Dominicana República 43
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Dominicana República 43
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Los Estados independientes del mundo: 17. República Dominicana La SI 04/12/43 p. 10

Los Estados independientes del mundo: 17. República Dominicana
La SI 04/12/43 p. 10


    Isla prócer. República envuelta en la nobleza de la tradición y una atmósfera de calidad, que la América novata, desviada por idealoides efímeros, ha olvidado casi completamente.
    Se habla de México, corte de faustos virreyes. Del Perú, esa Lima colonial, que daba la nota de la dignidad y de la moda, reflejo de Versalles y Aranjuez, de donde llegaba sangre azul auténtica para la gloria del famoso virreinato. Pero ello era ya avanzado los siglos. Cuando la conquista era un hecho fehaciente y rezumaban las energías de los primeros conquistadores; es decir, cuando el gran hecho del Descubrimiento surgía, y no eran los nietos, sino los verdaderos padres de la nueva América los actores, entonces era Santo Domingo la isla prócer, desde la cual partían los raides descubridores, bajo la dirección de aquellos gigantes que realizaban las portentosas hazañas.
    Colón aquí residió largo tiempo, admirado de la realidad de sus ensoñaciones. Aquí Diego Colón levantaba el palacio ducal de su familia, rodeado de todo el esplendor de una pequeña corte. Ahí tenían lugar proyectos locos que, poco a poco, eran realidad candente, saliendo armados los caballeros del ideal continental, dispuestos a hacer historia real y viva.
Era Santo Domingo la Iglesia primada de América. en su catedral lucen Murillos auténticos, Velásquez realmente tales, Santos y Santas de los mejores imagineros de España. Y a la sombra de esos Santos, salían de aquí Hernán Cortés, para sus hazañas mexicanas; Pizarro para sus gestas peruanas; tantos otros héroes de leyenda, que abrían camino por los cuatro puntos cardinales de América.
Y ahora, en medio mismo del general olvido de esa pequeña República ¿no es aquí donde se está elevando el Faro gigantesco, que además de rememorar un pasado rezumante de grandezas, se alza como luz y Espíritu para todas esas Américas?

    2.- La isla de Santo Domingo la han dividido los azares de los siglos en dos Repúblicas independientes, y durante largos años enemigas al occidente. Haití, de la cual hemos presentado en estas columnas el retrato; al oriente, del lado de Puerto Rico, la República Dominicana, cuya capital, Santo Domingo, ha cambiado ahora su nombre por el de Trujillo.
    Esta, mayor que Haití, tiene 50.770 Km. cuadrados, unos dos tercios de la isla. Tiene solo unos 800.000 habitantes, menos que Haití, su pequeña vecina, poblada ésta enteramente de negros de descendencia africana.
    Es esta República un nudo inextricable de montes, de los cuales descienden cortos pero caudalosos ríos. Esos montes, cuyos picos se elevan hasta 2.800 metros, protegen el país de la furia de los ciclones caribeanos, que motivan catástrofes en suelos menos defendidos.
    Su suelo quebrado y la escasa actividad de sus habitantes lo hacen casi inexplorado, aún en su parte más poblada. Ábrense en esos montes innumerables grutas naturales y cuevas de fantásticas formas. Y horadándolos el oleaje marino en profundos trechos, las olas, al comprimir violentamente el aire al entrar en esas grutas costeras, producen las bufaderas, cuyos horrísonos truenos profundos se oyen a treinta kilómetros.

    3.- Las aguas de esta República son abundosas y fecundas. Por todas partes brota la vida con empuje extraordinario. Y, aún estando en región tórrida, con todos los climas y toda clase de productos.
    El río Tronador nos brinda la extrañeza de grandes ruidos. Las cascadas saltan doquiera, con potencia de energía eléctrica gigantesca, todavía no explotada. Lagos azules por todas partes, llenando los hoyos de aquellas sierras desordenadas. Costas corálicas con rosarios de islas maravillosas, que ofrecen la pesca más fácil y variada de América. y aplicando el oído al subsuelo, se manifiestan los ruidos subterráneos, seguramente de gran caudal, que se abren en las costas, a veces a más de mil metros de profundidad.
    Pero la maravilla acuática la constituye el lago Henriquillo, de 55 Km. de largo. Lo conocen millones de aves, que vienen a él de lejanos países para veranear en sus costas y gozar de sus maravillas. Aquí razas y especies de rara belleza. Aquí mil colores y matices, cantos de toda especie, algarabía de costumbres, formas, voces y maneras. No parece sino, al decir de los