Periodismo 47
Índice del Artículo
Periodismo 47
Página 2
Nueva propaganda norteamericana La SI 14/06/47 p. 5-6
El medio diplomático de ganar las guerras La SI 04/10/47 p. 1-7  (verlo en  Guerra 1939)

Nueva propaganda norteamericana
La SI 14/06/47 p. 5-6


    La política aliada actual se podría resumir en estas palabras: predicar y vociferar una cosa, más o menos buena, y realizar todo lo contrario, más o menos malo. Estamos en la época desbordante del Confusionismo y el engaño organizado.
    Uno de los temas gratos al espíritu de los aliados es la libertad de información y una repulsa decidida contra las informaciones oficiales de los gobiernos. ¿Cómo realizan los gobernantes norteamericanos esa política, que pregonan a todas voces?
    1) Todo el mundo sabe la dependencia de las agencias telegráficas oficiales, que se llaman particulares, del Gobierno norteamericano. En estas columnas se han publicado fotografías de documentos en que el Gobierno yanki daba normas a esas agencias de falsificar los hechos, brindando al mundo una realidad falsificada de ellos.
    Es sabido, también, el auxilio oficial (que algunos hacen subir a 35 millones de dólares anuales a cada agencia) y que se les sirve mediante este medio doblemente falsificador: se les envía, pagado, todo lo que tiene tinte oficial, comenzando por los discurso del Presidente y del canciller, especialmente los relativos a América.
    Es doble la presión: hace que las agencias publiquen al pie de la letra los documentos oficiales, y las agencias los sirven pagándolos los diarios, siendo así que a ellos se los sirven gratis el Gobierno de Washington.
    2) El Departamento de Estado ejerce constantemente una censura sobre lo que debe telegrafiarse a los diarios de Sudamérica, señalando lo que se les puede decir, lo que se les ha de decir y lo que no se les puede decir. Fue una política que ya seguían “motu propio” los corresponsales norteamericanos, pero que Roosevelt les impuso bajo amenazas de caer en las iras oficiales.
    3) Los diplomáticos norteamericanos constantemente hacen correr por esos países que su Gobierno no tiene Boletines ni da informaciones, lo cual es muestra de sus respetos a la libertad de prensa. Sin embargo, no es así, se les pasa a los diarios notas sobre lo que hayan de publicar; y, no contentos con ello, pasa noticias de su iniciativa, por todos los medios que tiene a mano, desde el cinematógrafo hasta Boletines de noticias escogidas y controladas.
    4) Hay una Circular oficial –repetimos: oficial- pasada a las grandes empresas norteamericanas, en que les explica el Gobierno la necesidad de pagar buenos avisos a la prensa americana  a favorables a Estados Unidos para mantenerla comprada con cadena de intereses. Les señala el Gobierno, además, la cantidad: una pila de millones que habían de gastar para sobornar a la prensa de fuera de Estados Unidos.
    Efectivamente, nombró aquel Gobierno un jefe, y montaron una oficina, la cual confeccionaba los avisos groseramente favorables en todo a Estados Unidos; los fotografiaba, hasta en la letra; y pasaba el cliché a las empresas periodísticas de nuestros países. Estas se apresuraron a publicar lo que los norteamericanos les dictaban, pasando mensualmente la cuenta de los avisos.
    Ahora, hace unos días, hablaba aquel Gobierno de no hacer propaganda oficial, tal como la hacían Gobiernos de Europa, enemigos de la propaganda libre. Cuando habla aquel Gobierno de algo, hay que esperar próximamente una acción contraria.
    Efectivamente, han pasado días no más en que hablaban aquellos gobernantes de condenar todo noticierismo oficial y propaganda de los gobiernos, e inmediatamente se han lanzado a un intento de realizar todo lo contrario.
    En las Cámaras norteamericanas, por iniciativa del Gobierno, se está tratando en estos instantes de ampliar la propaganda oficial norteamericana alargándola a la telegrafía, gastándose aquel Gobierno un montón de miles de dólares en propaganda oficial favorable a Estados Unidos, interviniendo aquel Gobierno, como hacen las dictaduras enterando al público de lo que le conviene al Gobierno, real o ficticiamente.