Jamaica 43 03 13
Jamaica democrática. La “democrática” Jamaica La SI 13/03/43 p. 7

Jamaica democrática. La “democrática” Jamaica
La SI 13/03/43 p. 7


    El Gobierno de Londres acaba de publicar un Libro Blanco que tiene sus bemoles. Como todos los Libros Blancos, Amarillos, Rojos y demás colores arcoíricos que han escogido las Cancillerías para tomar el pelo al que les hace caso. este Libro se refiere a Jamaica.
    Y ¿qué es eso de Jamaica? Es, nada menos, que 1 millón, 400.000 hombre vivos.
    Vale la pena, pues, que examinemos el caso, y que, por una vez más, perdamos el tiempo ante un Libro de color diplomático.
    Jamaica es una de las islas más interesantes de ese mar Caribe, hoy a las órdenes integrales de Estados Unidos (mapa 5). Tiene unos 11.000 kilómetros cuadrados de superficie y la habitan cerca de millón y medio de habitantes, de los cuales no hay más que unos 23.000 indios y unos 20.000 blancos de todas las nacionalidades, amén de unos 5.000 chinos. Es decir, que el 97% del país está formado por negros de origen africano.
    Colón y sus españoles la descubrían y conquistaban (1494); y, como es natural, los ingleses la invadían y se almorzaban el trabajo ajeno (1655). Porque la isla valía la pena, ciertamente. Su suelo, de feracidad tropical, tiene cobre, plata zinc, hierro, plomo. Produce bananas, cocos, pimienta exquisita, maíz, azúcar, cacao, café, caoba, campeche. Y el ron jamaiqués es lo mejor de la tierra. Con una temperatura ideal que no baja jamás de los 35. Paraíso.
    Apenas lo olieron los británicos, extendían sencillamente la mano y “se hacían” con la isla. E Inmediatamente comenzaba el sucio negocio de la esclavitud, con caracteres que llamaban la atención  por la crueldad con que los africanos, cazados a lazo, eran baqueteados por los piadosos amos de la Biblia en mano.
    Llegado el siglo X1X, cuando las auras de libertad soplaban sobre el mundo, la coacción inglesa se densificó, manteniendo la isla bajo el látigo. Un decreto del rey británico dando libertad a los esclavos ante el clamor universal, era seguido por una razzia contra ellos, acaudillada por el gobernador Eyre, en la cual fueron muertos centenares de infelices negros, azotadas en público millares de mujeres, quemadas numerosas aldeas, con sus niños y mujeres dentro. Eyre fue destituido por el Gobierno de Londres una vez realizada la razzia. Abierta una investigación, se echaba tierra sobre el asunto.
    Si el lector abre una Enciclopedia, verá establecida en Jamaica la democracia más avanzada. Son las bromas de la Enciclopedia Británica, que urde esas “lindas historias democráticas” para engatuzar al mundo. De ella la copian las demás Enciclopedias. Y así se escribe la historia.   
    La verdad es que Jamaica es “gobernada” por los caudillos de la democracia según plena tiranía. El rey británico nombra unos veinte caballeros, cierto que extranjeros, los cuales rodeando al Gobernador, hacen lo que les da la gana. Es la democracia viva de los campeones de la libertad.
     Más, la Carta del Atlántico ha soplado sobre la isla. Y, desde algunos meses,  comienzan a levantarse aquellos infelices que vivían de rodillas. Y el Gobierno de Londres ha decidido democratizar la isla, ahora en plena dictadura.
    El Libro Blanco explica cómo. Una nueva tomadura de pelo. Véase. El pueblo, en elecciones, elegirá 24 diputados, que formarán la Cámara baja. Ella actuará al lado del actual Consejo Legislativo, nombrado por el rey y formado por extranjeros, sin intervención popular. Para que un proyecto sea ley, se necesitará la aprobación separada de ambas corporaciones. Es decir, que siempre queda todo, igual que antes, a merced de la iniciativa o el veto de los extranjeros nombrados por Londres.
    Una tomadura de pelo democrática, que bien valía un Libro Blanco. Tan blanco, que todas sus páginas reunidas suman un cero democrático.
    Jamaica está hecha a las bromas y engaños. El escudo de la isla tiene un cocodrilo, tres piñas y dos indios desnudos. Y no dominan en ella ni los cocodrilos, ni las piñas ni los indios desnudos o vestidos. Un escudo-mentira para presidir adecuadamente las sesiones de una democracia-mentira.