Perú 45 a 48
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Un Presidente que se va y otro que viene. Dos Presidentes (Colombia y Perú) La SI 11/08/45 p. 3-4
En el Perú, nada La SI 08/09/45 p. 6
Los demócratas peruanos contra la libertad de pensar. La democracia peruana amordaza la prensa La SI 01/12/ 45 p. 5
Nuevo Gobierno peruano. El Perú cambia de Gobierno La SI 02/02/46 p. 4
Los desterrados retornan a Lima La SI 16/02/46 p. 5-6
Asesinato en la “democrática” Lima. En el Perú suenan tiros La SI 18/01/47 p. 6
Terminada la fijación de límites entre Perú y Ecuador  La SI 01/02/47 p. 1-4
Así lo dijo –y así es- el sabio Salomón. Salomón habla La SI 08/02/47 p. 1-2
Mr. Cooper es retirado. Prentice Cooper es sacrificado  La SI   21/08/48 p. 1

 

Un Presidente que se va y otro que viene. Dos Presidentes (en Colombia letras “a”, “b” y “c”,  y Perú letra “d”)
La SI 11/08/45 p. 3-4

d) Elecciones realizadas semanas atrás en el Perú han elevado a la Presidencia a un nuevo Presidente, don José Bustamante, que, si pertenece, en rigor, a la vieja cadena dictatorial, se le atribuyen cualidades en el sentido de restaurar, en parte al menos, la democracia en el país vecino.
 El Perú, desde Leguía, tenía instaurada, se dice, la dictadura. Es la Historia que nos escriben los cronistas superficiales de la época, contándonos lindos cuentos. La dictadura en el Perú ha sido constante y completa. Leguía gobernaba también él con parlamento. Que ese parlamento lo fabricase Leguía, o lo fabricasen los Presidentes anteriores, no tiene importancia alguna: uno y lo mismo.
 La diferencia entre la dictadura histórica y la de Leguía estaba radicada en esto: que, mientras los demás dictadores y sus paniaguados “vivían” (y todo el mundo sabe qué se quiere decir con ese eufemismo), Leguía “hacía”. De tal modo, que la historia del Perú tiene, entre dos épocas distintas,  no las actuales elecciones, sino la personalidad jaloneadora de Leguía.
 Tras Leguía, y derribada aquella dictadura, comenzaban otras dictaduras, entre las cuales sobresalía, por su buena fe, aunque por su irregularidad legal, la del Presidente Benavides, muerto recientemente. En sus días los partidos eran dos, y además un grupito elevado en sentido económico: apristas y semifascistas bajo la batuta, respectivamente de Haya de la Torre y de Flores.
 El aprismo, aunque se tenga de él idea contraria, no era partido de masa india, sino de clase media, y ampliamente profesional Sus ideas nacionales eran interesantes, mientras se apoyaban sobre la base lógica de un rechazo absoluto de la inmiscuencia extranjera y de todo imperialismo, que en América es amenaza yanki, y no amenazas de Europa o Asia.
 Haya de la Torre fue el apóstol de esa política, que le atrajo muchos partidarios, con razón.  No sabemos qué cosas va a hacer ahora, en el parlamento, defendiendo ideas de un Presidente que le debe, en parte el puesto, pero sin los cimientos nacionalistas, o mejor, latino-americanos a base de las masas nacionales.
 El partido florista contaba con eminentes personalidades, pero pocas. Pero su masa era numerosa, esencialmente agrícola, foránea, y, en resumen, india. Si en el Perú, como en todos los países ampliamente avanzados, el voto nada tuviese que ver la letradura, ese partido ocuparía el gobierno ampliamente mayoritario.
 Seguía a Benavides del Presidente Prado, que gobernaba, en sus grandes líneas, como durante la dictadura de Benavides. Prado era banquero, universitario y de siempre relacionado con Estados Unidos. Su dictadura era ampliamente respaldada por la sedicente democracia norteamericana. Sus obras materiales han sido varias, aunque no las que tienen por motor una verdadero nacionalismo. Estaba apoyado por el pequeño grupo económico de los potentados, no sintiendo nada de lo que estaba aureolando sobre el país, a causa del nuevo día mundial.
 ¿Qué puede esperarse del triunfo de los dos partidos nuevos (nuevos en el parlamento como electores de Presidente) en estos instantes?  Mucho nos tememos una martingala, a semejanza de tantos otros países en que ha sucedido lo mismo. Que, dedicándose a superficialidades inconsultas, de política internacional o nacional, las verdaderas novedades que el Perú exige se queden en el programa.
 Les será fácil, a los nuevos legisladores,  hablar de Franco y de España, mientras los indios carecen de un trozo de tierra y de toda consideración social.  Fácil hablar contra el Eje y aludir elogiosamente a Moscú, que vive el mismo sistema del Eje, en cuanto a derechos y a la eliminación de derechos. Les será fácil debatir problemas nacionales para los obreros, que no se traduzcan más que en movimientos, pero (no) en realidad efectiva y menos en realidad estomacal. Si así se comportasen, estarían ellos igualmente entre los viejos partidos, y su fracaso estaría a la vista.
 Hay en el Perú, especialmente, la Cuestión Indígena, sobre la cual tanto disertara –generalmente muy bien- en otros días, Haya de la Torre. Nadie en América la ha embocado modernamente, dentro de los varios países de mayoría india netamente, o bien mestizada. No