Estados Unidos 45 01 02
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Estados Unidos 45 01 02
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Diplomáticas. Cosas raras en una República La SI 13/01/45 p. 10
Mr. Roosevelt impone a Wallace La SI 27/01/45 p. 5-6
Tenía 10 hijos La SI 24/02/45 p. 5-6
Diplomáticas
Cosas raras en una República
La SI 13/01/45 p. 10


    Estados Unidos tiene un Presidente que normalmente tiene mucho más poder  que la monarquía más monárquica de la actualidad mundial. Es una Super-monarquía electiva al estilo de la vieja Polonia de antaño.
    El Presidente de Estados Unidos es el único jefe de Estado en el mundo que puede nombrar “representantes personales” suyos en otros países, pagándolos el Estado. Ni el parlamento puede entrometerse en lo que realiza ese “missus dominicus”, al estilo del siglo 1X, en la época más obscura de los tiempos medievales.
    El Presidente Roosevelt se ha negado a tener representante estadual diplomático en el Vaticano. No ha transigido nunca con que Estados Unidos reconociera el poder espiritual del Papa, y menos todavía el poder temporal de la Ciudad Vaticana, realmente independiente.
    Considerando al Vaticano como algo de menor cuantía, tiene en él a un Representante de su persona, y, a veces (como cuando enviaba a Mons. Spellman) además otros representantes personales suyos.
    Ahora tiene lugar con Donald Nelson algo semejante. Era jefe y como ministro de municiones. Lo ha colocado como representante suyo en el Ministerio. Es decir, que Mr. Roosevelt, que preside su gobierno, tiene un representante personal suyo en ese Gobierno a cuyas sesiones asiste.
    La situación era casi cómica, cuando Chang Kai Shek daba ocasión a que la cosa se arreglase para el amigo del Presidente. Así es como, sin dejar de ser ministro “representante de Roosevelt” en el gabinete, ha sido enviado a China para enhebrar los negocios que sean posibles en aquel país del desorientado Chiang.
    Con lo cual Nelson no tiene cargo alguno estatal; pero el Estado le paga dos cargos.
    Cosas que no entiende nadie más que los norteamericanos.    

Mr. Roosevelt impone a Wallace
La SI 27/01/45 p. 5-6


    a) El cable nos anuncia el nombramiento del que fue hasta ahora Vicepresidente de Estados Unidos, nuestro conocido Wallace, como ministro de Comercio. Para lo cual, el Presidente ha tenido que pedir la renuncia al que ahora estaba desempeñando ese departamento. A lo cual ha seguido un jaleo en el cual está interviniendo el nuevo parlamento norteamericano, que ha iniciado sus tareas.
    El caso es más serio de lo que parece, aunque no para nuestros lectores, muy al corriente de lo que significa Wallace en el mapa político yanki. Cuando era elegido Vice, era presentada su personalidad en estas columnas, como una laya de hombre nuevo. Cuando, realizando su peregrinación por nuestras Américas, llegaba a estas lejanías, lo presentábamos con toda imparcialidad, y ahora podríamos transcribir algunas de aquellas largas líneas para mostrar cómo ciertos vaticinios han sido confirmados. Cuando la Wall Street, en las últimas elecciones de Noviembre, lo eliminaba de la Vice Presidencia para poner en ella a uno de los suyos –hombre mediocre, si los hay- otra vez tuvimos que aludir a la causa de ello, poniendo a la personalidad del derrotado en el lugar que le tocaba.
    El Presidente Roosevelt sabe perfectamente que el parlamento, sean cuales sean los partidos triunfantes, ha de ser siempre su colaborador y partidario. Porque él ha hecho su guerra, asegurando –los medios, no los repitamos- el pan y el trabajo al obrero sin ocupación, y al capitalista beneficios no vistos desde las vacas gordas de la guerra pasada: porque hay ciertos entes que engordan cuando la sangre corre. Es por esto –y en parte por la testarudez presidencial, que todos reconocen- que tiene ganas constantes de choques con el parlamento, sabiendo que siempre han de ser superficiales y que, al fin, ha de ser el Presidente el que salga de ellos salvo e inocuo.
    Es lo acaecido ahora con el nombramiento de Wallace como ministro del Comercio. La Wall Street se opone decididamente a Wallace. El parlamento, hechura de la W-S, no acepta la