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Los trabajadores en Bélgica y Francia La SI 26/05/45 p. 7, 9

 

Los trabajadores en Bélgica y Francia
La SI 26/05/45 p. 7, 9

 a) Un diario francés ha sido democráticamente suprimido, y su director encarcelado democráticamente, porque ha estampado estas sencillas y claras palabras, que, por lo demás, los viajeros recién llegados nos dicen que son las que están en boca de la mayoría de franceses: “será cuestión de tener mucho patriotismo para no añorar cordialmente los días pasados bajo la ocupación alemana”. De Gaulle está conforme en dar libertad a todos, con la única condición de que todos piensen exactamente como él. Y, no pasando esto en este caso, ha tenido que acudir a sus convicciones democráticas para ponerlas en obra enjaulando al blasfemo y suprimiendo inquisitorialmente el diario procaz.
 Ello muestra dos maneras simultáneas: 1) el disentimiento de los franceses respecto a su “democrático” gobierno; 2) cómo las gastan los partidarios de los derechos individuales intangibles.
 Las desinteligencias se han acentuado con respecto a salarios y precios, el problema capital –y para ellos insolubles- de las pseudos-democracias infecundas. Los obreros del hinterland parisién, que pasan de dos millones, viven a la sombra del hambre. Se cuenta de espectáculos en los hogares que no hemos de trasladar siquiera en extracto a estas páginas, que no quieren, en manera alguna, ser tachadas de demagogia. Mientras los salarios no alcanzan a una pequeña parte de los gastos necesarios del trabajador, se ha extendido por toda Francia  -por las leyes de De Gaulle- la ola de la especulación comercial, simulando el Estado la persecución de los altos precios, y en realidad empujándolos todavía más arriba. Es la antigua Francia de los “affaires” que resucita pujante, con la cual tendrán que habérselas los hogares hambrientos. 
 De Gaulle, encabezando una reunión ministerial, ha publicado un Decreto prohibiendo un nuevo alzamiento de los salarios y de los precios. Parecería la medida bien tomada, si no fuese un nuevo camuflaje agiotista: si los salarios son inframínimos, y los precios ultraaltos, delata aberración completa estabilizar ambas columnas en el estado de hecho. Quiere ello decir la continuación del hambre; y, a su lado, la continuación de la especulación con sus cien cabezas de hidra nunca saciadas.

 b) En Italia las muchedumbres han reanudado sus gritos para que sea barrido el gobierno “Quisling” aliado, obra de Londres, presidido por Bonomi. Las manifestaciones se han agravado en Roma, y en el norte fabril han iniciado correrías que comienzan oler a revueltas.
 Los italianos han aprendido varias cosas en estos últimos meses de gobierno antifascista aliado: que no se cura todo con cubrir de balas el cuerpo de Mussolini; que hay fascismo aliado al lado del fascismo mussoliniano; que no quería morir la vieja para ver siempre uno peor, detrás de los tiranos que había experimentado en su larga vida.
 El pueblo italiano va a sentir más que otros pueblos los métodos aliados, tanto en el sentido policial como económico. Las manifestaciones, dentro de la ley, han sido disueltas a tiros por tropas extranjeras, respaldando a Bonomi. Y ellos, que constituyen uno de los pueblos mejor comidos y amigos de las dulces cosas de la vida material, han de pensar con mayor razón en la situación de años pasados.

 c) El gobierno belga acaba de cancelar a los obreros el derecho de huelga.
 Abandonado el país por los alemanes, Churchill les fletaba un gobierno títere, para que hiciese las delicias de valones y flamencos. Comenzaba ese gobierno por matar, encarcelar y perseguir a varios miles de ciudadanos a causa de sus ideas y preferencias. Y las masas aplaudieron furiosamente. Pero, a poco, echaron de ver, que con esto no podía almorzarse cómodamente, y menos con gases lacrimógenos en manos de la democrática policía. Se alzaron. Y entronizaron medio a hurtadillas, un nuevo gobierno, mandando a los servidores de Londres a sus casas.
 Pero el nuevo gobierno de carácter popular –decían las agencias- tampoco ha sabido solucionar asunto alguno. Por lo cual se iniciaban las protestas y los levantamientos populares, contra los cuales ha tirado aquel gobierno por el camino de en medio: prohibir absolutamente las huelgas, con severas penas para los que las muevan y los que las secunden.