Edad Nueva años 46 a 48
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La invasión de los “bárbaros”
La SI 30/03/46 p. 1-5
  (ver en Inglaterra)

1. Cerebros impermeables
    El cerebro humano es algo fantásticamente maravilloso. Si ya lo es –gigantescamente maravilloso- la constitución de un átomo mecánico, insensible y pasivo, con sus varios componentes conocidos y tantos otros desconocidos todavía ¿Cómo será esa quisicosa que llamamos cerebro, órgano capital del hombre como tal, en cuya zona están asentadas tantas cosas raras, con acciones que lindan con lo milagroso?
    Desde las fantásticas rebuscas de Ramón y Cajal, que inauguraban genialmente los nuevos estudios sobre el cerebro humano,  se han hallado tantas cosas extrañas, hondamente maravillosas, en ese órgano, que uno no sabe dónde iremos a parar pronto, , en el estudio de ese asiento                  -complicado y sabio, fino como el cristal- de lo más alto y característico de la vida del hombre.
    Una de las maravillas encontradas, y ya casi agotado su estudio es el de ser el cerebro humano no un órgano, sino, por lo menos, cincuenta órganos distintos, encargado cada cual de distintas –y, a veces, contradictorias- funciones. De ahí una lógica explicación de la no coincidencia de las disposiciones y posibilidades de cada hombre, que no se acompañan muchas veces, mutuamente: hay quienes tienen una memoria maravillosa, mientras carecen de capacidad comparativa; quienes hablan elocuentemente, mientras su raciocinio se halla grandemente atrofiado; y así de otras particularidades, que se nota en los individuos, y que, como se ve, suponen cada una de ellas un órgano cerebral distinto.
    Pero la naturaleza tiene sus misterios y queremos anotar uno, que ha sido casi no tratado todavía en la nueva Psicología; que, sin embargo, constituye un problema de primer orden, especialmente en la vida intelectual práctica.
    Entre las múltiples facultades (entre los múltiples órganos) del cerebro humano, que catalogan las biologías modernas, una hay que no hemos visto designada, a pesar de su enorme importancia; podríamos llamarla “función de permeabilidad del ambiente temporal” en el sentido de penetrar juiciosamente los hechos externos en la capacidad discursiva humana, respecto al cambio de fisonomía colectiva.
    Los psicólogos, desde milenios de años, se dividen en dos clases, en cuanto a las relaciones del cerebro con lo externo (las cosas externas y los actos externos). Según unos (Aristóteles es el genio que descuella en este campo), el cerebro humano es una tabla rasa en que nada hay escrito, siendo la experiencia, a medida que van entrando en el interior imágenes de cosas y de hechos, la que va escribiendo en esta “tabla rasa y limpia” las imágenes del exterior. Según el segundo bando, en el cerebro están escritas las ideas, innatas, por lo mismo, pero con una tinta (hablemos figuradamente) invisible. Vienen sensaciones y hechos, y hacen visible lo que estaba ya allá invisiblemente. Desde este punto de vista, las sensaciones son una esponja, o un agente químico, que revela las imágenes nativas que eran invisibles, y, como sucede en ciertas zonas de la química, cada hecho o cada cosa externa, solo revela la imagen que estaba invisible correspondiente a él o a ella.
    Pero, si esa división de opiniones importa mucho a los estudios biológicos-filosóficos, en nuestro caso importa poco. Tanto una como otra de las dos opiniones coinciden en que en el cerebro hay pequeños múltiples órganos que reciben influencia de afuera de la persona; algunos, registrando solamente lo que reciben, mientras otros, por su índole especial, trasformando lo que reciben en algo nuevo.
    Ahora bien: aquella “función de permeabilidad de fisonomías” a que antes hemos aludido, podríamos describirla así: un órgano físico (una facultad anímica) destinado a “ver” (ver interiormente el ambiente externo, por medio de hechos, de tal modo, que “palpa” las transmutaciones de la vida colectiva y las palpa como cambio substancial. Quiero decir, como cambio de Edad histórica. Esto es, como una nueva manera de ser del mundo. O, lo que es lo mismo, como una agonía de unas maneras de ser  pasadas, pero que todavía están coleando, y un amanecer de maneras nuevas, que están asomando en el vientre la humanidad como una especie de embarazo mundial.
    El que esto sea una facultad (un órgano distinto cerebral) de las demás funciones intelectuales, explica que haya grandes memoriones, aún grandes discursivos, y aún grandes investigadores, que sean