Guerra 1939 43 05 01 08 15
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Rusia rompe relaciones con el Gobierno polaco. Rusia rompe con Polonia La SI 01/05/43 p. 5
Rarezas que no lo son La SI 01/05/43 p. 6
¿Qué pasa en Holanda? En Holanda pasa algo La SI 08/05/43 p. 6-7
África, totalmente en manos aliadas. Nueva etapa en la guerra La SI 15/05/43 p. 1-6 
La huelga del carbón, signo de los tiempos. La huelga del carbón en Estados Unidos La SI 15 /05/43 p. 6-7

Rusia rompe relaciones con el Gobierno polaco. Rusia rompe con Polonia
La SI 01/05/43 p. 5


    a) Una noticia estridente, de aquellas que solo pueden dar los países nuevos, sea cual sea su ideología: el Gobierno de Moscú ha roto relaciones con el Gobierno “in  partibus” de Polonia, primera escisión formal en el monstruoso conglomerado aliado. Y ha roto –naturalmente- sin pedir permiso a los Gobiernos de Londres y Washington , que penden completamente de la recia resistencia rusa.
    “La Semana Internacional” podría dejar de comentar este suceso, a pesar de ser de primera fuerza, por haberse avanzado a él. En nuestra crónica del número 1098, 13 de Marzo, hemos planteado ampliamente el problema ruso-polaco. Hemos expuesto las causas de esos desavenimientos. Y hemos afirmado que no había solución posible. No podemos callar que, en lo principal de la disputa es Rusia y no Polonia la que llevaba la razón. A cada cual lo suyo.
    Desde entonces se ha agravado el problema por tres hechos a cual más grave: unas declaraciones de Roosevelt; la macabra hecatombe de los 12.000 oficiales (La SI 24/04/43)  y los 500.000 polacos civiles obligados por los Soviets a abandonar su país internándolos en Rusia cuando la ofensiva alemana.
    Mr. Roosevelt, en una conversación con los periodistas, afirmaba últimamente que él desearía ver restablecidas en Polonia las fronteras de 1940. Ello quería decir que la mitad  de lo que en Versalles se llamó Polonia quedaría para Rusia soviética. Es sabido que Rusia realizaba las dos ofensivas de invierno a base de esta cesión y que tanto Estados Unidos como Gran Bretaña se han comprometido a ello, aunque se han callado cuando se les ha preguntado por ese Tratado y por su texto. Ello quería decir que, a espaldas del Gobierno polaco sin polacos que actúa en Londres; Londres había cedido media Polonia a Rusia. Lo cual no obstaba para que se dijera simultáneamente a Polonia que esas extensas zonas volverían a su dominio.
    Esa duplicidad de los gobiernos de Washington y Londres había de llevar a a mal fin. Tanto Stalin como Sikorsky son hombres de malas pulgas. No se trata de un Benes cualquiera, sino de dos caracteres cuyos intereses son polarmente distintos. De ese modo, al chocar ambos intereses, no podían poner remedio los Gobiernos aliados, que habían hecho cara a dos con promesas contradictorias. Es la diplomacia “ancien regime”, con la cual continúan haciendo piruetas los gobiernos de habla inglesa.
    El gobierno polaco, que sabía bien que, entre sus intereses y Rusia, era Rusia la que ganaría, y que Polonia sería la sacrificada, vivió estos últimos meses en perpetua nerviosidad. Solo faltaba ese golpe maestro  de los 12.000 asesinados, y la volteriana contestación rusa, para que Polonia reventara. Así es como el general Sikorsky pedía a la Cruz Roja Internacional que investigase el caso.
    La petición polaca era lógica y desapasionada. Si en la cuestión territorial es Rusia la que lleva la razón, en este caso es Polonia. La Cruz Roja está integrada por norteamericanos, británicos, suizos, toda clase de representantes más bien inclinados a Rusia  que a Alemania. Es autoridad a cubierto de toda sospecha. Se trata, además, de un caso de investigación fácil. Al rechazar Rusia esta investigación, procedía deslealmente. Y uno echa de menos aquella cínica valentía rusa de antaño cuando, al matar, lo hacía a banderas desplegadas, como los adalides de la Revolución francesa.
    El tercer problema tenía relación con medio millón se paisanos obligados por los rusos a entrar a Rusia cuando Alemania iniciaba la ofensiva contra Moscú. Al descubrirse ahora que estaban en los Urales y otras zonas en trabajos de guerra, Polonia exigía una solución amistosa.
    Todo sumado, colmaba el índice de saturación de la paciencia staliniana.  Y venía la ruptura de Moscú con el Gobierno de Sikorsky que ha caído como una bomba entre los aliados.

    b) No tiene nada que ver en esta confusión aliada lo que podríamos llamar amor a Rusia o a Polonia. Los Cireneos son tolerados mientras se los necesita, y no más. La confusión ha venido porque lo que sabía el mundo neutral –y no sabía el campo aliado, que es el más tiranizado por la censura- lo sabrá ahora el mundo entero: Londres y Washington ya no pueden continuar jugando a las dos cartas, adjudicando inmensas zonas a la vez a los contrarios que se las disputan, engañando a unos y a otros.