economía 35 02 02
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Un bienio de gobierno hitlerista, vale la pena de estudiarlo desapasionadamente
La SI 02/02/35 p.6-7

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 El programa Nacional-Socialista era estrictamente anticomunista y estrictamente anticapitalista. Era ésta la primera característica. Para juzgar de la actuación nacional-socialista, habrá que pensar en esto: en si se ha atacado recio a ambos polos de la decadencia política de los últimos decenios. Llegaba a tal extremo en esa doble inquina, que declaraba aquel Programa que el Estado no toleraría al Comunismo como idea legal y que confiscaría la propiedad privada en el caso de oponerse al bien social y al progreso de la Nación.
 Era razista...
 Era autoritario...
 Era defensor de la personalidad alemana -menoscabada en el Tratado de Versalles- en el concierto de las naciones...

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 Esos eran los puntos capitales del Programa
 El gobierno Nacional-Socialista de este último año se ha caracterizado por tres hechos ruidosísimos importantes, y otros tres menos bullados, aunque, seguramente, no menos substanciales, que tienen relación directa con aquellos puntos del Programa del Movimiento.
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 Sobresalió entre todos los ruidosos la degollina de jefes desleales...

 Segundo punto ruidoso de la actuación nacional-socialista fue el retiro de la Sociedad de Naciones...

 El Saar, río tranquilo y manso, fue el tercer problema ruidoso...

 Al lado de esos tres problemas ruidosos, otros tres que tocan a la entraña del país y que meten poca bulla. Uno de ellos, una constante campaña de eliminación comunista, que se ha realizado especialmente  por medio de medidas indirectas. Y eso sí que delata una rectificación interesante en los métodos hitleristas.
 Durante el primer año, primaron los Campos de Concentración. Eran caros, de vigilancia difícil, crueles; no había derecho a separar a los individuos del seno de sus familias. Porque no eran lógicos, la fuerza de la lógica los ha ido eliminando, echándose mano de otros medios de convicción, alejados de la presión y la fuerza.
 Durante este año se ha acentuado la política bienestar para el obrero, y esto sí que es un instrumento de convicción anticomunista eficaz. Cuando ese bienestar llega al extremo de convertir al obrero en propietario, entonces el comunismo queda convertido en humo y nada.
 Por ahí ha tirado el gobierno alemán, sobre todo en los sectores campesinos. La pequeña propiedad ha sufrido una extensión grande. Se ha fundado la “propiedad rural familiar” Y esto señala uno de los puntos más interesantes de este año alemán.
 La desocupación ha sido combatida reciamente, si no por medios definitivos -son de larga evolución- cuando menos por medios que impiden el hambre. Trabajos públicos, auxilios, trabajo voluntario, disminución de las horas de trabajo: a todo se ha apelado para llevar pan a todos los hogares y poderse decir que en la familia nacional nadie se moría de hambre.
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 La oposición al capitalismo como explotador de la nación ha tenido en este año una intensidad extraordinaria. No es vano el Movimiento quiere llamarse  Nacional-Socialista, para significar que el bien nacional hay que lograrlo por la nivelación lógica, dentro de las posibilidades humanas, de los gajes y ventajas de la vida.
 Las medidas que se han tomado han sido numerosas. Vamos a linear tres solamente.