Panamá 45 46 48
Índice del Artículo
Panamá 45 46 48
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Lo que pasa en Panamá  La SI 24/02/45 p. 5
Panamá y la seriedad de dos Estados. Barcos hipócritas  La SI 24/08/46 5
Panamá no quiere Bases extranjeras  La SI 17/01/48 p. 4-6
Ha triunfado en Panamá un enemigo de Estados Unidos La SI 05/06/48 p. 3-4
Estados Unidos y la dictadura panameña La SI 17/07/48 p. 2

Lo que pasa en Panamá
La SI 24/02/45 p. 5


    Esa pobre zona del canal, que lleva el nombre de Panamá (que la cancillería norteamericana pinta en su mapa oficial con el color de las colonias-protectorados) está dando frecuentes tumbos, siempre alrededor del mismo problema: el querer conciliar el primer artículo de su Constitución, que habla orgullosamente de su independencia, con ese prurito norteamericano de ponerle al país el colorido de los Protectorados. Tal problema sería querer atar dos moscas por el rabo.
    Cuando comenzó la guerra, gobernaba el pequeño país el señor Arnulfo Arias, elegido constitucionalmente sin protestas. Desde luego, comenzaron sus roces con EE. UU. a causa de que el gobierno norteamericano exigía numerosas cosas que el Presidente Arias conceptuaba como contrarias al Tratado existente entre su país y Norte América.
    Culminaba la tirantez, hasta que esas exigencias fueron ya inaceptables. El Presidente Roosevelt exigía que los buques norteamericanos (que no podían hacer la guerra por la entonces neutralidad yanki) se abanderasen en Panamá, para que fuese éste el que sobrellevase los conflictos y sufriese las consecuencias de esta conducta. Al propio tiempo, Mr. Hull presentaba al Gobierno panameño una exigencia de tantas bases, que prácticamente el país quedaba totalmente bajo la férula extranjera.
    La paciencia del Dr. Arias se colmaba, y un No rotundo era enviado al ministro norteamericano.
    Inmediatamente se celebraban ciertas reuniones sospechosas. Explotaba una rebelión “popular”, sin que el pueblo se enterase de ella. Y Arias era botado revolucionariamente de la Presidencia, siendo, además, echado del país. Ascendía a título de gobierno revolucionario “de facto” el señor Ricardo Adolfo de la Guardia, que se había prestado para la comedia.
    Inmediatamente Estados Unidos ocupó de hecho la casi totalidad del país, y varios buques norteamericanos dejaban de serlo, porque enarbolaban la bandera panameña, sin ser ellos panameños.
    De este hecho se enteraban muy poco las “libres” agencias noticieras aliadas. No se enteraba de ello ese simpático político uruguayo, que preside un humorístico Comité panamericano, quién sabe con qué nombre.  Y tampoco se enteraba de ello Mr. Cordell Hull, entonces comediante número 1 en la farsa internacional.
    Y así es como el gobierno revolucionario panameño fue acatado como no revolucionario; el legal fue tenido por ilegal, y los mansoides países americanos nada veían, seguramente a causa de los lentes muy ahumados que obliga a llevar la cenital luz panameña.
    Un informante nuestro, panameño además, nos explica estas jocosas, trágicas y de otra índole acaecidas durante el tiempo de ese fantasma de De la Guardia, que no queremos siquiera transcribir en síntesis. Nos repugna poner en solfa a quienes no tienen categoría para ser solfeados, aunque el país -con categoría ellos, o sin categoría- sufre las consecuencias derivadas de un Gobierno revolucionario que no era revolucionario.   
    Tantas cosas han pasado durante esos largos tres años, que hasta las piedras se tuvieron, al fin, que levantar, contra esos políticos “a las órdenes”. La juventud universitaria se reunía abiertamente en contra, los militares presentaban exigencias muy serias, los obreros se iban declarando en huelga unos tras otros. Por fin, la Asamblea Nacional votaba que De la Guardia se fuese, entregando el poder, constitucionalmente, al Vicepresidente de la República. Con el Presidente, se exigía que cinco de sus ministros fuesen arrinconados, sobre todo sus parientes.
    Y he aquí de lo jocoso. La Guardia, con los suyos –una partida minúscula- había sido el que había entregado el país y la bandera a la cancillería yanki. Pero, al notar los yankis,  que el país entero estaba contra su amigo, hacen como que giran velas y acogen en la Zona norteamericana del canal a los opositores. Ello tenía lugar en Diciembre pasado, llamándolos a todos para recibir protección de las autoridades norteamericanas.
    Se pasaron allá los jóvenes y los que no lo eran. Una vez allá no podían vover a su patria. De la Guardia disolvía el parlamento, aprehendía a cuantos le eran enemigos, y los universitarios y obreros eran perseguidos.