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Los grandes problemas de la España contemporánea. V Ha de arrancarse de raíz la Escuela y la Universidad que malean a España  ME  01/40 p. 15-25

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            La Educación, la Instrucción y la Escuela no son algo esencialmente bueno. Así lo creen los ingenuos del montón. Y, dentro del montón, hay millones de abogados, médicos y de otras ramas universitarias.
            Un día, un eminente pensador francés, Anatole France, visitaba una escuela de su país. El Director de ella era un entusiasta del Libro de Visitantes (Libro de Visitantes es un volumen muy dorado y pintado, en el cual ponen un Pensamiento y su firma todos los que visitan la escuela en cuanto son nombres conocidos. Son libros curiosos, dignos de ser leídos, que algunas escuelas guardan como una especie de Arca santa). Y, ¿podía esa escuela dejar pasar la ocasión de que ese hombre de fama mundial rubricase el Libro de Oro y antepusiese a su enrevesada firma un pensamiento de primera clase?
            El Libro de Visitantes es una colección de pensamientos cursis. La mitad de ellos dedican a la escuela y a su director elogios incondicionales, “por el alto grado de educación que comunica a los alumnos y el esmerado funcionamiento de la escuela”. La otra mitad hablan de la educación, la instrucción, la ilustración y otros vocablos igualmente sonoros, en términos elogiosos y rimbombantes.
            Bien. ¿No podría nacer una flor en un erial? Puede. Así fue como Anatole France coge el lapicero y escribe así: “Nunca he podido comprender cómo puede ser que los niños, siendo naturalmente tan ágiles y listos, la escuela los vuelva tan idiotas”.
            ¿Un loco? No. Un sabio, tal vez. Porque otro día, preguntado el famoso Bernard Shaw, todavía viviente hoy, sobre si era verdad que el gobierno iba a nombrarle Ministro de Instrucción, contestaba con estas palabras, primo hermanas de las de Anatole France:
            -Yo no seré nunca ministro de nada. Sin embargo, me gustaría ser Ministro de Instrucción sólo por diez minutos. ¿Sabe por qué? Porque tendría tiempo de redactar y firmar un Decreto por el cual aboliría todas las escuelas de Inglaterra. ¡Haría, con ello,, un enorme bien al país!
            Cosa rara. En Gran Bretaña había, hasta hace diez años, individuos famosos, que constituían la suma ilustración del país. ¡Todos eran enemigos de la escuela! Uno era comunista, Wells; otro socialista, Bernard Shaw. Otro liberal: Rudyard Kipling; dos, católicos, Chesterton y Belloc; uno obispo protestante, el dean Inge. Nada de partidos. Todos pensando distinto. ¡Todos enemigos de la escuela!
            Porque no se trataba, solo, de izquierdistas y ateos, como Bernard Shaw y Anatole France. Se trataba, también, de derechistas y hombres religiosos, como los ya citados; como el insigne autor de “Le stupide XlX siècle”, para el cual la escuela usual es el elemento más firme y fecundo de deseducación actual.

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            ¿Palabras de locos? No. Evidencia de los hechos. Citemos –podríamos poner aquí una lista inacabable- solamente tres, y todos ellos relativos a España, aunque notando de antemano que se trata de algo universal.
a) En España realizaba quien esto escribe una investigación que no carece de interés. Consistía en esto: comparar las provincias más avanzadas y civilizadas con el alfabetismo y el analfabetismo. Y salía una conclusión verdaderamente notable.
            ¿Cómo graduar la civilización de una ciudad, una comarca, una provincia, una región, un país entero? Fácilmente, poniendo en fila unas dos docenas de factores que, sin lugar a dudas, son exponentes de progreso. Por ejemplo, puesto que no podemos rehacer el problema en su totalidad:
            1º Cantidad de ahorros y número de personas que ahorran;
            2º Número de familias que tienen casa propia;