economía 40

 

El Servicio del Trabajo
La SI 14/09/40 p. 4


 Es extendido cada día más ese Servicio Obligatorio del Trabajo, del cual, en un Documento notable que hemos publicado en números anteriores hablaba el Presidente de Chile, señor Aguirre Cerda.
 En los mismos instantes en que él hablaba para que fuese prontamente organizado, cuatro países europeos daban vueltas a su alrededor con entusiasmo: Dinamarca, Francia, España y Bulgaria, está intensificándolo, pues existe en el país desde hace más de quince años.
 Dinamarca ha iniciado el entrenamiento de la juventud, antes de su instrucción verdaderamente militar, mediante un Servicio del Trabajo que va a iniciarse prontamente. Aquel gobierno ha declarado que no podrá nadie esperar nada de una juventud amasada en las delicias de la paz y en las ilusiones del cinema, sin un entrenamiento varonil a base de disciplina militar no interviene salvadoramente.
 Francia está ya en plena organización del Servicio. El mariscal Petain ha sabido poner el dedo en la llaga. Era la juventud francesa inadecuada para las empresas de unos días heroicos, como todos los que requiere un Cambio de Edad durante el cual el feble e inadaptado es eliminado sin compasión, por natural resultado de los acontecimientos.
 El coronel Ganoff, después de su reciente visita al Servicio del Trabajo alemán, ha llegado a Sofia iniciando una reorganización total del Servicio. Se intensificará la intervención militar, que Tratados al estilo de Versalles prohibían en Bulgaria, víctima del sedicente capricho democrático.
 Un telegrama de Europa, del 28 del pasado mes, nos habla de una marcha de 420 kilómetros, a base militar, que la juventud del norte de Italia está realizando hacia el extremo sur de la nación. Los jóvenes oscilan entre los 16 y los 20 años. Llevan  carabinas, mochilas, y el resto del equipo de maniobras algunos; los demás, herramientas de trabajo. Quinientos oficiales guían a esta magnífica caravana de 24.000 muchachos, dispuestos a echar el resto para adquirir robustez física, amplitud intelectual, recia moral a base del trabajo y del sacrificio. Cuando llegue la hora de esos jóvenes, todos llenarán un vacío y realizarán una misión: en la hosca atmósfera de la guerra, o en la suave quietud de la paz, no por esto menos reciamente concebida y lograda.
 Los gobiernos que saben prever han de pensar que ahí está el mañana de un ejército que la nación debe mantener siempre para casos extraordinarios, llamado ahora a galvanizar el dinamismo y la moral en una juventud extenuada, escrofulosa y amorfa. El Servicio del Trabajo no es, ciertamente, el Servicio Militar. Pero hemos ya de concebirlo, no solo como base preparatoria de él, sino como un baño necesario de disciplina, dinamismo e idealismo transformador de una juventud que comenzaba a naufragar en el mar bituminoso de los que creen que leer es accionar y saber es vivir.