Cuba 45
¡Cuidado con los agasajos! ¡Cuidado con los elogios! La SI 03/02/45 p. 6

¡Cuidado con los agasajos! ¡Cuidado con los elogios!
La SI 03/02/45 p. 6


    En Cuba se celebraban elecciones a mediados del año pasado. Todos los diarios, todas las agencias, proclamaron la limpieza de ese acto comicial, que había correspondido –según esa prensa- a la voluntad del pueblo cubano. De ellas salía absolutamente repudiado el que había sido Presidente hasta entonces, Batista, y elegido el Dr. Grau, víctima durante siete años de la “democracia” en destierros, persecuciones y demás martingalas.
    Batista acuerda, ya no Presidente, darse un paseíto por América. No ya como representante de Cuba, que lo ha repudiado como antidemocrático y no grato al pueblo. Viaja por varios países. Políticos, ministros, parlamentos, diarios, reciben al repudiado como representante de Cuba
    Mientras esos diarios elogian al bulto –porque esta es la orden recibida- el juez de instrucción de La Habana inicia juicio contra Batista y cuatro miembros que fueron de su gabinete por irregularidades graves, malversación de fondos, estafas y cobro de jornales a 400 paniaguados que se comían los sueldos sin trabajar. Otro juicio está en ciernes, iniciado por el parlamento.
    Y un diario argentino se da aire con un suelto que, en substancia, dice así: “Argentina ha de felicitarse de que el coronel Batista, al recorrer los países sudamericanos, no haya pasado por Argentina, saltando de Chile al Uruguay. Realmente ha comprendido el ex presidente cubano enjuiciado en su país por malversación, que no cuadra el ambiente político argentino con esa clase de visitantes”.
    Hay que escatimar los elogios a visitantes para no caer en ridículo. Porque puede repetirse este caso de que en el mismo instante en que en un país se reciba a un visitante como representante y eminente, el parlamento de su patria  lo encause por irregularizador y lo repudie como político.
    “Elogios desmedidos y a destiempo vienen a ligar al elogiador con la persona y la manera de ser del elogiado” (Erasmo de Rótterdam).