economía 39
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La SI 07/01/39 p. 1
(Un artículo de hace 16 años atrás: 22 de Agosto de 1922)  (ver también el tema en La SI 19/11/38 p. 8)

 El proyecto de ley,  por el cual se va a extender el régimen propietista a algunos miles de trabajadores del campo, tiene un interés tan capital, que bien pudiéramos considerarlo como eje de cuanto se pretenda hacer en cualquier país para empujarlo hacia la estabilidad social y económica.
 
 a) El patriotismo no arraiga con seguridad donde la tierra es patrimonio de una minoría.
 Échese una ojeada sobre la historia y se verá como las naciones se han debatido en un dédalo de luchas intestinas, mientras el régimen de propiedad agrícola era a base de enormes latifundios. El problema es muy viejo; tanto como la cerrazón de la humanidad en aprender las lecciones de la experiencia.
 Ya en Grecia, la paz social no se estabiliza hasta que la tierra es repartida en lotes numerosos. Las luchas duraron docenas de años. De ello hace, ya, más de dos mil.
 En Roma, las guerras agrarias llenan de revoluciones, de huelgas y de sangre más de un siglo. Un partido se formó a base de la repartición de la tierra, elaborando un programa que fue luego  una realidad. El patriotismo romano, y el célebre “ius”, base del derecho universal, se cimentó en los lotes repartidos.
 Y si, de un salto, pasamos al maximalismo –para no ir enumerando la historia del problema, siempre idéntico, a través de los siglos- nos encontraremos con que la única base firme en que se ha apoyado el Soviet ha sido la repartición de las tierras rusas entre los mujiks de las estepas moscovitas y de los feraces campos ucranianos.
 Los que se imaginan poder cimentar el patriotismo sobre base que no sea la propiedad, olvidan la trama sobre la cual vienen urdidos los más nobles sentimientos del hombre.
 Un cardenal muy notable, en una de sus Pastorales, sobre el lema “Pan y Catecismo”, explica como es difícil, si no imposible, tratándose de la multitud, que un pueblo tenga religión práctica si le falta el material sustento de cada día. y el moralista más eminente de nuestros días ha escrito una frase muy ingeniosa y muy cierta: “Es imposible que un saco vacío se mantenga derecho”.
 Si los apóstoles de la religión llegan a cimentar, en parte, su práctica sobre cosas materiales, que posibiliten su normal ejercicio ¿cómo no podremos decir lo mismo, y con mayor motivo, del patriotismo?
 Esta no es una idea abstracta. La patria, cosa natural, va ligada a otra cosa natural, el anhelo de propiedad, que tiene en sus adentros todo hombre consciente. La patria no tendría sentido si ni tuviera relación con el patrimonio individual de cada uno. Ella incluye, cierto, las glorias del pasado y el pundonor. Sería cerrar los ojos a la luz no ver que lo integran, igualmente, “mi” familia, “mis” intereses, “mi” casa, “mis” propiedades. Y en la hipótesis de que sobre un país se arrojase otro y le arrebatase la propiedad urbana y agrícola, no se concibe que los despojados continuasen dando la vida por su patria nominal, pasada a manos ajenas.
 En la historia de Europa, hay ejemplos notables sobre la materia. En el siglo V, por ejemplo, los visigodos invaden España y se apoderan de todas las propiedades. Los españoles despojados se convierten en sus trabajadores. Pasan 300 años, durante los cuales los propietarios –los invasores- se corrompen, a causa de su misma riqueza. Ello les impide defenderse contra otra invasión, la de los árabes. Apelan los visigodos –los propietarios- al patriotismo de los colonos –los trabajadores- contra los árabes. Los trabajadores se cruzan de brazo. Los árabes se apoderan de España entera en meses. Esos mismos españoles, siglos atrás, habían opuesto una barrera de carne a los romanos. La conquista de España costó a Roma 200 años y 9 ejércitos. Es que, entonces, la tierra pertenecía a los hijos del país.
 El patriotismo se puede considerar como un producto de varios factores, uno de ellos el “amor a lo nuestro”, a la “propiedad propia”. Anulad este factor, y el patriotismo se esfuma, como un producto se anula del todo, si un factor se reduce a cero.