Ecuador 45 46
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Ecuador 45 46
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¡Esas Galápagos! La SI 27/01/45 p. 4-5
Velasco Ibarra habla claro. Ecuador habla claro.  La SI 10/02/45 p. 4
Ecuador otra vez sacudido La Si 20/04/46 p. 4-5
Las elecciones ecuatorianas La SI 20/07/46 p. 5
Ecuador juega con fuego. Ecuador se mueve La SI 17/08/46 p. 4

¡Esas Galápagos!
La SI 27/01/45 p. 4-5


    a) En lugar solitario del Pacífico, en el umbral acuático del canal –debería ser panamericano, y es norteamericano- se alza el archipiélago de las Galápagos, que ha tenido otros varios nombres a través de la historia colonial del Ecuador.
    Esas islas solitarias en las inmensidades del gigantesco Pacífico tienen valor militar enorme. Radica este, no solo en su situación, sino principalmente en su soledad. Son puntos firmes en medio de inmensas extensiones de agua pura; y los caminos del mar, especialmente aéreos y como bases mixtas, las hace del todo trascendentes.
    Durante toda la vida –ya larga- de esta revista, hemos tenido periódicamente de traer a colación a esas Galápagos, así llamadas a causa de la infinidad de tortugas gigantes que vivaquean en sus costas. Es tradición que los escasos nativos que en ellas vivían en siglos pretéritos, viajaban del continente al archipiélago sobre los enormes caparazones de esos quélidos gigantes, amaestrados para tales excursiones.
    Si se tiene en cuenta el canal de Panamá como vía de paz, alejada de todo imperialismo, ese archipiélago ecuatoriano se limitaría a una importancia que radicaría en su fecundidad tradicional. Pero, siendo el canal de Panamá una fortaleza imperialista, explotada para exclusivo provecho integral de los que se hicieron con él hace medio siglo, se comprende que Estados Unidos se interesen por la posesión ilimitada de esas islas, a modo de absoluta soberanía, cuando menos práctica y de facto: los papeles, las frases y los honores les interesan poco, y hacen bien, a los señores de la Wall Street y de sus prolongaciones diplomáticas.
    Se ha de poner atención en un detalle, que no lo es, sino esencia del problema. Estados Unidos puede necesitar esas islas, y nadie que medianamente piense puede no verlo, contra una posible agresión extra-continental, pongamos por caso, hoy del Japón, mañana de Australia, Rusia o Gran Bretaña. Pero el valor principal de esas islas no es éste, con ser grande, sino el de tener en ella fuerza armada permanente, que represente “el látigo levantado”, la policía, o lo que sea, contra un aislamiento sudamericano cualquiera rebelándose contra el imperialismo buen-vecinal. Son ellas garantía lejana, prácticamente inútil, contra extra-americanismo. Son galanía efectiva contra Sud América.  
    De ahí la importancia continental de esas islas, y el derecho que tienen los países americanos de hacer saber al Ecuador cuál sea su pensamiento acerca de un archipiélago de trascendencia racial y sudamericana. Mañana, Sud América tendrá dobles habitantes que Norte América, riquezas mucho mayores, fabricación de toda clase, también agallas. La raza se sentirá menos mediatizada que ahora y menos entregada a secreteos diplomáticos. Se comprende (en este caso de tener que hablar de “tú a tú” con el coloso del norte, posiblemente alterado por una epidemia pandémica de Desocupación y Hambre) la importancia de tener organizada una base militar en ese archipiélago, que sería el punto central de la agresividad de otra raza sobre la hispano americana.  
    De ahí la razón con que la cancillería argentina enviaba una Nota años atrás al Gobierno ecuatoriano, al conocerse gestiones diplomáticas de Estados Unidos para comprar esa islas. No se conoce al texto de la Nota. Que ha de estar archivada en las cancillerías americanas. Pero debía ser muy clara y precisa, cuando el Gobierno ecuatoriano daba por rotas esas negociaciones.
    Desde el comienzo de esta guerra, Estados Unidos ha retornado a sus intenciones. Hacer la historia completa de lo sucedido, sería largo, y algunos de los episodios, absolutamente verídicos, podrían tacharse de noveleros, porque no se han hecho constar en documentos públicos. Nos referiremos solamente a lo principal, prescindiendo de episodios poco elegantes.
    Un día determinado, el ex presidente de Ecuador, repudiado por el pueblo, señor Arroyo del Río, abogado en Guayaquil de grandes firmas norteamericanas, estipulaba un Pacto con Mr. Roosevelt según el cual se concedían al ejército norteamericano las Galápagos como bases militares y –lo que es más grave- la península continental que domina Guayaquil, que es lo mismo que decir dominar todo el Ecuador.
    Lo grave fue que nadie intervenía en el asunto, ni siquiera el parlamento. Fueron cesiones dictatoriales, antidemocráticas. Todavía ahora no se ha determinado el nuevo Gobierno