Página Militar 43
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La movilización moral para la guerra Luís Serey Pizarro La SI 16/01/43 p. 9
Chile ante la nueva situación Luís Serey Pizarro La SI 30/01/43 p. 8
El roto que obtuvo en Yungay Luís Serey Pizarro La SI 30/01/43 p. 8
Año tras año L. S. P. La SI 22/05/43 p. 10
Servicio de Trabajo Obligatorio J. B. C. La SI 26/06/43 p. 10
El Día de la Bandera L. S. P. La SI 10/07/43 P. 9
Policromías de próceres L. S. P.  La SI 13/11/43 p. 10
La anónima heroína de Tarapacá L. S. P.  La SI 27/11/43 p. 9

La movilización moral para la guerra
Luís Serey Pizarro
La SI 16/01/43 p. 9


    En una crónica ya publicada (La SI 05/12/42 p. 9)  tratábamos de los múltiples problemas, de previo y especial pronunciamiento, que se deben resolver en la preparación  del país para la guerra. Una guerra total, como es una guerra moderna, no se hace como quien opera con la negra. El que piensa ir a la guerra ha de hacer lo que la hormiga y no cantar como la cigarra.
    Ya hemos dicho que la guerra es acción desde el comienzo hasta el fin. la ganará el que se haya preparado mejor. Vale lo mismo decir el que se haya organizado con mayor ventaja desde la paz. Deben los gobernantes meditar mucho antes de lanzar a su pueblo a la destrucción. Un país con economía escuálida, con fuerzas armadas esqueléticas, con una población desnutrida y diezmada por el alcoholismo, por la sífilis y la tuberculosis; con la industria incipiente, desarmado y con fuentes remotas de hipotéticos abastecimientos, no puede estar preparado para la guerra en ninguno de sus aspectos, ni material, ni moralmente.
    La movilización financiera requiere tiempo y método científico que no se improvisa ni es producto de magia. Tanto o más podríamos decir de la movilización de los espíritus y colectiva de un pueblo que lo predisponga a ir a la lucha tras un ideal superior, tras la conquista de nobles principios, tras la esperanza de una victoria que dará no solamente glorias a la patria común, sino días prósperos de progreso, de grandeza material que justifiquen todos los esfuerzos.
    La importancia de esta movilización  moral para la guerra corre igual que la movilización financiera, que habrá de mostrar el conflicto, sosteniendo la guerra, dando energía cada vez más para asegurar la victoria final. Esa preparación moral tampoco se genera por la voluntad de unos pocos o de las minorías gobernantes que se arrogan el derecho de comprometer el honor nacional para satisfacer caprichos personales, o intereses partidistas, o compromisos pactados con desprecio faraónico de la opinión pública, que es pueblo soberano. Cuanto decimos no es antojadizo. En nuestra América se ha palpado ya.
    La preparación moral de la nación para la guerra impone la más férrea cohesión de voluntades. No hay preparación moral de un pueblo para la guerra cuando mientras unos pocos la desean, sin saber de lo que se trata, por simple monería; hay, en cambio una inmensa mayoría pública que clama la paz, detesta la guerra por motivos múltiples. Unos saben a conciencia que para lo menos que la nación está preparada es para hacer la guerra. otros, que no ven causa legítima, a no ser romanticismo; esa psicosis bélica que aturde y embrutece. Otra parte que comprende que no se puede ir a la guerra en plena crisis económica. Y, en fin, los que miran a los cuarteles y los hallan con lo encapillado, sin vestuario ni equipo, sin armas ni municiones, sin reservas que hayan en los veinte últimos años refrescado los conocimientos del arte de la guerra, sin oficialidad suficiente para la conducción y mando, con técnica que se está quedando atrás. Producir la guerra en tal estado es como el que pretende cruzar el desierto descalzo, con una migaja de pan para alimento y sin brújula que marque las direcciones.
    La preparación moral para la guerra tiende a dar al país la sensación de seguridad mínima para la empresa; y, su primer paso lo habrá dado cuando se tenga conciencia del deber ciudadano; cuando las realidades den esa confianza  en la potencialidad militar de la nación en armas, que no se alcanza con la propaganda oral o escrita, sino con cifras que fácilmente comprobables den los índices efectivos, en material de guerra, en reservas económicas, etc.; cuando un solo sentimiento vibra al unísono en los ciudadanos, la justa causa que justifique la guerra; cuando a todos sin distingos, bajo la misma bandera y tienda, los impulsa un ideal común.
    Así en la escuela, en el cuartel, en la familia, en el taller no habrá más que una sola divisa. Cuando esto se consiga, solamente entonces la nación puede estar preparada para la movilización moral, que es fuerza poderosa que en la guerra realiza lo imposible; quebranta los desfallecimientos, que tan profundamente afectan al país, y, mancomunan las voluntades en un esfuerzo titánico por la conquista de la victoria. Demanda esta preparación moral tanto o más trabajo en paciencia, sistema y tiempo, que la movilización financiera y económica, que la de