economía 46
Índice del Artículo
economía 46
Página 2
Página 3
Página 4
Página 5
Página 6
Página 7
Página 8
Página 9
Página 10

Imitando a Alemania nazi
La SI 26/01/46 p. 4

 Esa guerra última, y la postguerra que estamos alegremente disfrutando, se distinguen por un cúmulo de contradicciones pintorescas. Tan pintorescas, que sería cuestión de reír a carcajadas, si no fuese que nos hacen llorar a rienda suelta.
 Una de esas contradicciones está en ese imitar literalmente los aliados lo que hacían los alemanes de Hitler, y que esos hoy imitadores contradecían tan furiosamente cuando lo realizaba su competidor y contrincante germano.
 En estas horas son innumerables las cosas imitadas, resaltando tres en los telegramas de estos días:

 b) Fue vilipendiada sin excusas toda operación que significase intercambio de productos, fuera de las leyes artificiales del oro y el cambio, instituciones de un sistema caído en el mayor descrédito.
 ¿Cuánto no escribía la prensa aliada para condenar ese sistema de intercambio directo que era tenido por absurdo?
 Los aliados están ahora en pleno furor “intercambista”. Estados Unidos es el que ha dado el ejemplo. Vende a varios países, no a cambio de oro medidor, sino de una cantidad equivalente de productos que necesita urgentemente. Tanto me vendes, tanto te vendo, y saludos al oro ausente. Italia, Francia, otros países, están también intercambiando productos, copiando urgentemente procedimientos que antes –cuando los usaban otros- vituperaban con acrimonia.
 ¿Quién exigirá ahora esos intercambios? ¿Los países chicos, que no quieren ser heridos por el oro? ¿Los países grandes, por quién sabe qué ventajas encontrarán en el sistema? No importa. Lo importante es que esos métodos comerciales, que eran el summum de lo salvaje y lo anticientífico, ahora, en mano de los aliados, son cosa buena y factible.

Pan negro
La SI 23/02/46 p. 5

 En uno de los grandes países aliados, vencedores de la guerra, el Gobierno, avizorando el aumento de la miseria actual, ha decretado el consumo obligatorio del pan integral, prohibida la eliminación de la parte que en el pan blanco se echa a la basura.
 La civilización moderna, so capa de avance, nos ha metido en la cabeza las costumbres más antihigiénicas y anticientíficas que hubiese podido adoptar una sociedad primitiva. Una de ellas, la Cocina.
 Cuando la ciencia dietética se digna entrar en la cocina moderna, puede ver con horror cómo allí está el principal instrumento de muertes y enfermedades en el mundo actual. Se han hecho estudios especiales sobre la Cocina en la Universidades de Milán y Yale, así como en el Laboratorio Pasteur, de París. Horrorizan las conclusiones, sobre costumbres que no habrían podido adoptar más salvajemente los pueblos bárbaros.
 En la letanía de barbaridades cocineriles, fuente de enfermedad sin fin, está el pan moderno, hecho de la parte menos alimenticia del grano de trigo y manipulado según la inconsciencia más lamentable.
 Han reaccionado algunos higienistas, recomendando el consumo del pan de trigo integral, con una cocción más racional. Hacia 1925, siendo jefe del gobierno francés Raymond Poincaré, y obtenidos del parlamento poderes dictatoriales, estableció por decreto el consumo exclusivo del pan moreno, previa una confección científica.
 La medida parecía natural y lógica. Entre los deberes accidentales de todo Gobierno está el privar el consumo de cosas tóxicas., así como la pródiga botadura de materias alimenticias. Parece hacedera, todavía, la exigencia de un pan higiénico, que no ciertas medidas de limpieza, claro que útiles, pero, desde luego, menos esenciales que la base alimenticia nacional.
El pueblo francés no estuvo conforme.  Caía aquél político. Se retornaba al pan blanco y a su nocividad.