Guerra 1939 43 05 22 29
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Roosevelt y Churchill ante Stalin. Roosevelt y Churchill sin Stalin La SI 22/05/43 p. 1-6
Un tiro sin bala en Moscú. Un suicidio imaginario. La SI 29/05/43 p. 1-5


Roosevelt y Churchill ante Stalin. Roosevelt y Churchill sin Stalin
La SI 22/05/43 p. 1-6


    Los dioses del Olimpo han entrado otra vez en Conferencia en las sencillas salas de la Presidencia washingtoniana. ¿Qué habrán tratado en sus secretos y democráticos diálogos?
    Las agencias aliadas, todas en manos de los respectivos gobiernos, no pueden dar fe. Son pequeños enanos que bailan al son del pequeño cordel que tiran los altos partidarios de la libertad absoluta de la prensa. De las Conferencias anteriores ¿cuántas burdedades nos contaron, engatusando al mundo por orden de los que las monopolizan? El noticierismo aliado ni esto es ya: las noticias se esconden cuidadosamente, si el pueblo democrático no es digno de conocerlas; y se lanzan –para llenar el vacío- mil patrañas, que solo son capaces de tragar los convencidos partidarios de la democracia dictatorial.
    Aconsejamos al lector que se nos crea en lo que vamos a contar alrededor de esta Conferencia. Respecto de las anteriores, dijimos también algo. Los hechos se han encargado de mostrar que, en parte, no nos equivocábamos. Y los hechos futuros se encargarán de demostrar que también ese resto estaba bien enfocado. Tenemos, respecto a la actual Conferencia, noticias frescas. Vírgenes. No manoseadas por los dedos gruesos de los desfloradores de esa materia sagrada, que se llama “historia”. Tenemos, además, pequeño cerebro y bastantes antecedentes para suponer lo que estas noticias no nos dicen. No van ahora los hechos, tampoco, a desmentirnos.
    Por lo demás, es cosa compleja y divertida. Imposible de agotar en unas cortas páginas. Pero es posible de presentar toda la complejidad a grandes rasgos, para poder seguir, sin miedo a desviaciones graves, la marcha de las cosas internacionales.
    Las agencias, ingenuas y aniñadas, se contentan con la descripción del telón y del ambiente de la sala. No. La historia no es telón ni siquiera plaza pública y escenario. Es Entretelones.
    Alcemos audazmente el telón y metámonos de cabeza en los camarines de los grandes actores.    

    a) Ante todo, una observación muy al caso, como aperitivo.
    Nadie negará, cualesquiera que sean las cosas tratadas en esta Conferencia, que son de gran envergadura. Son planes, que triunfarán o fracasarán, pero siempre planes fundamentales. Se trata de lo que aspiran a hacer los gobernantes de los pueblos que hasta ahora han dominado la tierra. En nombre de la democracia, por supuesto. Un ingenuo corresponsal yanki, entre mil tonteras que explica seriamente, suelta una verdad, por demás evidente: “en esta Conferencia se están tratando los sucesos más trascendentales  de estas horas extraordinarias. Se están decidiendo posturas y acontecimientos de primera categoría. Ellos pueden hacer girar la marcha del mundo. de esos dos hombres eminentes pende todo”. He dicho cronista “ingenuo”, y el lector comprenderá con cuanta propiedad. Porque ese hombre confiesa que “la marcha aliada del mundo depende exclusivamente de esos dos hombres”, que celebran la mayor parte de sus conferencias absolutamente solos. Es decir, que, por confesión propia, y por evidencia de los hechos, la democracia consiste en que dos caballeros cualesquiera que sean sus dotes (y cuentan estos dos con terribles fracasos) resuelvan por sí solos la marcha del mundo. Plena, absoluta y nunca vista dictadura.
    Después de una de las anteriores Conferencias, hubo un tonto que en los Comunes alzaba la voz para pedir a Mr. Churchill que, por lo menos, enterara al Parlamento de lo acordado. Y Mr. Churchill, entre cuyas cualidades está la de saber mirar por encima del hombro, contestaba casi textualmente con estas palabras lapidarias:  
    El diputado me disculpará si no entero absolutamente de nada al Parlamento ni pienso enterarle, ni aún en sesión secreta, de lo que “hemos acordado” Mr. Roosevelt y yo. No hemos consultado al Parlamento, ni pensamos siquiera pedir su venia…Por lo demás, piense el señor diputado que este Parlamento es ilegal, ha concluido su representación hace ya años, y que voy a barrerlo en el mismo instante en que se entrometiera en estas cosas…
    Democracia absoluta integral y perfecta. Dos hombres hacen lo que les da la gana; resulten cosas en que entran millones de vida; no permiten que nadie se meta en su santísima