La SI 45 03 10 17
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Las siete “suposiciones” de la Conferencia de México  La SI 10/03/45 p. 1-4
La cuestión del fierro viejo en la Conferencia de México. Fierro viejo. La Si 17/03/45 p. 1-4
Tres Conferencias. Las dos Conferencias sincrónicas
La SI 03/03/45 p. 1-3
ver en Guerra 1939


Las siete “suposiciones” de la Conferencia de México
La SI 10/03/45 p. 1-4


1.- El Hecho

    Está por cerrarse, en un viejo castillo de México, una nueva Conferencia casi-panamericana. Falta la Argentina, el país que marcha a la cabeza  de las repúblicas ibéricas, y falta también Puerto Rico, país despotizado por Estados Unidos, que lo mantiene atado al carro yanki contra la voluntad de sus habitantes.
    Estamos, por tanto, al entrar en el estudio de esa Conferencia, en medio mismo de una ficción. No hay tal panamericanismo, por mucho que se esfuercen en hablar acerca de este término las agencias noticieras norteamericanas, así como algunos de los diplomáticos y políticos que orondamente han concurrido a ella
    Se trata de los países que están, de veras o de burlas, conformes con la secretaría de Estado washingtoniana, y nada más. En el panamericanismo, en este caso, sobra el pan.
    Decimos “de veras o de burlas” porque sabemos que son varios los países (los más importantes) que han ido allá por ganas de ver y oír. Porque, de no ser así, borraríamos también la palabra “Conferencia”. Una Conferencia supone discusión, iniciales miras distintas, ponderación de encontrados intereses, lo que los ingleses han llamado muy bien (aunque en la práctica lo practiquen muy mal) “round table”. Allí han comparecido todos como si estuviesen, en lo fundamental, conformes. Con lo cual no habría habido Conferencia alguna sino Dictado o Acuerdo Previo, según el ambiente.
    Pero había también una base que permitía acudir a todos, aún estando completamente en desacuerdo con la marcha política de los países imperialistas.: Se iban a tomar en ella Recomendaciones. Es decir, Acuerdos que no lo son ni en el terreno práctico ni en el académico teórico. En el práctico, porque esos “acuerdos” no tienen valor alguno en un país si no los admite el parlamento nacional. En el teórico tampoco, porque ¿a qué discutir largamente  en una reunión numerosa, de la cual más de la mitad no han estudiado ninguno de los asuntos a tratar, cuando nada se sacaría en limpio en tan breves instantes?
    Se ha hablado también de Reunión de Cancilleres. No han acudido varios de ellos. No se trata, por lo mismo, de tal reunión de cancilleres.
    Ha sido una reunión de delegados de varios países americanos, que se han reunido para hablar sobre ciertos asuntos, dejando casi todos ellos de poner las cartas sobre la mesa. Cada cual ha hablado, guardando en el bolsillo y bajo siete llaves, lo que realmente piensa su país acerca de tantos, tan heterogéneos y graves asuntos tratados.
       Algo, por lo mismo, modesto. Tan modesto, que a esa modestia añadirán los gobernantes norteamericanos una más: tomarán como letra muerta cuanto se ha establecido allá, especialmente si no está conforme con la voluntad omnímoda y dictatorial de los tres Amos del Mundo

2.- Por qué no asiste Argentina
    Desde que Mr. Roosevelt, por medio de Mr. Hull –que fue la víctima- se encarara contra la Argentina, se ha observado constantemente una política de no discutir, ni con Buenos Aires ni con los delegados de los demás países americanos.
    La razón está a la vista: Estados Unidos han objetado constantemente a la nación Argentina tres hechos o causas (las concretábamos en un número anterior) para efectuar campaña contra ella: no democracia, no colaboración con América, incumplimiento de acuerdos tomados. Esas tres causas el canciller argentino las llamaba “tres falsedades”. . Nosotros huyendo de ese lenguaje muy militar pero poco diplomático, aunque muy gaucho, hemos demostrado en varias ocasiones que no existía una sola de esas causas. Y allá nos remitimos, para no rehacer lo ya hecho.