Argentina 43 01 06
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Argentina 43 01 06
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Argentina y Suecia La SI 05/06/43 p. 6-7
Confusión en la revolución argentina La SI 12/06/43 p. 1-5

Argentina y Suecia
La SI 05/06/43 p. 6-7


    Viajeros que llegan de la Argentina, aún los más alejados de entusiasmos, nos hablan con calor de la vida energética de ese país, que, ante las dificultades enormes de la guerra y de la neutralidad, se ha crecido para superarlas dinámicamente. Todo el país es una palpitación de trabajo. En la zona de la espiga se labora sin descanso. Hay calor en los mismos paralelos helados de la ganadería magallánica. Pero donde arrecia más el dinamismo, es en la región creadora de la minería y la industria, en el sentido de llenar vacíos que llenaban –por pura razón de incuria- países exportadores de éste u otros continentes.
    Necesitan los pueblos esos sacudimientos. El progreso marcha muy lentamente, sobre todo el económico y social, cuando uno vive sesteando sobre la normalidad. Más, cuando la voz del trueno emplaza a las naciones en circunstancias extraordinarias, es entonces cuando se acoquinan los débiles, mientras los fuertes y predestinados inician las gigantes luchas por la vida digna.
    Argentina está en ese trance de crecimiento vital, y es algo que hace pensar cómo, no solo los nacionales forcejean deshaciéndose de los obstáculos, sino cómo de países vecinos afluyen, atraídos por el imán de éxito y de la gallardía, torrentes de gentes, de plata y de energías.
    Entre esa vida iniciadora argentina, es interesante notar algo que tiene una doble faz: una material y otra moral. Nos referimos a la cada día más intensa vida comercial entre el país del Plata y los pocos pueblos de Europa con que un neutral –porque así lo ha querido la ilegalidad extranjera- puede comerciar en estos instantes.
    Constantemente salen de Buenos Aires buques cargados hacia España y Portugal, retornando a la Argentina también cargados de mercaderías. No han escaseado, tampoco, los buques que han ido a algún puerto italiano para que llegue el cargamento a Suiza. Y ahora, ante esa repetición frecuente de grandes buques que van y vienen de la Argentina a Suecia, un ministro escandinavo ha hecho notar, no sin cierta valentía, que Suecia está dispuesta a acentuar cada día más estas relaciones con Buenos Aires y a intercambiar entre los dos países productos determinados.
    Toda la política de Estados Unidos tiende a separar estos pueblos de los de Europa, en el sentido de no tener clientela en el Viejo Mundo, o, de tenerla, que sea por medio de intermediario norteamericano. Lo cual equivale a una mediatización de la soberanía y a un dogal alrededor del cuelo de estos países continentales. No hay mejor camino para perder de hecho la independencia que vivir de las exportaciones y tener un solo cliente que nos las adquiera. Sabe Norte América lo que esto quiere decir, y no le criticaríamos la intención de disponer de la autodeterminación –en este caso de la hetero-determinación- de estos pueblos. Son estos los que deben reflexionar, y en consecuencia proceder.
    Cierto que la vida de estos países americanos no ha de depender de Europa y tampoco de Estados Unidos, sino de la intercomunicación entre ellos mismos. Más, si esto debe ser la regla, nadie negará la utilidad de contar estos pueblos con clientela europea, por múltiples razones que no se escaparán al que medite sobre ello. Las dos principales: el afianzar la independencia a base de una policlientela, y el poder a la vez dar vida a una flota comercial americana, cuya necesidad será cada día más apremiante, ni que fuese sólo para no depender el comercio exterior de favores de grandes potencias, siempre abusadoras ante el que las necesita.
    Quien esté al cabo de lo que se escribe en la prensa americana, y especialmente en las revistas serias, no habrá dejado de notar que se acentúa cada día más la necesidad de un movimiento en el cual primen tres notas esenciales:
    1º La solidaridad tan estrecha entre todos los pueblos americanos de raza ibérica, que se llegue pronto a una abolición de fronteras aduaneras. Conclusión que parece extrema, pero que no lo es realmente, y que desde lejos han previsto, especialmente en Chile, escritores eminentes y políticos da alta visión. Una unidad económica que convierta a estos países en entidad con propia personalidad y círculo autoabastecedor.
    2º La creación de un comercio complementario con los pueblos extra-raciales, que no solo responda a un sentido limpiamente universalista, sino que garantice a cada país el sobrante