Puerto Rico 43 y 45
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Puerto Rico 43 y 45
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Barbarie en Assam y Puerto Rico. Horrores apenas concebibles  La SI 02/01/43 p. 6-7
Puerto Rico no se entusiasma. Puerto Rico y la independencia La SI 10/04/43 p. 3-4
¿Puerto Rico independiente? Puerto Rico sobre la mesa La SI 29/05/43 p. 5-6
Le toman el pelo a Puerto Rico La SI 03/07/43 p. 6-7
América ¡Alerta! La SI 14/08/43 p. 5
Puerto Rico insiste: exige la independencia La SI 16/06/45 p. 2

Barbarie en Assam y Puerto Rico. Horrores apenas concebibles
La SI 02/01/43 p. 6-7

a) en Assam p. 6-7

b) Mientras tales actos de loco están cometiendo los pseudodemocráticos de Gran Bretaña contra esos pueblos infelices, otro gran país pseudodemocrático, Estados Unidos, tiene sumido a Puerto Rico en un estado de intolerable miseria. Es nada menos que un diario británico el que nos entera de ello, porque la prensa portorriqueña, amordazada por las democracias, no puede decir una palabra sobre ello. El “Daily Mirror” revela cosas sensacionales.
    Puerto Rico es una de las islas más ricas y feraces de la tierra. Produce de todo. En días españoles, tradicionalmente descuidados, era un foco de riqueza que florecía para todos. Es ahora valle de lágrimas, careciendo decenas de miles de personas de lo más elemental para apagar el hambre. Comisiones de la isla han acudido al Presidente Roosevelt. No ha sido tomada medida alguna. Los productos de la isla no los compra EE. UU. mientras importa productos semejantes del Congo. Miseria espantosa y además –añade aquel diario británico- tiranía.  Puerto Rico no puede elegir Gobernador, como los demás Estados de la Unión. Se lo impone el Presidente Roosevelt. El actual –Guy Tugwell- era gobernador de Alaska, donde dejó pésima memoria de su administración entre aquellos esquimales incultos. Lo llevó Roosevelt a Puerto Rico, isla de cultura media superior a la norteamericana.  “La política ha sido tan desastrosa –dice aquel diario británico- que anualmente viene dilapidando cerca de 300 millones de dólares de las entradas de los impuestos”.
    Reina en la isla la miseria, acompañada de una dictadura que no deja siquiera carta privada sin censura, y una mala administración tal, que da una triste medida de la capacidad administradora de las autoridades yankis en los pueblos que gobiernan.

Puerto Rico no se entusiasma. Puerto Rico y la independencia
La SI 10/04/43 p. 3-4

    Ello dura hace ya 45 años. Medio siglo de coacción, que ahora un senador norteamericano intenta noblemente terminar, proponiendo la independencia de esa isla infortunada. La historia es corta pero substanciosa, y hay que recordarla en sus líneas fundamentales.
    Puerto Rico era sacado de la “tiranía de España” para lograr la libertad por medio de Estados Unidos. Apenas los españoles son arrojados del Caribe, el gobierno de Estados Unidos toma posesión de la isla. Inmediatamente ponen a su frente un Gobernador yanki y estructuran toda la economía del país según las necesidades norteamericanas.
    Se alzan –intelectualmente- buenos patriotas exigiendo la independencia de una isla que no habla inglés; que no es norteamericana; que no quiere sufrir ajenas tutelas. Son perseguidos los patriotas. Son varios los que, como si se tratase de criminales, purgan ahora todavía en presidios norteamericanos el crimen de creer que cada pueblo tiene derecho a gobernarse libremente.
    Apenas comenzaba esta guerra, la economía norteamericana no necesitaba de la producción portorriqueña. Y la hace a un lado. Se plantea una situación de hambre. Se agrava el problema con la llegada de un Gobernador cuya gestión levanta protestas por todos lados. Venía de gobernar esquimales bárbaros en Alaska, y era trasladado a San Juan, por nombramiento de Mr. Roosevelt, para que domara a los borincanos.
    Pero había un gran peligro en esos malos tratos. Puerto Rico ha sido fortificada tan intensamente, que la Comisión de la Cámara norteamericana que ha realizado un viaje de inspección ha declarado que “la mayor fortaleza en el mundo es seguramente Puerto Rico”. Más ¿de qué sirven las fortalezas cuando el corazón del pueblo no las respalda? ¿De qué serviría una isla muy armada, si sus mismos habitantes cuidasen del cabotaje? ¿Y de qué los motivos de esa baja acción fuesen precisamente patrióticos?