Costa Rica 45
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Costa Rica 45
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Inverosímil, pero cierto. Absurdo, pero real. La SI 10/02/45 p. 4-5

Inverosímil, pero cierto. Absurdo, pero real.
La SI 10/02/45 p. 4-5


    a) Hay que comenzar este pequeño párrafo con unas declaraciones interesantes de un ministro del Gobierno costarriqueño, que un amable lector me envía, recortando un telegrama de la agencia aliada “Reuter”. Helo aquí:
    “San José de Costa Rica (Reuter).- El Ministro de Agricultura, José Joaquín Peralta, ha revelado que causa profundo resentimiento en este país la actitud del gobierno norteamericano al presionar a varios países, como Suiza, para que no paguen por el café costarricense, precios mayores a los fijados por el gobierno norteamericano.
    En sus declaraciones, el Ministro agrega que los precios norteamericanos han sido establecidos en forma que se apartan de la realidad y sin tener en consideración el costo de la producción de café.
    El Ministro termina diciendo que, hace algunos días, informó al Encargado de Negocios norteamericano de lo que significa para Costa Rica la industria del café, base de su economía nacional”.
    Delatan estas declaraciones un hecho tan absurdamente inaceptable, que uno habría de poner sobre él un buen par de interrogantes antes de creerlo. Pero las declaraciones son categóricamente afirmadas por un ministro de aquella República. Y hay que ceder a la evidencia.  
    Examinemos someramente esas declaraciones. Y es bueno que las examinen, especialmente, los políticos responsables del porvenir social de esas repúblicas, así como de su independencia.
    El hecho primordial es que Estados Unidos paga por el café costarriqueño precios que no compensan sus costos. Cosa absurda en estos momentos en que Norte América vende sus productos exportables a precios evidentemente altísimos, que no altos. Renunciamos a examinar el costo de cualquiera de esos artículos, para no entrar en comparaciones odiosas.
    1) Esas repúblicas necesitan, cuando menos, vivir. Y no es posible hacerlo si la producción básica nacional (el café en Costa Rica) es vendida a precios que no compensan el trabajo.
    2) Pero es absolutamente inadmisible que un país extraño presione a un tercero para que ese otro desmejore los precios que nos paga por los productos que le vendemos. El ministro lo dice claramente: EE. UU presiona a Suiza para que no nos pague precios (que ya paga) superiores a los que paga Norte América por nuestro café.
    Suiza necesita, para su vida en estos días de guerra (en que los aliados no respetan las más elementales leyes de la neutralidad) permisos norteamericanos para importar ciertos productos. En esta situación, Suiza está en la pendiente de tener que aceptar las “órdenes” de EE. UU no señalando a sus adquisiciones de café americano otros precios que los que señala EE. UU. Es decir, que Suiza estaría a merced del amo extranjero, en la fijación de precios de sus importaciones, y que EE. UU no admite que Costa Rica venda a buenos precios. Milagros de la Buena Vecindad.
    No sabemos cómo podría definirse esa actitud norteamericana. Pero sí sabemos que la prensa “libre”, que recibe avisos y papel de EE. UU ha tenido la boca cerrada, para así mostrar mejor la libertad de prensa.
    3) ¿Qué intentaría EE. UU con esas maneras tan raras? ¿Le interesa a EE. UU que una República se muera de hambre? A quien esto preguntase, EE. UU contestaría lo siguiente, y en este caso le daríamos la razón:
    Si el pueblo costarricense vive del café y no más; si su actualidad y su futuro económico depende de EE. UU (porque éste, presionando a otros países, es el único cliente del café costarriqueño) ¿por qué no ha despertado Costa Rica de sus politiquerías, matando el uniproductismo y lanzándose virilmente a la poliproducción? ¿No hay, en el fondo, una responsabilidad de los políticos y economistas costarriqueños?
    Seamos sinceros. La hay. Desde el 1920, tan crítico; desde el 1929, tan catastrófico, se ha dicho en todos los tronos que estos países hispanoamericanos deben abandonar el monocultivismo, más todavía el monoclientelismo, y embocar reciamente una nueva estructura