diplomáticas 45 01 a 03
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Diplomáticas La SI 13/01/45 p. 10
Diplomáticas  La SI 27/01/45 p. 9
Diplomáticas. La SI 03/02/45 p. 7
Diplomáticas  La SI 03/03/45 p. 9

Diplomáticas
La SI 13/01/45 p. 10


Cosas raras en una Republica
    Estados Unidos tiene un Presidente  que normalmente tiene mucho más poder  que la monarquía más monárquica de la actualidad mundial. Es una Super-monarquía electiva al estilo de la vieja Polonia de antaño.
    El Presidente de los Estados Unidos es el único jefe de Estado en el mundo que puede nombrar “representantes personales” suyos en otros países, pagándolos el Estado.  Ni el parlamento puede entrometerse en lo que realiza ese “missus dominicus”, al estilo del siglo 1X, en la época más obscura de los comienzos medievales.
    El Presidente Roosevelt se ha negado a tener representante estadual diplomático en el Vaticano. No ha transigido nunca con que Estados Unidos reconocieran el poder espiritual del Papa, y menos todavía el poder temporal de la Ciudad Vaticana, realmente independiente.
    Considerando al Vaticano como algo de menor cuantía, tiene en él a un Representante de su persona, y, a veces (como cuando enviaba a mons. Spellmann) además otros representantes personales suyos.
    Ahora tiene lugar con Donald Nelson algo semejante. Era jefe y como ministro de municiones. Lo ha colocado como representante suyo en el Ministerio. Es decir, que Mr. Roosevelt, que preside su gobierno, tiene un representante personal suyo en ese Gobierno a cuyas sesiones asiste.
    La situación era casi cómica cuando Chiang kai Shek daba ocasión a que la cosa se arreglase para el amigo del Presidente. Así es como, sin dejar de ser ministro “representante de Roosevelt” en el gabinete, ha sido enviado a China para enhebrar los negocios que sean posibles en aquel país del desorientado Chiang.
    Con lo cual Nelson no tiene cargo alguno estatal; pero el Estado le paga dos cargos.
    Cosas que n o entiende nadie más que los norteamericanos.

Estatuto para el personal diplomático
    El gobierno argentino ha dictado un Estatuto que regule el funcionamiento del Ministerio de Relaciones Exteriores, incluyendo el personal bajo todos sus aspectos.
    Es una medida que deberá ser imitada, al fin, en todos los países.
    En una serie de artículos publicados en esta sección, se estudiaban años atrás algunas características que distinguían al personal diplomático, comenzando por el origen y la causa de no pocos nombramientos. Y de ahí la incapacidad de no pocos, y precisamente en una sección de la Administración estadual tan importante.
    En el Estatuto argentino se da importancia a la especialización. En aquellos artículos insinuábamos la necesidad de que el Cuerpo Diplomático se especializase, en cuanto a la región mundial donde debía ejercer, en conocimiento, por lo mismo, cada funcionario del país en que debe servir a su patria con eficiencia.
    El Cuerpo Diplomático y Consular ha sido puesto en solfa en todos los compases, ridiculizado en las operetas, tomado en broma en los dramas, presentado al mundo como una legión de vanidosos vacíos y hazmerreír de las gentes.
    Todo ello era inmerecido, o, cuando menos inconveniente. Hay que innovar en ese Campo de Agramante de la diplomacia, convirtiéndolo en un cuerpo técnico severo, moderno, activo,  ampliamente transigente a base de un irreductible patriotismo.  Y hay necesidad de realizarlo cuanto antes, por parte de aquellos pueblos que se tomen la diplomacia como cosa muy seria, y no como un cuerpo de fantochería.
    Argentina acaba de publicar su Estatuto para el Servicio Exterior, adelantándose en esas ideas. Han intervenido en él numerosos diplomáticos, y, al decir de los entendidos, ha resultado un cuerpo completo para el régimen diplomático de aquel país.

Cosas raras
    En la República argentina se alza un Gobierno militar, con evidente aplauso de las clases populares, que respaldan en masa a las nuevas autoridades.