Periodismo 42
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Periodismo 42
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A las puertas de Singapore. Singapore tiembla La SI 24/01/42 p. 1-5
¿Quién engaña a quién? La SI 04/04/42 p. 1-4
La India desmiente La SI 02/05/42 p. 4-5

A las puertas de Singapore. Singapore tiembla
La SI 24/01/42 p. 1-5

…Leyendo la prensa británica que apenas llega, se ve el ultrapánico que ha invadido a aquel país. (Los norteamericanos, hombres de epidermis, no pueden llegar a tener pánico). Esa prensa, toda a las órdenes de una dura plutocracia, se distingue de la del resto del mundo en una característica notable, en la cual conviene también la prensa norteamericana. En el mundo no inglés, los periodistas han de obedecer las órdenes del amo, es decir, del dueño del diario o de la empresa. Lo hacen. Pero, en su interior, esos esclavos protestan y está inconformes. Es un periodista que piensa bien, pero que capitula. En cambio los periodistas de habla inglesa están igualmente a las órdenes del amo. Y su mente es tan endeble, que están conformes con el amo. Piensan como él, son esclavos, pero conformes. Para ellos se habría de modernizar la frase famosa que delata a qué grado puede llegar la nulidad de carácter y la obscuridad de visión: “Caesar, morituri te saluntant”…
    No es raro, por lo mismo, que esa prensa británica se haya entregado ahora al pánico, al igual que sus amos. En otro país, el periodista habría adivinado (al menos interiormente y callando) que esa Málaca era puro cartón, humo y fachada. Den Londres los periodistas estaban identificados con el resto en creer que esa Málaca era una especie de cosa sobrenatural, hecha, por supuesto, por ingleses. Por esto, al caer todo como un castillo de naipes, ellos también han sido los sorprendidos. Y todo es ahora acusar y quejarse, como si ellos, los de la prensa,  no hubiesen estado siempre absolutamente conformes con todo esto… p. 2 col. 3

… c) Si se estudiasen las causas de esa terrible debacle aliada en Malasia tanto de los británicos como de los norteamericanos, se llegaría a tocar problemas ya abordados en estas columnas, y no hay espacios para completarlos. Limitémonos a resumir el barullo metido en Gran Bretaña por la prensa, no con el noble fin de hallar remedio al mal, (sino (esa prensa pertenece a los que han causado esas derrotas) para dar al sufrido pueblo británico la sensación de que se va a hacer justicia y a exigir responsabilidades.
    El diputado laborista Shinwell ha dicho en los Comunes todo lo contrario de lo que afirman para un mundo cerril los periodistas de tercer orden: “el Imperio inglés se desmorona. Sin embargo, continúan e el poder los hombres responsables. Quieren que prescindamos de críticas y aplaudamos las medidas del Gobierno. Ni una sola de las interpretaciones gubernamentales puede ocultar el hecho de que nuestros intereses fueron descuidados en el Extremo Oriente de la manera más crasa. Estábamos sin la debida preparación en todos los frentes de la guerra”.
    Mientras en el parlamento sudafricano discuten si hay que separarse del Imperio, los diarios australianos, escriben a tenor de lo siguiente que pertenece al “Sydney Telegraph”: “Churchill debe eliminar del Gobierno a aquellos hombres que creen que la guerra del Pacífico es cuestión de segunda categoría. Una limpieza general del Gabinete tranquilizaría a la Australia más que media docena de grandes discursos”. Comienza a ver en Australia la fofedad oratoria de los hombres que deberían emplear su tiempo obrando.
    Del “Manchester Guardian”: “Sería muy interesante saber qué misión ha cumplido Duff Cooper en Singapore. Ni las autoridades civiles ni las militares supieron en Singapore cumplir con su deber”.
    El “Canberra Times” pregunta día a día: ¿Por qué razón nos enviaron a Duff Cooper siendo evidentemente una nulidad”… Añade: “A nuestras tropas los japoneses, con iniciativas evidentes,  las cercan continuamente, una tras otra vez…”
    Del “Daily Mail”: “Mientras Chamberlain no pudo sobrevivir a la derrota de Noruega,, Churchill ha sobrevivido a una cadena de peores derrotas: Francia, Bélgica, Yugoslavia, África, Creta, Grecia, Málaca…”. Esas afirmaciones del gran diario británico apuntan ya hacia una tesis que hemos venido sosteniendo en estas columnas. No es Duff Cooper el responsable, ni siquiera el constantemente derrotado Wavell, sino el Gobierno que los nombra y especialmente el jede del Gobierno, Mr. Churchill. ¿No se nos explica ahora que Duff Cooper, el eternamente fracasado amigo personalísimo de Churchill, va a seguir cobrando pingues sueldos como recompensa, continuando de ministro de Lancaster y propuesto para formar parte del Supremo Consejo de Guerra (¡) en Washington? Ya dos lords -Trenchard y Sherwood- se han adherido a