Guerra 1939 43 04
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Guerra 1939 43 04
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Los aliados capturan la Línea Mareth La SI 03/04 /43 p. 3-5
Una manía aliada: el doble bloqueo. La manía del bloqueo integral La SI 10/04/43 p. 3
La organización actual de Europa La SI 17/04/43 p. 1-2
Stalin se impone en Washington. Stalin gana la batalla de Washington. La SI 17/04/43 p. 2-3
Match entre submarinos y aviones. Las campañas submarina y aviacional La SI 17/04/43 p. 3-5
Mr. Morgenthau tira el anzuelo La SI 24/04/43 p. 4-5
Los aliados y los 12.000 oficiales polacos.  Los 12.000 desnucados La SI 24/04/43 p. 5-6

Los aliados capturan la Línea Mareth
La SI 03/04 /43 p. 3-5


    a) Buena jornada para los aliados, y especialmente para los hindúes del ejército británico del general Montgomery
    Es ese general hombre de viejas y atrasadas tácticas, pero que dan resultado cuando la diferencia de medios  es contrastantemente grande. Notábamos al iniciarse, meses atrás, esta campaña africana del 8º ejército algo que merece ahora ser recordado, tanto más cuanto que se presta ello a confusiones desconcertantes.
    Se ha discutido mucho sobre Materia y Espíritu, sobre Cantidad y Calidad, en los azares de la guerra. Los aliados, buenos anglos al fin -raza materialista si las hay- nos abruman todos los días con el peso de la cantidad: miles de miles de esto, miles de aquello, hombres por millones, buques por centenares de miles…llegando al absurdo incluso, en esa borrachera materialista, según la cual la Cantidad vence a la Calidad y la Fuerza al Derecho.   
    La historia de las guerras, desde que el mundo es mundo, desmiente esa tesis terminantemente. La mano técnica, el genio, la habilidad han triunfado casi siempre  de la elefantiásica mole que pretende arrollarlo todo, precisamente por esto: por ser mole. Se necesita solo una pequeña ilustración para poder aportar buenos ejemplos de ello. “Mana –esta palabra tiene un sentido noble- vence a la fuerza”, dice un adagio castellano, y esta regla de vida no es una excepción en las cosas bélicas.
    Pero… Y está en este “pero” la posible confusión. Todo en el mundo tiene un límite.  El “índice de saturación” no es solo cosa de la física. Es común al campo de la biología y también a la de la psicología. Hay una frontera para todo, traspasada la cual, la ley queda en derrota y surge otra ley. Una goma es elástica, excepto cuando se estira tanto, que se pasan los límites de su elasticidad, se rompe. La virtud de la liberalidad es calidad eminente. Cuando se pasa el límite de saturación y uno bota su dinero dejando en el hambre a sus hijos, la virtud es vicio. La tiranía es un hecho muy común, tanto en las dictaduras como en las democracias. Pero, traspasados los límites, de los malos tratos y de lo bochornoso, se rompen los diques de la paciencia popular y el tirano es aplastado.
    En lo bélico tiene lugar la misma ley. Todas las cosas relacionadas con la acción tienen su índice de saturación, aún las más eminentes cualidades mentales y cordiales. Cuando ese límite es traspasado, los fenómenos son distintos de cuando se actúa dentro de la potencia actuadora normal.  La inteligencia vence a la fuerza: es la ley. Si cae una montaña sobre Sócrates o Alejandro el Grande se ve rodeado de diez mil soldados por cada uno de los suyos, el límite de la ley ha sido roto y la fuerza, por excepción, vence a la calidad.
    Las gentes de origen anglo no ignoran esto. Su materialismo, llevado a los mismos altares a la manera judaica del “Dios de la Fuerza”, le lleva a intuir esa ley de la superación de índices de resistencia. Un sabio la comprende. Un materialista por razón nativa la siente en sus mismos adentros. De ahí que siempre nos hablan de fuerza, de “más”, de mayor, de cantidad, de mole. Y su mayor placer es acumular ceros al lado de la unidad, para llegar a cifras astronómicas y con ellas aplastar al ambiente. Esa es la razón de la Gran Flota tradicional, y de tantas cosas como explican la rara historia de ese país, así como la de la naciente Norte América.
    En el párrafo que dedicamos hoy al frente oriental (a continuación de este) trataremos de explicar la causa del fracaso de las dos últimas campañas en Rusia: la alemana del verano y la rusa de este invierno. Hay que ira allá para explicarnos la campaña africana de Montgomery. Los británicos, con la ayuda norteamericana, habían acumulado en Persia, Irac, Palestina y Siria un millón de hindúes y a unos 300 mil “los otros” de diversas nacionalidades. Un diario de Londres decía que en el ejército 8º se hablaban veinte lenguas, y estamos seguros de que se quedaba corto. Sea de ello lo que fuese, es una realidad que cerca de un millón y medio de “los otros” estaban en