Brasil 45
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Getulio Vargas, las bases y las agitaciones incipientes La SI 03/03/45 p. 5-6
El Brasil y la prensa argentina. Un decreto de Vargas y la prensa argentina La SI 30/06/45 p. 45 p. 6-7
Un golpe militar derribó a Getulio Vargas. Getulio Vargas y el Brasil La SI 19/11/45 p. 1-4
El Brasil, Getulio Vargas y el electo general Dutra. Elecciones brasileñas La SI 15/12/45 p. 1-6

Getulio Vargas, las bases y las agitaciones incipientes
La SI 03/03/45 p. 5-6
 Quien quiera historiar las relaciones norteamericanas con la dictadura brasileña, estaría en plena zona de regocijada opereta. Tanta es la inconsecuencia y tantas las contradicciones en que ha incurrido la cancillería de Washington, borrando hoy con la cola lo que ayer había escrito con la extremidad superior.
 Al subir a la Presidencia –primera vez- el Presidente Roosevelt, sentía un verdadero furor agresivo contra la dictadura brasileña. Estados Unidos no es pueblo que ame estudiar causalidades y demás metafísicas. Para un pueblo “que va al grano”, es decir, que no mira algo eterno,  sino las conveniencias de cada momento, aquellos eran instantes eran preciosos para Mr. Roosevelt para declararse enemigo de Getulio Vargas y de su personal y omnipotente dictadura. Para Washington no era conveniente estudiar las causas, ni aún mirar si la dictadura de ese hombre, limpio socializante y patriota, eliminaba la dictadura sucia y plutocrática de los partidos disfrazados de “opinión popular”.  Roosevelt era, antes que todo en aquellos años, democrático, amigo de las masas. Y Getulio Vargas podía bajo esos prismas ser combatido…el cual además, hablaba demasiado de la independencia de las naciones.
 Fueron seis años de escarceos y pullas entre las dos Presidencias, que habían de verterse, al fin, en una completa victoria de Vargas sobre Roosevelt.
 Efectivamente, así que el Presidente norteamericano, aplastado por la desocupación, piensa en “la guerra dadora de trabajo”, todo cambia en un instante. La idea rooseveltiana evolucionó lentamente para el público, al cual se le conquista a dosis. Pero, en el interior decidido del hombre de Washington, cuya resolución es bien conocida, todo cambiaba en un minuto.
 Era necesario tener al Brasil al lado de Estados Unidos.
 Desde aquel momento, la dictadura brasileña, sin cambiar un ápice, es honorable: la democracia la mima, la apoya con 18.000 hombres. Y los dos amigos -¡claro, Amigos!- Roosevelt y Vargas conferencian en varias ocasiones, Mr. Roosevelt acudiendo a la costa brasileña por etapas desde Miami.
 Y acaecía el milagro: Argentina era una dictadura al lado de la “democracia” brasileña. Y cuando el dictador, ese hombre extraordinario que es Vargas, celebraba el aniversario de la implantación del régimen dictatorial, el Presidente norteamericano dirigía al dictador amigo el más dulce de sus telegramas.
 Y el Brasil corresponde. A la amistad de Roosevelt hacia la dictadura, cede materias primas, cede sangre viva de 18.000 soldados, que no se sabe todavía quien los paga y alimenta: si Estados Unidos o Río de Janeiro
 Pero Vargas es hombre complicado. ¿No estaría en su voluntad organizar industrialmente todo el Brasil con pretextos bélicos (además de librarse de varios miles de comunistas entusiastas) para que el amanecer de la paz hallase a ese país en son de plantar cara?
 No sabemos. Probablemente no se sabrá nunca. En los repliegues internos de los hombres superiores hay cosas raras. Y es muy fácil zozobrar por ese mar de las suposiciones más o menos psicológicas.
 Lo cierto es que la guerra avanza, y viene un día en que creen ya llegada la hora –los hombres de EE. UU- de anunciar que si bien las bases concedidas eran para durante la guerra, y no más, ahora (y entonces también) las quieren para siempre….
 El dictador da un salto. Era tan fuerte el salto, que caía de espaldas su propio canciller. Era tan amplio el salto, que repercutía en el parlamento ecuatoriano. Estados Unidos retiraba a su embajador de Río. Vargas retiraba el suyo de Washington. Llega, meses después, un nuevo embajador norteamericano, el cual, apenas llegado, comienza a filosofar nuevamente sobre bases.
 A los pocos días –en estos instantes- surge en Río un movimiento democrático, al estilo de la vieja pseudodemocracia plutocrática. Los estudiantes, materia dúctil, recorren las calles. No quieren más dictadura. Y Vargas, al decir de agencias de las cuales no respondemos, promete próximas elecciones.