economía 38
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Decíamos ayer... Hagamos propietarios a los obreros
La SI 19/11/38 p.8
(publicado originalmente en La Unión el 30/06/22)  ( ver también tema en La SI 07/01/39 p. 1)
Índice de ideas: sobre el Comunismo; la Rusia Soviética; el fracaso del régimen soviético; la aspiración de los pueblos a generalizar la propiedad; San Agustín y la filosofía de la historia


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 La prensa mundial, desde hace medio año, está cantando victoria sobre el Comunismo. Nosotros mismos, en cualquier ocasión que se nos haya presentado, hemos puesto en evidencia ese fracaso colosal del régimen del Soviet, que el Soviet mismo acaba de hacer desaparecer en tierra de Rusia.
 No sin razón. Cuando un régimen ha sido profetizado como panacea universal de todos los males sociales, y, luego de una aplicación cuidadosa, ha venido, en vez de la felicidad y el progreso, esa terrible hecatombe rusa, que ha hundido al país en los abismos de la miseria, es natural que los enemigos de aquel régimen canten victoria a toda voz, y que los hombres estudiosos y apasionados, señalen al mundo los peligros del sistema.
 Pero, si ese canto de victoria, o esa constatación del fracaso, maximalista es natural y lógica, no lo es -y se nos dará la razón a poco que se medite- la manera simplista con que esa victoria o esa constatación del fracaso son mirados por los publicistas.
 El tono general de los alegres críticos del comunismo, viene a resumirse en las siguientes breves líneas, amplificadas según el gusto de cada escritor: El Comunismo prometió convertir a Rusia en un paraíso. La ha convertido en un infierno de hambre, dolor y barbarie. Luego, el Comunismo no ha servido para nada más que para hundir a Rusia. Guárdense los obreros del mundo de copiarlo".
 Repetimos que ese raciocinio fundamentado en hechos innegables, es demasiado simplista y aún incompleto. Y si el capitalismo mundial lo aceptare como bueno, bien pronto -y bien amargamente- habría de probar su improcedencia.
 Son, pues, las personas de arriba, que sientan la responsabilidad de su lugar, las que deben desentrañar menos periféricamente esa terrible proceso maximalista para sacar de él una fecunda lección.

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 El Soviet ha restablecido la propiedad, el comercio, la plata, el régimen total capitalista. ¿Ha tenido que volver, pues, al estado anterior al régimen comunista?
 Si y no. Ha tenido que suprimir el comunismo, ciertamente. Ha tenido que restablecer la propiedad, indudable. Pero con una sencilla variación, que varios señores rusos no encontrarán tan sencilla: que los propietarios actuales, venidos tras el comunismo, no son los propietarios que desalojó el comunismo. En otras palabras: ha restablecido la propiedad, pero no la ha restituído a los antiguos propietarios.
 El proceso de sovietización ha sido éste: en virtud del Comunismo se despojó a todos de su propiedad, entregándola por lotes (agrícola) o por acciones personales (usinas) a los labriegos y obreros, para que en nombre del Estado, y sin utilidades, trabajasen. Fracasado ese invento comunista, esa propiedad -multipartida- ha pasado a propiedad de los trabajadores, que la poseían en explotación estatista.
 El Comunismo, pues, partiendo de la abolición de la propiedad, ha vuelto a la legalización de la propiedad, pero convirtiéndola de varias propiedades grandes en innúmerables propiedades pequeñas y haciendo a los trabajadores propietarios con los despojos de los latifundios viejos.
 El problema, pues, no es tan simple. No se trata de que el Soviet renegando del comunismo haya vuelto las cosas a su antiguo estado. La propiedad, en Rusia, ha sido restablecida. El catastro ha sido tan modificado, que ningún límite de propiedad en 1916 queda hoy vigente y ningún gran propietario ha sido ahora respetado.