Italia 43 09
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Italia 43 09
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Se rindió Italia La SI 11/09/43 p. 7
Italia en llamas La SI 18/09/43 p. 5-12
Noticierismo inmoral La SI 25/09/43 p. 8

Se rindió Italia
La SI 11/09/43 p. 7


    Entrado en máquina este número, llega la noticia de la rendición incondicional de Italia a las fuerzas aliadas.
    En el próximo número estudiaremos el caso, así como sus principales consecuencias, tanto para Italia misma como para el Eje y sus aliados.
    El hecho era irremediable. No ha producido, por lo mismo, la sensación que habría sido explicable en otro caso. Podía tardar más o menos días. Pero, caído Mussolini, no podía ser otro el final que la rendición absoluta. El Duce –sabemos por críticas anteriores- no supo o no quiso llevar a Italia al terreno absoluto e incondicional de una guerra totalitaria al estilo de Gran Bretaña, Rusia y Estados Unidos. Pero le cabía a él, tal vez, alguna chance para la resistencia. A los nuevos gobernantes no les cabía otra cosa que arrodillarse a los pies del enemigo, si es que, en aras de una aberración rara, no consideran a Mussolini y los suyos más enemigos que los grandes pueblos que acaban de ser hechos amos y señores de la península.
    Lo raro era solamente que esa rendición no hubiese venido antes.
    Siguiendo nuestro lema –verdad y objetividad únicamente- procuraremos analizar este hecho trascendental, así como sus corolarios inevitables. Pero, sea como sea esta crítica, avancemos una idea, que los hechos confirmarán en abundancia: para Italia, ahora comienza la guerra, la verdadera guerra (a). En guerra y con el Duce, podemos decir, que no la conocía. Ahora, salida de la guerra, entra en la guerra, bajo todos los aspectos.
(a) Ver Italia en llamas 18/09/43 p. 10 col. 5 inicio del nº 6

Italia en llamas
La SI 18/09/43 p. 5-12


1. Tragedia

    Pocas veces había corrido la pluma tan penosamente trágica. Italia, la que, desde los viejos días romanos, ha llevado en su vientre fecundo la semilla de todas las naciones modernas, está aplastada bajo el peso de la tragedia mayor que haya conocido en su historia, a pesar de haber conocido tantas desde los días de la formación del Lacio y de –siglos después- la decadencia del Bajo Imperio.   
    Vuelan sobre su suelo, risueño otrora, las aves malagoreras del Imperialismo, ensoñando una nueva parcelación de su soberanía y una nueva desmembración de su territorio. Siegan italianos en Sicilia los granos para ser llevados a Londres y Argel: “sic vos, nos vobis”. El anciano rey ha perdido la cabeza, desorientado en medio de tantos dolores. Un hato de generales de ayer vengan sobre su patria lo que consideraron afrenta de los muchachos fascistas de antaño, al invadir Roma y trepar al Capitolio. Los soldados son desarmados por los unos, mientras los otros son desarmados por los otros. Llueven millones de balas sobre las florecientes ciudades, encorvadas de tanta gloria de arte de los pasados siglos, envidiosas gentes nuevas –que no saben de pasado noble- de su superioridad. Los niños no saben donde jugar, temerosos de plumas-explosivos, especiales para matar a la infancia. Las niñas sueltan los lápices y abandonan sus labios al natural color, porque no saben si en ellos hay un recóndito y cariñoso veneno que les mandan delicadamente de Londres o Washington, viaje gratis al cementerio. Viejos generales han perdido la chaveta, torciendo en su ancianidad, en manos de los pueblos imperialistas, el porvenir de la patria.
    No parece que haya desgracia  que no acuda a esa orgía de dolores, entre las cuales las lágrimas resbalan solas. El hijo del Hombre lloraba amargamente sobre la Jerusalén traicionera. Bravos héroes derramaron lágrimas de fuego sobre Troya ardiendo. Y, si el corazón sufre pero resiste ante una lucha bien orientada y una pelea a base de lealtad, tiemblan las carnes y los ojos se mojan cuando la Incompetencia, llevando de la mano la Irresponsabilidad y la Cobardía, pretenden dirigir los destinos de la nación que cantara Virgilio en su poema famoso.  
    Porque toda Italia es ahora rumor de cada día nuevas amenazas, ruido aterrador de huracanes desencadenados, terriblemente angustiosa sensación de vacío, de misterio, de