Bolivia 45 46
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Estados Unidos rebaja los precios del estaño boliviano La SI 13/01/45 p. 6-7
Bibliografía. Valencia Cabrera, Pastor: Pensemos en el indio.- La Paz La SI 10/11/45 p. 8
Revolución en Bolivia, sofocada. Bolivia conmovida La SI 22/06/46 p. 1-3
Otra revolución en el Altiplano. Sangre en Bolivia La SI 27/07/46 p. 1-3

Estados Unidos rebaja los precios del estaño boliviano
La SI 13/01/45 p. 6-7


    a) Bolivia acaba de recibir una noticia: el Gobierno norteamericano acaba de anunciar que pagará el estaño a precios inferiores a los que venía pagando.
    Unos llamarán a esto una mala noticia. Es una buena, una excelente noticia, en realidad.
    ¿Qué precios pagaban los norteamericanos por el estaño boliviano? Menos de la mitad de lo que pagaban por el estaño yanki, o superior en calidad. Lo cual quiere decir explotación inaceptable.
    Es el método de los países imperialistas. Comprar los productos de los países coloniales a precios absurdamente bajos, sumiendo a los trabajadores en la miseria. Cuando la revolución militar triunfaba en Bolivia, se publicaron las cifras que representaban los precios del estaño, así como lo que cobraban por jornal aquellos infelices obreros. No podían ni medianamente vivir, llenos de enfermedades, anemia, pobreza total. En tanto, los compradores yankis negociaban espléndidamente con ese estaño, instrumento de imperialismo y depauperación.
    Estados Unidos, que no contaba con la aparición de gobiernos sociales e América, no tiene interés en comprar ni aún a precios abusivos. Hay que buscar otras fuentes que tienen dos fines por lo menos: lograr los productos aún a menores precios, aunque parezca imposible, y dejar a los pueblos americanos con sus productos.
    Mas ¿cómo puede ahora Estados Unidos abandonar a Bolivia, cuando los estaños asiáticos son propiedad japonesa? La economía libre, entre otros defectos, tenía el de vivir al azar. Pero una economía previsora ve lo que aquella economía no veía: hace dos años que Estados Unidos había comprado en el Congo grandes yacimientos de cobre y estaño. Mandaba a aquel país africano centenares de técnicos. Plantaban los alrededores con caucho, tabaco y quina. Y ahora, a los dos años, puede ya escupir por el colmillo y explicar a Bolivia que “las necesidades de la guerra no son ya tan apremiantes como para pagar el precio tal al estaño nacional”. En buenas palabras: hay que pagar a la indiada salarios todavía menores a los de hambre que percibían, o dejar de vender al buen vecino. Sea como sea, al fin, dejar de vender al buen vecino, porque los negros del Congo no tienen gobiernos sociales y el trabajo forzado es cosa común en el África aliada y democrática.
    
    b) Ahora hablamos del estaño. Días antes, los países cobreros de la América occidental habían recibido noticias semejantes, si no peores.
    Venezuela ha recibido un aviso acerca del próximo amenguamiento de las comprar petroleras.  Huelen los aliados la reapertura de los pozos de Insulindia. Han adquirido en Arabia fantásticos yacimientos ya en explotación. Los petróleos de América han de reservarse, y sus pozos cerrarse.
    Una oficina especial norteamericana acaba de terminar un estudio sobre la importancia del lino, las importaciones, los suelos aptos para su cultivo, etc. etc. Y aquel ministerio de Agricultura está echando ya las semillas en los surcos. El lino argentino está en capilla.
    Los Estados del medio occidente norteamericano están fomentando a tambor batiente la cría de ganado fino, para abastecer a las necesidades norteamericanas y vender el resto a Gran Bretaña. Magallanes, en sus dos aspectos chileno y argentino, ha de comenzar a escribir el último capítulo de las vacas gordas.
    Los países centroamericanos han de cortar su siesta monoproductora y monoclientista. El África está sembrándose de café y cacao por cientos de miles de hectáreas, y el trabajo de esos países absurdos, que están durmiendo sobre un abismo, va a ser cortado a la tercera o cuarta cosecha africana.
    Las enormes usinas de salitre artificial en los afluentes del Missisipi están poniéndose en marcha y aún ampliándose. El salitre artificial yanki ha de abastecer pronto el propio mercado. Y pueden sobrar dos veces más toneladas que toda la producción chilena, para llenar de polvo blanco toda la Europa, a guisa de unos nuevos Préstamos y Arriendos, y a precios –la comisión y el porcentaje al canto- más elevados.
    La amenaza es general para estos países, y se acentuará día a día en adelante. Lo cual no se dirá que no era previsible. En los primeros meses de la guerra, cuando nos venían con la