Filipinas 43
Filipinas, país independiente La SI 16/10/43 p. 4-5

Filipinas, país independiente
La SI 16/10/43 p. 4-5


    Tocaba al Japón, país que llaman algunos imperialista, dar libertad a esos pueblos asiáticos que nacen a la vida propia, después que los democráticos aliados los habían mantenido por décadas en la esclavitud de colonias aptas para trabajo forzado y materias primas baratas. Era ayer que culminaba la vida de Thailandia proclamando su independencia. Apenas pasados dos meses, es ahora Filipinas el pueblo que alza bandera de soberanía para formar entre los países libres del mundo.
    Filipinas, descubiertas y sus mayores islas civilizadas por el español, pasaban a fines del último siglo a Estados Unidos. Estos habían luchado por su independencia y para liberarlas de la tutoría colonial. Las uncieron al carro del imperialismo yanqui, como era de suponer: escaseaban ya los hombres que creen en palabras de esos pueblos de presa.
    El pecado capital de Estados Unidos en Filipinas es -al igual que el de Gran Bretaña en sus colonias- desarrollar en ellos la economía tal como conviene a la metrópoli, sacrificando todas las necesidades de los nativos a la voracidad del gran capitalismo imperialista. Filipinas, bajo este criterio, pasaba a ser un ganado más, esclavo del trabajo, de otro pueblo. Y la verdadera civilización de ese pueblo –exceptuados los bailes negroides y las películas desmoralizadoras- quedaba tan olvidada, que de sus infinitas islas no ha abierto Norte América a la civilización una sola que no lo estuviese ya por España. 
    La campaña del Japón en Filipinas mostró la absoluta incapacidad del general Mac Arthur. Pasaban las islas al Japón en pocas semanas, después del simulacro de defensa en unos pequeños trozos. Una vez dueños de las islas se dedicaron los nipones especialmente a tres finalidades: 1º cultivar, especializando a vista de las necesidades de aquel pueblo y del Asia; 2º fomentar el patriotismo en el sentido de organizar la independencia; 3º iniciar la formación de un ejército que, el día de mañana, quisiese y supiese defender la soberanía de la nación ante sus futuros posibles tiranos, los mismos de la democracia dictatorial de antaño.
    Han pasado cerca de dos años. y el Japón, en plena guerra, sin los subterfugios “democráticos” de “después de la guerra”, acaba de celebrar un Tratado con los representantes del país reunidos en Asamblea, proclamando la independencia, elevando por vez primera una nueva bandera, aprobando una Constitución nacional y eligiendo un Presidente, que iniciará la lista de los Jefes de Estado Filipinos. El viejo general Aguinaldo, que es ya una institución nacional, ha asistido a la ceremonia, que debe haber sido emocionante.
    Una democracia se hace, no se habla.