inglaterra 45 03 a 07
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La tragedia inglesa. Inglaterra trágica La SI 03/03/45 p. 6
Gran Bretaña busca técnicos La SI 24/03/45 p. 5
Lloyd George y la nueva época británica La SI 07/04/45 p. 1-5
Elecciones en Gran Bretaña La SI 26/05/45 p. 7
Un pintoresco discurso electoral de Churchill La SI 09/06/45 p. 7-8
Agricultura británica  La SI 21/07/45 p. 5-7

La tragedia inglesa. Inglaterra trágica
La SI 03/03/45 p. 6

    En esta guerra hay un rosario de incógnitas todavía.  Pero hay cosas realmente ya evidentes. Por ejemplo: ya ningún espíritu claro duda de que hay tres países que ya han perdido la guerra: Italia, Francia y Gran Bretaña. ¿Gran Bretaña? Cierto. Gran Bretaña.
    Sería largo explicar el proceso y no nos desalentamos para embocarlo algún día largamente. Pero la esencia de todo él es ésta: Gran Bretaña entraba en la guerra para librarse de dos amenazas: la popular en los comicios y la competencia alemana. Se encontrará, al salir de la guerra, con la ola popular que barrerá a los traficantes, y con tres competencias a la vez: la yanki, la rusa…y la alemana.
    El caso de Gran Bretaña es, mirado a la altura de siglos, una terrible tragedia. Desde los días de Isabel, la soltera, una minoría feudal lo ha encarrilado todo, bajo la máscara de una sedicente democracia, a hacerse dueña del pueblo propio y del mundo ajeno. La consecuencia más terrible de esa política –que hinchaban los tontos bajo el arco triunfal de la “Era Victoriana”- es la de que ese pueblo ahora no puede siquiera comer; y que, encarrilado para vender, no encuentra ya quien le compre. Traduzcamos esas frases: en el vestíbulo del hambre.
    Pero, al hablar así, no se habla del pueblo inglés, sino de una laya de feudales del siglo X1V. El pueblo inglés es otra cosa. Y que haya sido él mismo víctima de esa minoría, no quita que, de vez en cuando, tenga atisbos luminosos, que están presagiando posiblemente la vuelta del buen sentido y la misma salvación para aquel sufrido pueblo.
    Tiempo atrás comentábamos cómo tiende todo en el país a extender los cultivos y hacerlos perdurar después de la guerra. Es un buen signo. Gran Bretaña sufre de necesidades. No todo es imperialismo en aquella tierra, sino también necesidades inaplazables. Cuando intensamente se cultive todo aquel suelo, con los medios modernos que hacen rendir enormemente, las necesidades de la despensa británica bajarán enormemente, y algunas de las causas del imperialismo se aflojarán grandemente.
    Día a día vienen otros síntomas, todos ellos tendientes a lograr, si no un autoabastecimiento nacional,  al menos a adentrar bien  una política de aprovechamiento de cuanto sea aprovechable. He ahí tres noticias alentadoras, que han de ser recibidas simpáticamente por cuantos amen, no solo la paz, sino las condiciones necesarias para la paz.
    Numerosas compañías especializadas están escarbando en las aguas de aquellos mares, iniciando una política de alimentación a base de pescado, desde el momento más higiénica que la alimentación a base de carne. Habían sido descuidados aquellos mares, cuando en sus aguas hay una tal abundancia de carne de mar, que hay quien afirma que bastaría pata alimentar a 20 millones de habitantes. Desde luego, esa exquisitez del bacalao noruego abunda en sus costas. Y sabido es que un bacalao  alimenta por un día a doscientas personas.
    La “Reuter” nos da otra noticia de valor, que no hay que mantener sin comentario:
    “Londres, Enero.- Un plan aplicado en el término de dos años podrá proporcionar a Gran Bretaña una nueva industria, al investigarse las posibilidades que ofrece la costa escocesa. Hace algunos años, súbditos japoneses habían iniciado un próspero negocio mediante la explotación de los depósitos de algas marinas, y Japón llegó prácticamente a monopolizar  el comercio basado en el agarragar, substancia obtenida de las algas. Se cree que el agar británico pudiera ser utilizado en gran escala tanto en la alimentación como en las industrias textiles, y abrigar perspectivas muy buenas para las firmas vinculadas con productos químicos y cosméticos. Pudiera ocurrir, inclusive, que no hubiese limitación para las posibilidades del agar, y las investigaciones que se han iniciado en Gran Bretaña le permitirán independizarse de ciertas importaciones valiosas del exterior”. 
      Buena noticia. Mejor todavía, ésta: numerosos agricultores escoceses –Escocia: raza prócer- están realizando cultivos de trigo de clima frío, con semillas canadienses. Los primeros resultados han dado un grano tan hermoso y abundante, que algunos auspician aún una pronta liberación del país de las importaciones de este grano y otros semejantes.
    La guerra no es tan simple como parece. Y no sería raro que hubiese un singular hombre que afirmarse que, si Alemania tiene razón en los fines de esta guerra, muy posiblemente que la tiene también el pueblo inglés, descentrado por sus hombres de “negocios”.