Guerra 1939 43 03 06 13
Índice del Artículo
Guerra 1939 43 03 06 13
Página 2
Página 3
Página 4
Página 5
Página 6
Página 7
Página 8
Página 9
Página 10
Página 11
Página 12
Página 13
Página 14
Página 15
Página 16
La madeja china La SI 06/03/43 p. 1.4
Nueva Presidencia en Finlandia La SI 06/03/43 p. 4-5
Los 50.000 brasileros. El Presidente Vargas es muy listo La SI 06/03/43 p. 5
Rusia y Polonia ante el embrollo cartatlántico. El match ruso-polaco La SI 13/03/43 p. 1-4
Dos clases de raides aéreos. Los métodos en la aviación de guerra La SI 13/03/43 p. 4-5

La madeja china
La SI 06/03/43 p. 1.4


    La China ha sido siempre país de la fantasía, especialmente para nosotros, los occidentales, que torpemente estamos acostumbrados a mirar  a aquellas razas amarilla como inferiores. Por esto, cuando se trata de sus asuntos, se nos aparecen obscuros, enrevesados y de difícil comprensión. Y aún los que estamos más inclinados a hacer justicia, sin mirar razas ni bandas, nos quedamos a veces perplejos ante los hechos que tienen lugar  en aquellos territorios inmensos, donde más de la mitad de los hombres viven mal comprendidos por el resto de la humanidad, orgullosamente creyéndose los blancos razas privilegiadas.
    Las causas de esa incomprensión son varias, y sería largo apuntarlas siquiera. Notemos las más evidentes.
    Primero, la intención precisa de las potencias occidentales, que han dominado a aquellas razas durante más de cien años, en presentárnoslas en parte como salvajes, en parte como desconocidas. Los que tenemos por costumbre enterarnos por igual de todos dentro de las posibilidades de información, conocemos un hecho muy lamentable, pero digno de ser puesto en relieve: las agencias noticiosas, todas ellas pertenecientes a países imperialistas, callan numerosos acontecimientos, y mal representan otros, cuando se trata de los países hispano-americanos o de los países amarillos. Las cosas del oriente son enrevesadas y complejas. Han de convertirse en una verdadera confusión cuando las informaciones son parciales y parcialistas.  
    Segundo la enorme extensión de aquellos países, que favorece las confusiones. Cuando se quiere reproducir en un grabado chico un cuadro grande, todas las líneas se confunden, y parecen, más que claridad, un enredo. A ello contribuye la densidad de población. Apenas comprendemos que dentro de una sola provincia china haya 32 millones de habitantes. Divididos, además, por muchas diferencias regionales, que a veces, como pasaba con la Manchuria y las dos Mongolias, se constituyen en Estado soberano aparte, por presentar una unidad racial distintiva de los grupos vecinos.
    Tercero, la inestabilidad de aquellos gobiernos, a pesar de contar con grandes hombres, muy superiores, sin duda alguna, a los estadistas europeos del siglo X1X. a pesar de lo cual,  estos subyugaron a aquellos, mediante la fuerza y la intriga, manejado ambos instrumentos mucho mejor por los “civilizados” de occidente que no por los grandes hombres nativos, tocados de una sana, pero perjudicial ingenuidad.
     Cuarto, la dificultad para nosotros de entender aquellas lenguas, muchas de ellas de hechura monosilábica y con medios gráficos muy difíciles, que constituyen una verdadera muralla para los leídos de occidente. Estamos forzados a enterarnos por medio de otros, no siempre inteligentes y menos todavía imparciales.
Otras causas contribuyen también, entre todas convirtiendo los problemas orientales en otros tantos enredos, de muy difícil descifrar.
Así es que, para poder ahora presentar un mapa de la guerra china, con casi seguridad de corresponder a la realidad objetiva, hay que realizar verdaderos esfuerzos y pasar largas horas desentrañando nombres mal trasmitidos, confusiones elementales de corresponsales ineptos, alcances de nombres, aún de grandes provincias (Hu-pei, Hopei, etc.) que se distinguen solo por una débil vocal y a veces tan solo por la pronunciación.
En distintas ocasiones hemos probado de presentar un cuadro de lo que está pasando en China y ese Extremo Oriente. Lo hacemos hoy nuevamente porque aquellos acontecimientos tienen enorme importancia, y aún diríamos que pueden –tal es la ligazón de las cosas- llegar a decidir la guerra, según como se presenten los acontecimientos.

    a) Esa importancia del Asia en general, y de la China en especial, no dejan de comprenderla los norteamericanos, que no se equivocan al respecto. Siempre han tenido los yankis la mente fija en ese Oriente Lejano. Pero ahora se fijan mayormente en China, por causas ya tratadas en esta revista.
    Los norteamericanos, con fuerzas en gran parte australianas y en gran parte zeelandesas, iniciaban dos campañas sobre las cuales echaban las maravillosas cuentas de la lechera. Cuando desembarcaban en Guadalcanal y comenzaban la ofensiva en una reducida región  de Nueva