2007 Jorge Villagrán G. El Observador Viña del Mar


Evocando a don Juan Bardina en El Observador, Viña del Mar, 02 12 07 p. 4
(con supresión de algunas líneas por haberme excedido en el espacio autorizado)

    Hace 90 años atrás (diciembre 1917), arribó a Chile desde la Madre Patria, don Juan Bardina Castará, nacido en Cataluña (1877) donde sobresalió altamente como educador y periodista.
    Residió cuatro años en Santiago; desde 1921 vivió en Valparaíso (Avenida Argentina 373), hasta que falleció (1950). Llegó viudo; casó con chilena, prohijando un varón y tres mujeres, porteños. Aquí, se dedicó a los mismos dos menesteres que en Barcelona. Fue profesor -Derecho del Trabajo- del Curso de Leyes de la Universidad de Chile, sede Valparaíso. Fue también periodista: primero en el diario “La Unión”; luego en una revista independiente, “La Semana Internacional”, como se intitulaban las columnas del Lunes en el periódico aludido.
Estas líneas, brotadas con ocasión de cumplirse este mes el nonagésimo aniversario de su llegada a Chile, tienen como propósito rememorar algo de su trayectoria vital acá –segundo cuarto del siglo XX- ya que su desempeño en Valparaíso fue también notorio y público como en su ciudad natal. Ello, como fruto de haberse identificado pronto y cabalmente con esta costera ciudad cara al Pacífico, éste según él, Océano del porvenir.
Su actividad como educador en el Curso de Leyes de la U. de Chile sede porteña está registrada –para quien quiera conocerla- en la Memoria para optar al grado de Licenciado en Ciencias Jurídicas de la Universidad de Valparaíso, de doña María Esperanza Franichevic Pedrals, de 1995, titulada “Recuerdos de don Juan Bardina Castará. Su vida, su obra”. Efectivamente, aquella se explaya pormenorizadamente sobre estos dos aspectos, consignando al final frases encomiosas de su persona y quehacer por parte de colegas y ex alumnos que lo vieron desenvolverse en las sencillas aulas del claustro universitario de calle Colón, a saber: Alex Varela, Pablo de Tezanos Pinto, Roberto Zegers, Mario Alegría, Sergio Quevedo, Carlos Montenegro, etc.
De su labor periodística quiero aquí hacer más acopio que de la educativa, partiendo por hacer hincapié en que ambas vocaciones en Bardina no eran ajenas una a la otra, acoplándose de una manera muy peculiar en él.
En sus 3 años santiaguinos (1918-1921) sus artículos hallaron cabida en diversos medios de prensa de la capital, principalmente en “El Diario Ilustrado”. A fines de ese trienio, dio inicio a su colaboración con la revista mensual santiaguina “Mundo Español”, casi infaltable cada mes en las décadas 20 y 30.
Pero su nombre -en el Chile de entonces- estuvo asociado sobre todo a “La Semana Internacional”, en sus dos instancias o épocas: 1921-1932 en “La Unión” de Valparaíso; 1933-1948 en su propia revista. A esta última instancia o período se circunscriben las notas siguientes.
“La Semana Internacional” en su segunda época descansó en una sociedad dual: él (escritor) y un connacional (gerente), bien mancomunados. Contó con un equipo -básico, reducido- de personas encargadas de aportes –artículos- regulares, así como con la colaboración ocasional –escritos- suministrados por los lectores. Pero la atracción del semanario provenía principalmente de las crónicas de Bardina sobre temas internacionales.
“La Semana Internacional” en su segunda época, que por ser suya le permitió imprimirle un sello a su conveniencia y gusto, dejó entrever el compromiso de Bardina con la educación de varios modos. Escribiendo crónicas sobre educación si la circunstancia lo requería. Contando con el aporte –artículos- de un educador en el pequeño equipo fijo de la revista. Llamando a sus lectores a la conservación y empaste del semanario, y a destinarle un lugar en la biblioteca casera, atendida la importancia de la lectura como medio de la educación. Estructurándola en base a secciones, una de ellas Documentación, que abastecía a los lectores de fuentes originales, cimiento de las noticias del momento, indispensables para la reflexión crítica y el discurso interpersonal. Acompañando sin falta sus crónicas de mapas prolijamente  dibujados por él mismo (un ex alumno suyo en los SSCC de Viña del Mar, Eugenio Cornejo Fuller, me contó hace un par de años que un profesor de Historia y Geografía de este Colegio, don René Moraga -¿quién de sus alumnos no lo recuerda?- era lector asiduo de “La Semana Internacional”, siéndole ésta un valioso recurso bibliográfico que lo proveía para la formación e información histórica y geográfica brindada en la sala de clase).   
    Los escritos de Bardina en “La Semana Internacional”, revista dirigida principalmente a un público selecto por sus afanes culturales, versaban sobre los acontecimientos de valía mundial de su tiempo. A éste lo enmarcó en un cambio de Edad, que afectaba a naciones y razas, inspiradas en cosmovisiones que daban significado a los hechos políticos, sociales, económicos, etc. Bardina fue un testigo atento, acucioso y ameno de las ocurrencias importantes surgidas entonces, acá y allá. Examinaba sus diversas facetas, procurando hacerlas inteligibles a sus lectores, capaces por tanto de asumir propia y libremente las actitudes y conductas cívicas y éticas que fuera menester. El centro de interés de sus artículos fue pues la vida internacional, en trance -digámoslo además- hacia una Sociedad de Naciones. A Chile, como ente nacional, se refirió  esporádicamente, no así en cuanto formando parte de Hispanoamérica, a la que hacía mención insistentemente como conglomerado deseable y perfeccionable. A Valparaíso y su gente, le concedió considerable espacio en sus páginas, más en los años 30 que en los 40.       
    Párrafos evocativos estos. Antes de haber leído estas líneas ¿cuántos sabían algo de Bardina, a pesar de la nombradía –celebridad- detentada tres cuartos de siglos atrás? No dudo que muy pocos. Una razón de ello, que no guarda relación con su persona: porque hoy la lectura libresca está en declinación. Otra, ligada absolutamente a su persona: la de su cosmovisión, que expongo a continuación.
Para él, el pasado inmediato –siglos X1X y XX- pecaba de individualismo (fruto del imperante liberalismo capitalista manchesteriano y wallstreeniano), causa de gravísimos males en el presente, a ser superados en el porvenir, (propuestas del comunismo, socialismo, fascismo, nazismo, y, catolicismo con su Doctrina Social, su cosmovisión). Tocándole vivir en el meollo del cambio de Edad que conduciría al restablecimiento de la armonía entre lo individual y lo social -con guerras civiles, internacionales y mundiales, que encontrarían cauce y freno en una nueva y más justa Sociedad de Naciones- contendió con las naciones de habla inglesa (estrictamente hablando, con sus minorías gobernantes, no con sus pueblos), denostando su defensa del statu quo y de la cosmovisión que lo apoyaba, y condescendió con las naciones ( líderes) propugnadoras de un Nuevo Orden, loando los aspectos sociales de las cosmovisiones contemporáneas -que no contrariaran y pugnaran la propia (social cristiana) a cuyos exponentes les reclamaba prudencia, fortaleza y eficacia- al favorecer y propiciar un Orden Nuevo. Esto le ganó enemistades de Derechas e Izquierdas, también del Centro. Con ellas, el silencio y el olvido. A mi juicio, muy inmerecidos, aunque explicables si hubiésemos empezado esta disquisición destacando que giraba en torno a una personalidad rica, compleja y dispar como pocas.