Haití 43 46
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Los Estados independientes del mundo. 8. República de Haití La SI 26/06/43 p. 8
Los negros de Haití no están conformes. Haití, he ahí otra piedra de toque  La SI 26/01/46 p. 3-4
Haití y Mr. Braden La SI 06/04/46 p. 5

Los Estados independientes del mundo. 8. República de Haití
La SI 26/06/43 p. 8

    1.- Las grandes Antillas, situadas en cadena en el mar Caribe, son tres: Cuba, Santo Domingo y Puerto Rico. Santo Domingo, isla relativamente chica, tiene establecidas dos Repúblicas independientes: al oriente, la Dominicana, y al occidente, la de Haití, que desplaza 28.900 kilómetros cuadrados, habitados por 2.600.000 habitantes, es decir, 90 habitantes por kilómetro cuadrado. Es, pues, Haití el país más chico del mundo después de los seis Estados-microbio y de El Salvador; pero tiene una población relativa mucho mayor que la mayoría de Estados; desde luego más de cinco veces superior a estados Unidos.
    
2.- Como tantos otros países, tierra hija de los volcanes. No los hay ahora; pero su suelo no es más que material vomitado por grandes erupciones en tiempos lejanos, lo cual contribuye a su feracidad.
    Por lo mismo, es suelo arrugado y sin llanuras. Las que hay se cuentan con los dedos y son muy pequeñas. Todo el país es una ondulación única de cerro y montañas (la más alta de 2.720 metros), que llegan a la misma extensa costa.
    Por su situación geográfica y su escasa altura es país de temperatura suave, y, lo que es mejor, uniforme: día y noche, invierno y verano: 22 grados, con unos 150 días de lluvia, casi la mitad del año, lo cual contribuye, al igual que la dulce temperatura, a la fecundidad de aquella tierra.
    Un solo río que valga la pena cruza esa pequeña extensión, el Antibonito (320 Km.), contándose numerosas fuentes termales en el origen de otros ríos sin importancia.

    3.- De ahí la abundosa producción del país, que es -como suelo volcánico y suave en temperatura- almacén de riquezas naturales de toda clase. Desgraciadamente, muy poco explotadas.
    Minerales: oro en polvo en todas sus corrientes y en vetas maravillosas de formación cuarzosa. Plata, cobre, plomo, zinc en cantidades fabulosas. Hulla y lignito por millones de toneladas. En cien partes platino, mercurio y diamantes. Inmensos yacimientos de yesos y cementos. Mantos de manganeso en la misma superficie del suelo.
    Vegetales: bosques exuberantes de maderas nobles, como la caoba. Arroz, caña de azúcar, mandioca, maíz, cacao, coca, porotos y garbanzos. Algodón de fina fibra, palo campeche, tabaco de calidad. Toda suerte de fruta tropical: bananas, guayabos, paltas, piña. Toda clase de fruta de clima templado: naranja, manzana, pera, limón, durazno, guinda, almendra. Café de primera clase.
    Para completar el cuadro por manera de eficacia, no hay animales dañinos en el país: lagartos gigantescos inofensivos, tortugas enormes, colibríes y pájaros-mosca de rara belleza, papagayos policromos, que charlotean con los habitantes poblando el país con sus gritos extraños y la vistosidad de sus plumajes.

    4.- Y, sin embargo…
    Sin embargo, el país es pobre. No hay industria, fuera de ese ron exquisito, el mejor del mundo, que hace soñar a los trasnochadores. Hay un solo ferrocarril, corto y británico.
    Precisamente por esto –replica un haitiano- estamos en el paraíso. ¿Ha sido hecho usted para trabajo de carga o para el refocilamiento?
    La civilización -eso que damos en llamar civilización, arriba de todo: el dinero-sigue en el mundo histórico un camino bien conocido. Países pobres, de suelo ingrato y naturaleza avara, tales Gran Bretaña y Vascongadas, devienen países ricos y pletóricos. La pobreza del suelo aguza la energía del habitante. Ha de trabajar recio para poder comer. Y ese trabajo forma hábito a través de las generaciones, estructurando países fuertes, dinámicos, ahorradores, aprovechadores de todas las circunstancias: porque de su solicitud pende el que puedan incluso comer.
    Lo contrario tiene lugar cuando un pueblo tiene la suerte –o la desgracia- de situarse en país feraz, rico y paradisíacamente pródigo. La naturaleza ofrece a sus habitantes variedad de