Siria 45
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Se disputan la “soberanía” siria. Siria y la independencia La SI 03/02/45 p. 5-6

Se disputan la “soberanía” siria. Siria y la independencia
La SI 03/02/45 p. 5-6


    Uno de los dramas más pintorescos de estos instantes internacionales (aunque se revuelve calladamente en las regiones de una casi vacuidad publicitaria) es el que se refiere a Siria.
    Conocen nuestros lectores la odisea, manchada tantas veces por sangre generosa, de este pequeño país, pero dos acontecimientos –no ruidosos- lo ponen nuevamente sobre el tapete: un hace poco terminado Congreso Árabe y las declaraciones de De Gaulle sobre ese pequeño país asio-mediterráneo

    a) En Octubre pasado se cerraba en Alejandría la llamada Conferencia Árabe. Las agencias aliadas publicaban acerca de ella lo que les convenía y no lo otro. En caso semejante –noticias de un solo lado, y todavía tergiversadas- no cabe a una crítica decente más que esperar referencias auténticas.  Han tardado en llegarnos tres meses, y todavía por raros conductos: la democracia aliada tiene su misma médula en no dejar hablar siquiera, cuando lo que pasa no conviene a los países “democráticos”, con comillas.
    Asistían a la Conferencia todos los países árabes o con grandes minorías árabes. Los primeros enviaron a ella sus representantes oficiales: Siria, Irac, Palestina, Transjordania, Arabia Saudita, Egipto, Yemen. Los segundos, enviaron representantes que actuaron como observadores: India, Irán, Turquía, etc.
    El motivo de la reunión era examinar las actuales circunstancias vis a vis de la cuestión árabe. Y, en el fondo, la unanimidad fue absoluta: crear lazos políticos de unión árabe, formando un solo cuerpo político los que ya formaban un solo cuerpo racial. Fue aplaudida la tesis de uno de los diplomáticos, en la cual convinieron todos: “los países imperialistas hacen continuamente lo posible (y lo imposible) para dividirnos: Estados artificiales, disensiones, problemas ficticios, etc. Nosotros, que hemos sido víctimas de ese divisionismo, hemos de acentuar lo contrario: la unión efectiva de toda la raza, que, si fue grande en los siglos de oro de Córdoba y Damasco, ha de volver  a serlo próximamente”.  
    Alrededor de esa tendencia general dio vueltas todo. Pero se dividieron los delegados en tres grupos al ir a tomar medidas para conseguir esa unidad política árabe. Y se manifestaron tres opiniones:
    1) Una extremista, que defendió el exigir inmediatamente esa unidad árabe, formando un Imperio Arábigo, todos los hijos del Islam instaurando un Estado único. Es decir, que en el mundo internacional figurase ya, por propia voluntad árabe, el Imperio Arábigo.
    Varios remarcaron las dificultades que ello acarrearía, ante los países aliados imperialistas. Porque todos, sin excepción, partieron de la base de que la raza árabe es víctima de los países aliados imperialistas, y no de otros. Este es el hecho. Lo demás son palabras. Pero Gran Bretaña ¿podría ser echada de la Palestina, así como así, y lo mismo de otros problemas similares? No por divergencia de principios, sino por cuestión de táctica y de procedimiento, se alzó el segundo grupo:
    2) Según estos, había de plantearse la Cuestión Árabe ya ante los países imperialistas, haciendo conocer la voluntad árabe, rogándoles que, evolutivamente, pero rápidamente, se tomasen la molestia de ir soltando las riendas, reconociendo las soberanías arábigas intactas y su deseo de unificarlas.
    3) Todavía esto pareció imposible de lograr por ahora a un tercer grupo, que se manifestaba más “táctico”. Hacían ver los de ese grupo la hipocresía de la Carta del Atlántico y demás manifestaciones “de libre determinación”, que no eran más que lazos para dominar al mundo imperialísticamente. Afirmaban que por nada del mundo soltarían Gran Bretaña y demás países imperialistas la breva que representa la posesión de esos países árabes. Preferían un método más suave y de menos imposición, no porque los derechos árabes no fuesen justos y la independencia nacional menos importante y necesaria, sino para no irritar al imperialismo, que acecha como fiera acosada a cuantos le plantan cara.