Post Guerra 1939 45 08 11
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En Postdam Stalin dicta sus órdenes La SI 11/08/45 p. 1-3
La Bomba atómica  La SI 11/08/45 p. 5

En Postdam Stalin dicta sus órdenes
La SI 11/08/45 p. 1-3

 Los aliados han hecho de las Conferencias un bello deporte, especialmente cuando se acercan los días de verano. Matemáticamente hay entonces centenares de familias más o menos políticas o emparentadas, que pasan a veranear en primera categoría sin costarles un centavo. Porque de gente inteligente es el aprovechar todas las coyunturas; y nadie podrá decir que, entre los aliados, y mirando al utilitarismo personal, ellos sean un haz de tontos.
 Nuevamente se han reunido los Tres que se llaman a sí mismos Grandes y con ellos los tres mil  que se suponen más o menos chicos. Alrededores de Berlín , sede histórica del famoso Estado Mayor alemán. Y allí, entre olas de calor, de alegría y de aperitivos mezclados en profusión, la sido rubricada la Conferencia

 a) Ante todo hay que notar, como en todas las otras, como la larga Nota final que se entrega, no tiene importancia alguna. O se trata de cosa seria ya sabidas, o se trata de invenciones novelescas.
 Por ejemplo, en Teherán se daba un Comunicado en el cual se decían mil cosas que todo el mundo sabía y resabía, para apresurar el vencimiento de los alemanes,, los esfuerzos de los aliados y otras vaguedades presupuestas, como se comprende, por todo el mundo. En cambio nada se decía sobre los siguientes puntos que, entre otros que ignoramos, fueron tratados y rubricados, a espaldas de los propios pueblos representados por los tres Amos: repartición del suelo y petróleo de Persia, y por supuesto, de la Persia misma; mediatización de la influencia británica existente sobre la ante-India por las fuerzas rusas; entrega de las riquezas mineras de la Arabia a Estados Unidos.
 Por ejemplo, en la Conferencia del Atlántico. El Comunicado, en este caso, era novelero. Se sienta Mr. Roosevelt al calor de la lar del acorazado, y explica a las naciones “libres” un cuento de niños que él ha inventado: la difunta Carta del Atlántico.
 En uno y otro caso –en los demás, similarmente- los Comunicados finales no tenían importancia alguna. Lo importante, como en las cartas que piden dinero, lo más importante está después de la rúbrica, en una Postdata final.
 ¿Qué habrán tratado en Postdam los tres aliados, en secreto, manteniendo en perfecta ignorancia a sus democráticos pueblos? Imagínese el lector una letanía de barbaridades, y tendrá la contestación perfecta. Podemos asegurar que, en el prospecto secreto de los tres, que delineó Truman y aprobó Stalin (porque Attllee era un pequeño porotito) había, cuando menos, los siguientes acápites:  
 distribución del comercio internacional mundial, por lo menos durante cinco años después de la paz con el Japón;
 reparto del Asia nipona, así como de las colonias holandesas oceánicas, entre los tres Amos de la tierra democrática;
 reparto inicial del África, siendo Bélgica y Francia las primeras víctimas;
 reparto intercomunicativo de secretos y planes militares contra los demás países, aunque no (se comprende) contra sí mismos;
 qué parte de costa báltica alemana guardarán para sí Rusia, Gran Bretaña y Polonia;
 mediatización del Mediterráneo inglés por parte del Soviet;
exigencia rusa de libertad en la India para la Rusia, aunque no se concedan a aquel gran país mayores libertades que las cadenas actuales.
 Protectorado sobre Italia, Bélgica y Francia por parte ¿de qué país?
 Y así habrán sido dilatados los problemas tratados en secreto.
 En esos Tratados, Conferencias y demás en que son el eje los grandes democráticos aliados, todo marcha a puerta cerrada. Y se echa al soberano pueblo un puñado de vaguedades, de ilusiones o de cosas ya sabidas de antemano, para mantenerlo engañado y feliz.  

 b) Hemos de insistir en que no se trata de una Conferencia de Mesa Redonda, donde en igualdad se manifieste, por parte de cada uno, sus opiniones y sus conveniencias. En Postdam,