inglaterra 45 08
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¿Nueva era en Gran Bretaña? Churchill barrido por la nación  La SI 04/08/45 p. 1-10
Un enemigo terrible de Mr. Churchill: Mr. Churchill La SI 25/08/45 p. 4-5

 

¿Nueva era en Gran Bretaña? Churchill barrido por la nación
La SI 04/08/45 p. 1-10

1. El hecho

 En la vida usual hay un conocido instrumento que se llama “escoba”. En unos segundos, actúan las barbas de tal instrumento, en manos de una amiga de la limpieza, y en un santiamén ha liberado el suelo de toda suerte de cosas no gratas.
 En la vida meteorológica, hay algo que igualmente barre, pero no, a decir verdad, igualmente. Es el ciclón. Mar Caribe.  Zona de Filipinas. Otras partes, a veces, bien poco sospechables. Se obscurece el cielo, se alza la tromba, sopla la tempestad, rugen fauces ocultas tragadoras. Y en menos de lo que canta un gallo se ve todo limpio: de árboles, de casas, de animales y de personas. Por ahí pasó la catástrofe. Todo pelado.
 Así, ahora, en Gran Bretaña. Lucía el sol engañador. Paseaba tranquilamente el enjambre de mosquitos. El gobierno –la dictadura que se llamaba a sí mismo Gobierno-   continuaba refocilándose, saboreando a doble mandíbula las excelencias de una caricatura de democracia. Y la cigarra mayor, de aquí para allá pavoneándose, llovía dicterios sobre la calle, segura de su situación inamovible. Viene el pueblo, alza el dedo y en un dos por tres son barridos todos los demócratas que actuaban contra el pueblo, dejando la cancha limpia como una patena, de gubernamentales. Mr. Churchill, a la cabeza de los contrarios al pueblo, ha desparecido entre el polvo de la gran barrida. ¡Así es, oh quinta columna churchilliana!
 El hecho lo creían pocos, seguramente ni los mismos vencedores. Ese pueblo inglés ha sido durante doscientos años, tan mansoide, corderil y aplastado, que nadie creía que con gesto tan brutal botase a sus seculares opresores. Esa manera mansoide del pueblo inglés es tradicional. Es pueblo más disciplinado y pasivo que Alemania, porque no muestra maneras pasivas externas. La diferencia es esta. Un alemán camina estirado como un soldado, pero salta la barrera, también estirado como un soldado: pero la salta. Así la saltaba después de 1918, en 1933 con Hitler. Un inglés nunca anda estirado. Mueve los brazos y aún la lengua, tiene movimiento exterior de sus miembros pero nunca saliendo de su puesto.
 Un alemán no mueve sus miembros, pero sí su cuerpo total, paseándose de una a otra posición. Un inglés lo mueve todo, pero él no se mueve del lugar. Se agita, pero permanece inmóvil, su cuerpo. Un alemán parece disciplinado, pero lo es solo exteriormente: cuando es hora se insubordina. Un inglés mueve sus miembros, pero no se mueve de lugar.
 Esta tradición estaba tan arraigada en el mundo, que nadie creía que, de no haber algo gravísimo, y quien sabe todavía,  llegase ese pueblo a moverse del puesto de manso corderillo. Estaban tan seguros de esa inmovilidad los churchillianos, que se sonreían al solo oír las voces ajenas, creyendo en su derrota. Todavía el día mismo de las elecciones, decía el principal diario churchilliano: “Puede pronosticarse que los laboristas avanzarán algo sus huestes, pero el Gobierno tiene ampliamente asegurado su triunfo”. ¡Buen profeta!
 Una de las características de los partidos destinados a morir es que tienen los sentidos embotados, que no ven lo que está ante sus narices, no oyen los gritos absolutamente: ¡están hechos al mal olor social!
 Recordemos Estados Unidos de 1924 a 1933, cuando todo estaba hundiéndose y ese torpe de Hoover anunciaba desde la Presidencia que jamás había estado mejor su pueblo. Ni malo era ese eminente ingeniero, metido a político quien sabe por qué: es un excelente hombre. Pero era más que malo: era tonto. Decía el padre Claret, hoy santo: “Guárdate de un confesor tonto. Puede ser malo, pero el tonto es una calamidad”. Claro que el santo no usaba ese diccionario usual en estas columnas. Pero, en su Guía de Estudiantes decía esto a voz en cuello.
 Podemos notar igual de los políticos, es decir, de cuantos han de dirigir algo. Guárdate de políticos malos, pero ¡hay de ti si los tienes tontos! Son los peores.
 En Gran Bretaña el pueblo –se ve por los resultados- está alzado. Había rumores de tempestad. Los puños se crispaban y las voces eran amenazadoras. ¡No sabían nada de ello esos inteligentes gobernantes, tan democráticos, que tenían al pueblo en su contra!
 Y ahí tenemos, como presentación del problema, el hecho: una barrida en Gran Bretaña. Ella será buena o mala, cada cual opinará a su manera. Pero nadie va a poner el hecho bajo