inglaterra 43
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inglaterra 43
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¿Cuándo habrá elecciones, Mr. Attlee? Y dígame Mr. Attlee La SI 26/06/43 p. 2-4
Mr. Wavell, virrey de la India. El mariscal Wavell es virrey La SI 26/06/43 p. 5-6
Explíquenos Mr. Eden La SI 24/07/43 p. 4-5
Descenso de la población en los países de habla inglesa. La sexualidad de Gran Bretaña La SI 24/07/43 p. 6-7
El parlamento británico y la democracia La SI 18/12/43 p. 8

¿Cuándo habrá elecciones, Mr. Attlee? Y dígame Mr. Attlee
La SI 26/06/43 p. 2-4


    En Gran Bretaña se acaba de celebrar la asamblea anual del Partido Laborista.  Todos los años tiene lugar durante la Pascua de Pentecostés, día simbólico de las Lenguas de Fuego que descienden sobre los doce analfabetos y los transubstancian en políglotas, apóstoles, oradores, lógicos y mártires. Pero, la fecha no atañe a esos laboristas británicos, o, a lo más, sólo en pequeña parte. No han aparecido allí políglotas ni lógicos, aunque sí mártires de raro temple: “sufrimos incluso hambre”, decía un orador del Congreso; pero lo interesante es que lo sufren no para poner el hombro a sus ideales, sino para apuntalar los ideales insostenibles de sus enemigos, la minoría que usufructúa en Gran Bretaña los goces de la vida.
    El partido laborista británico es el grupo más mansoide que catalogan las historias de los movimientos obreros. Los 3 millones de obreros que lo forman gritan todos los días –y hace ya 40 años de ello- a los 13 millones de trabajadores que no forman en sus filas, su cobardía en colaborar en un cambio social, llamándolos indiferentes y tontos. Y lo interesante es esto: que esos laboristas se han organizado, han sacado docenas de diputados, y todo ha quedado igual: aquella clase obrera con infinitas ventajas accidentales y  sin valor, siempre sumida en el mismo desprecio clasal y la misma pobreza.
    Ellos, incluso, han llegado al gobierno. Ha habido –de ello no hace más que unos quince años- un Gobierno laborista. Y todo quedaba exactamente igual que si el gobierno hubiese sido el conservador de siempre: ninguna reforma substancial, no ya acerca de los grandes problemas nacionales, que en Gran Bretaña, como en tantos otros países, están por resolver, pero aún sobre las reformas obreras, que tanto necesitan los rebaños de trabajadores tradicionalmente tan abandonados en aquel país.
    Es uno de los fenómenos que tardará más a explicarse en la historia de Gran Bretaña, así como en la de los movimientos obreros del siglo XX: que un partido obrero haya formado Gobierno totalmente, y no haya realizado absolutamente nada de lo que decía en su programa que era absolutamente necesario. Y se trataba de días normales, de paz mundial, y en que había tres millones de trabajadores sin ocupación, diez millones de ingleses en plena zona de hambre, mantenidos débilmente por la caridad ajena.
    Este hecho habría bastado para condenar sin  remisión al Laborismo. Un grupo estéril no tiene derecho a la vida.
    Pero la rareza es mayor cuando uno consideran cómo juzgaron los obreros que forman el partido esa ineficacia y esa esterilidad: se quedaron tan campantes, y a ninguno le acudía preguntar cómo era que, teniendo el Gobierno en la mano, todo se realizaba como antes, y ni una sola medida de justicia social era tomada.
    Dirigía entonces el Laborismo un hombre mediocre, que los conservadores británicos han tenido buena mano para hacer pasar como una especie de héroe y estadista: Mc Donald. Tiene escrito un libro vulgar, pero esto tiene escasa importancia: escribir libros y conducir muchedumbres no es lo mismo. Y él sabía conducir a los suyos con tal maña, que cada laborista, aparte su programa y sus inútiles discursos se convertía, por obra de Mc Donald y sus cooperadores, en el mejor puntal del conservadurismo plutocrático y el mayor enemigo de los trabajadores mismos.  
    Añadamos que los políticos británicos han tenido una estrategia excelente para atar con longanizas a los pastores de los obreros.  El jede la oposición de S. M., un laborista, cobra en pesos chilenos unos $3.000 diarios. Poco menos cobran los ministros laboristas. Ese Attlee que ahora mantiene atados a los laboristas a una vida miserable, hace diecisiete años que cobra del gobierno conservador un sueldo superior al de cualquier Presidente de la Republica americano. El hijo del ya difunto Mc. Donald, del cual se ocupan los diarios para la broma, tiene actualmente dos sueldos, (ministro y Delegado del Gobierno en Canadá), con sueldos fantásticos. Y el mismo Mc Donald recibía un espléndido regalo de una casa-palacio en pleno Londres y un auto de gran lujo el día en que siendo Jefe del Gobierno, resolvía cierto problema en interés de unos productores lesionando el de los obreros.