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Pequeñas notas de sucesos relacionados con España. “Intelectuales” indeseables. Pololeando a América. Ciudad universitaria. 5.000 maestro más.
Esto no puede ser  ME  08/36 p. 16-17, 19-20,  24, 26, 27 respectivamente

            En estos días he oído en conferencia a dos intelectuales españoles que rondan las Américas en gira de cultura y propagando hispano intelectual. Uno de ellos es catedrático de la Universidad de Madrid y ha conferenciado en Colegios de Abogados y Centros Jurídicos. Otro es un franco tirador de la mente, y ha conferenciado en teatros –entrada pagada- y centros españoles.
            La indignación explotaba de nuestro pecho después de oír dos “lumbreras” de la ciencia española.
            El primero es un erudito. Sabe todo lo que se ha escrito sobre Derecho Constitucional. Pero no sabe esto: que aquí, en América, los intelectuales también saben, al igual que él, cuanto se ha escrito sobre Derecho Constitucional. Nos ha repetido con grave palabra lo que todos nos sabíamos de la a a la z. y él, tan orondo, se cree que realiza una especie de “cruzada hispánica”. Un profesor universitario tiene el deber de ser investigador. Este caballero no ha inventado jamás nada. Es un disco perfecto. ¿Qué idea van a tener en América del profesorado universitario español?
            El otro “sabio viajero” es un “puzzle” de cuatro mil idioteces que ha leído en diarios y revistas sobre sociología, política, historia, etc. una especie de “democracia científica”, o “ciencia de retazos” de los tiempos de Mari Castaña, que él –que es un ingenuo- cree cosa avanzadísima.  Y dice esas leseras con verba altisonante, con gesto de cicerón de menor cuantía.
            Hemos escrito en varias ocasiones sobre este tema. No nos oyen. América, señores españoles de España, no es un país de indios que andan con taparrabos y los pechos sobre el vientre. El profesor universitario sabe todo esto que nos cuentan esos “tíos de las giras” y algo más. Y es un desdoro para España esas conferencitas ridículas e ignaras.
            A América no han de venir más que inventores, investigadores, a decirnos “lo que ellos han inventado”: algo suyo personal, o, cuando menos, los “inventos de última hora de su especialidad”, que no han llegado todavía a América.
            Todo lo demás es contraproducente. Y los españoles ricos de América hacen un mal evidente en pagar viajecitos y hoteles a tales conferenciantes. Es sensible tener que decir esto. Pero los intereses de España están por encima de todo interés particular. Esos cinco o diez mil pesos que se entregan a tales “sabios” estarían mejor para un premio de investigación hispano americana.
            Para remate del mal, esos conferencistas, que, por lo mismo que no son sabios, son de vista estrecha y partidarista, se refocilan haciendo pequeña política. Aquel profesor universitario  se ha declarado derechista y ha vomitado pestes contra los izquierdistas –que tienen el mismo título de españoles que él- y contra el Jefe del Estado español. El “Cautelar de cuarta mano”se ha declarado izquierdista y vomita pestes contra las derechas y los curas de España, que son tan españoles como su delator. Y no han llegado a comprender esto, que entendería un albarda: que, fuera de la patria, no hay bandos, grupos, ni partidos más que para discutir “inter nos” y pasar el tiempo, la majestad de la nación está por encima de todas las diferencias.
            Hay que poner coto a esa ralea de “sabios” que nos llegan de España, que no han investigado nada.

            En estos días he oído en conferencia a dos intelectuales españoles que rondan las Américas en gira de cultura y propagando hispano intelectual. Uno de ellos es catedrático de la Universidad de Madrid y ha conferenciado en Colegios de Abogados y Centros Jurídicos. Otro es un franco tirador de la mente, y ha conferenciado en teatros –entrada pagada- y centros españoles.

            La indignación explotaba de nuestro pecho después de oír dos “lumbreras” de la ciencia española.

            El primero es un erudito. Sabe todo lo que se ha escrito sobre Derecho Constitucional. Pero no sabe esto: que aquí, en América, los intelectuales también saben, al igual que él, cuanto se ha escrito sobre Derecho Constitucional. Nos ha repetido con grave palabra lo que todos nos sabíamos de la a a la z. y él, tan orondo, se cree que realiza una especie de “cruzada hispánica”. Un profesor universitario tiene el deber de ser investigador. Este caballero no ha inventado jamás nada. Es un disco perfecto. ¿Qué idea van a tener en América del profesorado universitario español?

            El otro “sabio viajero” es un “puzzle” de cuatro mil idioteces que ha leído en diarios y revistas sobre sociología, política, historia, etc. una especie de “democracia científica”, o “ciencia de retazos” de los tiempos de Mari Castaña, que él –que es un ingenuo- cree cosa avanzadísima.  Y dice esas leseras con verba altisonante, con gesto de Cicerón de menor cuantía.

            Hemos escrito en varias ocasiones sobre este tema. No nos oyen. América, señores españoles de España, no es un país de indios que andan con taparrabos y los pechos sobre el vientre. El profesor universitario sabe todo esto que nos cuentan esos “tíos de las giras” y algo más. Y es un desdoro para España esas conferencitas ridículas e ignaras.

            A América no han de venir más que inventores, investigadores, a decirnos “lo que ellos han inventado”: algo suyo personal, o, cuando menos, los “inventos de última hora de su especialidad”, que no han llegado todavía a América.

            Todo lo demás es contraproducente. Y los españoles ricos de América hacen un mal evidente en pagar viajecitos y hoteles a tales conferenciantes. Es sensible tener que decir esto. Pero los intereses de España están por encima de todo interés particular. Esos cinco o diez mil pesos que se entregan a tales “sabios” estarían mejor para un premio de investigación hispano americana.

             Para remate del mal, esos conferencistas, que, por lo mismo que no son sabios, son de vista estrecha y partidarista, se refocilan haciendo pequeña política. Aquel profesor universitario  se ha declarado derechista y ha vomitado pestes contra los izquierdistas –que tienen el mismo título de españoles que él- y contra el Jefe del Estado español. El “Cautelar de cuarta mano”se ha declarado izquierdista y vomita pestes contra las derechas y los curas de España, que son tan españoles como su delator. Y no han llegado a comprender esto, que entendería un albarda: que, fuera de la patria, no hay bandos, grupos, ni partidos más que para discutir “inter nos” y pasar el tiempo, la majestad de la nación está por encima de todas las diferencias.

            Hay que poner coto a esa ralea de “sabios” que nos llegan de España, que no han investigado nada.

Pololeando a América

            Todos los países de Europa se esmeran en cortejar a América, atrayéndosela bajo el triple aspecto económico, político y cultural. ¿Quedará rezagada España?
            En Buenos Aires una estadística nos revela el creciente incremento de la lengua alemana, que se enseña simultáneamente en 180 escuelas, academias y centros culturales a no menos de 25.400 argentinos.