gigantesca ofensiva enemiga.
    Ello hace que una retirada no sea sinónimo de desastre, sino pérdida de terreno; y, puede ser aún, parte de un futuro plan de contraataque general. Para comprender esta situación, solo hay que recordar la táctica rusa en la Ofensiva de Verano alemana, cuando toda la línea rusa, después de los desastres de Kharkov y la extrema defensa de Sebastopol, corría hacia el este, empujada por los soldados victoriosos del Eje. Mientras esa retirada gigantesca tenía lugar –sin que, por lo mismo, perecieran muchas fuerzas rusas durante ella- Stalin reorganizaba la defensa a lo largo del Volga y en lo hondo de la estepa caspiana. Y se realizaba el milagro de rehacer un enorme ejército en fuga, y convertirlo –por obra de una acción decidida tanto en el pueblo como en la cabeza- en la brillante ofensiva de estas horas.
    Con mayor razón los alemanes ahora, cuyas pérdidas son menores que las del Soviet en aquella retirada, tienen, dentro de la desgracia, la suerte de no perder masas de soldados, realizando una sabia retirada, sean cuales sean las consecuencias políticas y del “qué dirán” de la opinión pública, tanto en Alemania como en el resto del mundo.
    La segunda característica está en la renovación continuada de las masas humanas que irrumpen sobre esa ofensiva, sin término ni agotamiento. Los Comunicados alemanes últimos hacen resaltar lo gigantesco de esas olas de hombres que surgen unas tras otras, pasando a veces las de detrás sobre los cadáveres de los que les han precedido.
    En estas columnas es vieja la afirmación de que las masas militares rusas son inagotables, y que sobre esta base de poder ser continuamente renovadas ha de actuar sabiamente un Comando enemigo. Un telegrama reciente que viene de Estados Unidos nos afirma que se han lanzado ahora contra los alemanes 25 millones de rusos. Y rogamos al lector que, sean cuales sean las objeciones que a esa cifra puedan oponerse, no se incline a la sonrisa. Francia, en la guerra pasada, paró a los alemanes y libró a Gran Bretaña poniendo sobre las armas a 6 y medio millones de hombres. En proporción de los respectivos habitantes, Rusia podría poner ahora 30 millones.
    Desde hace años en Rusia, por imperativos mismos del régimen semicomunista, no hay diferencia entre hombre y mujer, ni para las fábricas ni para los regimientos mismos. Hay en el país ochenta millones de ciudadanos –y ciudadanas- puestos al trabajo. Suponiendo que 30 millones sean llamados, quedan todavía 50 millones para la producción normal y bélica, cifra verdaderamente gigantesca. Y no contamos los jóvenes menores de 18 años, ni los viejos ni el ultra-millón de asiáticos (especialmente tártaros y mongoles) que están trabajando desde hace más de un año en las minas del Ural y las grandes usinas levantadas a las faldas inmensas de esos montes ricos en minerales de toda suerte.
    Las olas de hombres de que hablan los alemanes, y que confirman los norteamericanos, son seguramente algo realmente cierto. Ellas, no solo son posibles, sino de reclutamiento fácil. Pero no diríamos lo mismo, ya, respecto a su armamento, sabi9endo el continuado desgaste de armas que suponen tan enormes ejércitos, aún bajo la base de que no son más de dos millones los que continuamente atacan.
    Cierto que, existiendo riquezas naturales inmensas, el régimen ultrasocialista ruso, a base de órdenes estatales y férrea disciplina aplicada a toda la vida, hace explicable que puedan producirse montañas de material, continuamente renovado. El Estado no necesita dinero para