Página Militar 42
Índice del Artículo
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El roto chileno en Yungay Luis Serey Pizarro La SI 24/01/42 p. 9
La ley de la guerra Luís Serey Pizarro La SI 11/04/42 p. 9
El V11 Aniversario de la Página Militar Luis Serey Pizarro La SI 23/05/42 p. 9
Las reformas sociales de postguerra Luis Serey Pizarro La SI 27/06/42 p. 9
La no beligerancia y la injuria al maestro Luís Serey Pizarro La SI 25/07/42 p. 12
La guerra chino-japonesa La SI 15/08/42 p. 9
El ejército de Chile Por Luís Serey Pizarro La SI 19/09/42
Paso al pabellón argentino La SI 19/09/42 p. 8  Por L. S. P.
La política en el ejército Luis Serey Pizarro La SI 17/10/42 p. 9
Página Militar Vivir con honor L. S. P. La SI 31/10/42
La preparación de la guerra  L. S. P. La SI 05/12/42 p. 9
La ofensiva de los Estados Unidos en el norte de África Luís A Varela F. (Coronel de Reserva) La SI 19/12/42 p 9
El roto chileno en Yungay
Luis Serey Pizarro
La SI 24/01/42 p. 9


    Un siglo y tres años han transcurrido desde que las gloriosas huestes chilenas libraron en Yungay la singular batalla por la emancipación del Perú, cuya libertad fue amagada por el mariscal boliviano Andrés Santa Cruz.
    El héroe de esta jornada libertaria memorable fue el general Manuel Bulnes, que comandó el ejército chileno y lo supo inteligentemente conducir a la victoria, para bien del pueblo hermano y para consagrar definitivamente en América los principios de sana democracia, de hermandad continental y de emancipación.
    La batalla de Yungay no es un hecho de armas vulgar y sin sentido ni consecuencia histórica. Fue el esfuerzo de un puñado de patriotas y de americanos, en cuyos corazones no se anidaron jamás bastardas ambiciones. Lucharon con desprendimiento patriótico por nobles ideales, cuando la politiquería y corrupción ambiente no había todavía contaminado nuestra masa ciudadana.
    Y las huestes gloriosas de Yungay y Pan de Azúcar, exponente superiores de nuestras perdidas virtudes cívicas, no eran otras que las integradas por legiones de verdaderos chilenos, del típico “roto chileno” de antaño, que más sabía de deberes para con la Patria naciente, que de derechos exigidos sin taza ni medida, que de granjerías de grupos o sectas, que de reivindicaciones sociales explotadas audazmente por los traficantes de honras y de conciencias, que solamente consideran su provecho personal sin que nada les importe el bienestar social y económico del país y de la masa, de ese mismo “roto chileno”, que esquilan y corrompen, destruyendo nuestra propia nacionalidad.
    Aquel “roto” legendario que dio a Chile independencia, que luchó con sacrificio hasta libertar a los pueblos hermanos de América, que Virgilio Arias con su prodigioso cincel dejara personificado para la posteridad,  es el “verdejo” de hoy, sinónimo de pueblo abatido con ansias de liberación, que anhela volver a lo que fue y que siente en su espíritu la necesidad de reconstruirse física y moralmente. Pero las garras del comunismo lo tienen atado de tal manera,  que ya ni siquiera la labor educativa de los cuarteles es capaz de romper para siempre estas cadenas, que, como fuerza negativa, están llevando el país a la deriva, a la destrucción y al caos.
    Cuando el sentimiento patrio se adormece en un pueblo es grave síntoma de descomposición. Cuando la disciplina individual y colectiva tambalea es síntoma de desorden por falta de comando eficaz, que ejerza su acción de mando por su elevado ascendiente moral sobre la masa ciudadana. Cuando queda supeditada la Patria chilena por la universidad internacional bolchevique, es síntoma de destrucción nacional. El “roto chileno” que obtuvo en Yungay, con entereza y renunciamiento su propia emancipación, no quiso de tutelajes sectarios ni internacionales. Solamente anheló Patria para sí y la dio para sus hermanos de América. El nuevo aniversario de Yungay está señalando al “verdejo” de hoy, el nuevo camino por donde deberá marchar, como lo hizo el “roto” de ayer, para engrandecer la Patria que O’Higgins fundó.

La ley de la guerra
Luís Serey Pizarro
La SI 11/04/42 p. 9
 Hay en la humanidad un sentimiento paradojal. Por un lado abomina la guerra; por el otro, la produce. Las ideologías más opuestas, se dan la mano al resolver el problema de la dominación universal. Solamente la guerra permitirá el triunfo de la idea. Es lo de antaño, lo propio del maestro Ciruela, la letra con sangre entra.
 El primer ensayo de democracia contemporánea fluye de la revolución francesa. La libertad de los pueblos no podía ser impuesta, sino por la acción de las bayonetas. La paz del mundo no es obra del procedimiento persuasivo de las grandes masas; sino, fruto de la guerra. Una paz no es estable, sino cuando está garantida por las armas. El hombre como la fiera parece