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Acontecimientos españoles dignos de ser anotados  Cossio  ME 12/35 p. 33
Desde España. Luis Bello  ME 12/35 p. 50

            En Septiembre pasado moría en Madrid don Manuel Bartolomé Cossio, a la edad de 77 años. Su nombre es desconocido de la mayor parte de los españoles. Sin embargo, es el hombre que ha tenido más influencia en los últimos treinta años, pudiendo decirse que la España republican y la juventud no religiosa que trajo la República, eran hijos espirituales de ese duetto inseparable y político que fueron don Francisco Giner de los Ríos y don Manuel Bartolomé Cossio.
            La tarea de esos dos personajes –ambos eran catedráticos de la Universidad de Madrid- fue edificar una España librepensadora fuera de los métodos revolucionarios, formando en la Universidad un plantel de jóvenes, los cuales, a su vez, transformaren a la juventud de toda la nación desde sus cátedras. Fundaron para ello la Institución Libre de Enseñanza y se adentraron en todos los organismos docentes, logrando que los mismos conservadores les entregasen la Junta de Ampliación de Estudios y el Museo Pedagógico, con unos 20 millones al año.
            Ambos dirigentes llevaban una vida de porte laico, a la manera de los cuákeros ingleses. Eso les dio gran prestigio, así como su labor. Giner era, con Manjón, la cabeza de la pedagogía española, y Cossio, con su Historia del Arte, alcanzó fama merecida de pensador y crítico.
            Su obra dio sus frutos. Puede decirse que es hija suya toda la juventud universitaria que hoy domina: los Ortega y Gasset, los Zulueta, los Jiménez de Asúa, los Besteiro.
            La República le confirió el título de “ciudadano honorario”, y bien podrá afirmarse que habrá en el mundo pocos ejemplos de hombre vivo que haya madurado un plan tan colosal, lo haya realizado durante cuarenta años con voluntad inquebrantable y haya logrado verlo enteramente cumplido.

En Septiembre pasado moría en Madrid don Manuel Bartolomé Cossio, a la edad de 77 años. Su nombre es desconocido de la mayor parte de los españoles. Sin embargo, es el hombre que ha tenido más influencia en los últimos treinta años, pudiendo decirse que la España republican y la juventud no religiosa que trajo la República, eran hijos espirituales de ese duetto inseparable y político que fueron don Francisco Giner de los Ríos y don Manuel Bartolomé Cossio.

            La tarea de esos dos personajes –ambos eran catedráticos de la Universidad de Madrid- fue edificar una España librepensadora fuera de los métodos revolucionarios, formando en la Universidad un plantel de jóvenes, los cuales, a su vez, transformaren a la juventud de toda la nación desde sus cátedras. Fundaron para ello la Institución Libre de Enseñanza y se adentraron en todos los organismos docentes, logrando que los mismos conservadores les entregasen la Junta de Ampliación de Estudios y el Museo Pedagógico, con unos 20 millones al año.

            Ambos dirigentes llevaban una vida de porte laico, a la manera de los cuákeros ingleses. Eso les dio gran prestigio, así como su labor. Giner era, con Manjón, la cabeza de la pedagogía española, y Cossio, con su Historia del Arte, alcanzó fama merecida de pensador y crítico.

            Su obra dio sus frutos. Puede decirse que es hija suya toda la juventud universitaria que hoy domina: los Ortega y Gasset, los Zulueta, los Jiménez de Asúa, los Besteiro.

             La República le confirió el título de “ciudadano honorario”, y bien podrá afirmarse que habrá en el mundo pocos ejemplos de hombre vivo que haya madurado un plan tan colosal, lo haya realizado durante cuarenta años con voluntad inquebrantable y haya logrado verlo enteramente cumplido.

Desde España. Luis Bello  ME 12/35 p. 50

            Se acentúa en España el movimiento de opinión  para conmemorar la obra de este insigne escritor, que moría cuatro meses atrás después de una vida dinámica y recta.
            La obra de Luis Bello, periodista y filósofo, es múltiple. Pero se destaca, por encima de todo, su acción pro escuela primaria y alfabetización del aldeano español.
            Da grima leer sus necrologías en la mayor parte de diarios españoles, que se distinguen en ambos campos, por su fanatismo politiquero. Para los izquierdistas, Bello fue el republicano de siempre, el enemigo de Alfonso Xlll, el escritor socialista eximio, etc. Para los de la derecha; Bello fue un revolucionario peligroso, un ateo terrible, el secretario dinámico de Azaña.
            No ven –ni unos, ni otros- la obra magna de Bello, la que le ocupó los años más llenos y mejores de su vida: la cruzada pro escuela española.
            Bello emprendió un viaje a través de España. ¿Por las ciudades y grandes hoteles, sobre las cuatro magníficas ruedas de un Royce, o, siquiera, de un Ford? Nada de esto. Bello peregrinaba de aldea en aldea, de villorrio en villorrio, visitando escuelas desvencijadas, maestros escuálidos, y lugares peores: porque no conocían escuela ni maestro.
            ¡Cuántas cosas descubría Bello en su peregrinación apostólica! ¡Cuántas, pintándonos los corrales-escuelas que visitaba y conversando con maestros, niños y caciques! ¿No descubría en plena Castilla, y no en los yermos de Extremadura, aldeas que no conocían la rueda de carreta, arrastrando las cosas para trasladarlas? ¡Esa rueda que representa el pase de la edad de la piedra a la de los metales!
            Fue su cruzada, generosa. No atacaba a nadie. No se metía en derechismo ni izquierdismo. Iba serenamente al blanco a que él ansiaba llegar: que cada aldea tuviese su maestro y que este fuese un hombre culto y respetado.