Rusia 45 06 07
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Rusia 45 06 07
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Los demócratas y los rebaños La SI 30/06/45 p. 3-5
La cuestión polaca la gana el Soviet La SI 30/06/45 p. 5-6
Rusia avanza sobre el Mediterráneo La SI 14/07/45 p. 1-4
El mariscal Zukhov habla bien claro La SI 14/07/45 p. 5
El Soviet sigue avanzando en Europa. Rusia se expande La SI 21/07/45 p. 7

Los demócratas y los rebaños
La SI 30/06/45 p. 3-5

 a) Llega de Moscú una noticia interesante. Los rusos han entregado a Polonia en virtud de acuerdos tomados en Yalta, la mayor parte de la Prusia Oriental, miembro vivo de Alemania, en compensación del territorio que ellos han tomado a los polacos en el oriente de la fenecida Polonia de Versalles
 Este hecho tiene varias partes o aspectos. Es interesante examinarlos, para sacar conclusiones pertinentes.
 El primer hecho es el referente a la exigencia rusa de que la Polonia oriental –que no ha sido Polonia jamás- le fuese entregada a la República soviética.
 Siempre en esta revista –que no atiende jamás a fanatismos ni preferencias- se ha dado la razón a los rusos en este problema ya viejo de 1939. Ya viejo, en realidad, de los tiempos de Versalles. Esa llamada Polonia oriental no era más que la mitad occidental de la Rusia Blanca y la parte más oriental de la Ucrania. Se trata de dos naciones incluidas en la Federación de Repúblicas rusas. Es natural que vuelvan esas dos partes trituradas a la unidad nacional, por encima de toda consideración. Los hechos de naturaleza priman sobre toda otra consideración, en pleno invertidismo el que parte y reparte las naciones según intereses secundarios. Que sean los rusos los favorecidos, ello ha de tener sin cuidado a los que miran las cosas por encima de todo maquiavelismo. La razón, a quien la tenga; y delata fanatismo –y aún inmoralidad básica, el que se opone a las cosas justas por intereses antinaturales.
 Esa Polonia que tan mal se comportaba en los días de su independencia, pudiendo tres naciones repartírsela durante siglos, había de dar ejemplo de sentido común y de lógica. Si ella gritó durante décadas, por haber sido triturada, exigiendo con razón la unidad estatal, había de ser ella la primera en rechazar que en Versalles fuese ella la trituradora de otras razas. Los polacos que exigían  que no los mutilasen a ellos, pero que ellos podían mutilar a los demás, dieron el mal ejemplo de una política grosera, injusta, y, al fin, sin cimientos; y, por lo mismo, que se derrumbaría a poco. Con los polacos, esos hombres de Versalles, que charlando de democracia, pisoteaban sin pudor toda clase de derechos ajenos.
 Los rusos, ahora, han hecho bien en exigir que las regiones domeñadas e imperializadas por los polacos fuesen retornadas a sus pueblos. Iba a decir: con ello Rusia soviética sentaba los buenos principios jurídicos internacionales.
 Iba a decir. No podemos decirlo. Porque si se creía que Rusia sentaba principios, al exigir la mitad racial ucránica y ruso-blanca ahora, sabemos que no lo hacía más que por afán de imperialismo. Porque es la misma Rusia la que tritura la Prusia Oriental, separándola del cuerpo vivo alemán, entregándola “en compensación” a los polacos.
 Es decir, que hay que rehacer la unidad racial, si los perjudicados somos nosotros. No hay que rehacerla, sino que hay que desmembrar las razas, si los perjudicados son otros. Cosa indigna de un estadista.
 Con esto, Rusia va siguiendo los pasos de la vieja e inmoral política  de los países ultraburgueses, imitándolos burdamente. Podía Rusia, bien o mal, sentar por lo menos algo nuevo, que hiciese esperanzar al mundo internacional la visión de un mundo bueno o malo, pero siempre distinto  del ya evidentemente fracasado en lo que va de siglo. Stalin no ha tenido el garbo de hacerlo. Se ha contentado con sumarse a los aliados, cayendo en los mismos vicios del Invertidismo antidemocrático, ahora protegido por Moscú.
 Los aliados querían entregar a Polonia los rutenos, ucranianos y ruso-blancos. Imperialismo y bárbara antidemocracia. Rusia entrega a Polonia la Alemania prusiana. El mismo Invertidismo y la misma bárbara antidemocracia.

 b) Pero lo interesante es esto: que esos señores –los democráticos aliados y los democráticos rusos- no se toman la molestia de consultar siquiera a los habitantes, entregados como cabezas de ganado de mano en mano.
 Era cosa gruesa y mareadora que Gran Bretaña se quedase con Palestina sin consultar al pueblo; que los aliados entregasen en Versalles la Armenia a Turquía sin consultar a los armenios; que Estados Unidos se “haga” con Puerto Rico sin consultar a los portorriqueños: que