inglaterra 45 09 10
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Rusia toma el pelo a los aliados La SI 01/09/45 p. 6
Mr. Attlee, conservador. Mr. Attlee, anticuado La SI 08/09/45 p.5
En Polonia y en Rumania pasa algo La SI 15/09/45 p. 6-7
Filosofía práctica sobre perros y collares La SI 29/09/45 p. 1-2
Embajadores y ganaderos La SI 29/09/45 p. 4-5
Post Data a la Conferencia de Londres. Sobre la fracasada Conferencia de LondresLa SI 20/10/45 p. 5

 

Rusia toma el pelo a los aliados
La SI 01/09/45 p. 6

 Dos noticias han corrido por los diarios esta semana, que tienen sus gracias. Para ello, hay que enfrentarlas con otras dos noticias que desconocen, al parecer, aquellos diarios, aunque fueron ellos mismos los que las publicaron días atrás.
 “Mr. Bevin, ministro de Relaciones británico, habló en el parlamento acerca de la dictadura soviética que se está ejerciendo en Bulgaria, bajo la cual van a celebrarse  elecciones generales. No nos satisface en nada ese sistema –dijo- por el cual incluso somos excluidos los aliados de presenciar siquiera cómo esas elecciones se van a realizar. Nada tiene esto de democracia”
 Otra noticia, tres días después: “El gobierno búlgaro ha suspendido las elecciones que debían celebrarse el Domingo”.  Al recibirse estas noticias,  el gobierno británico declaraba que se sentía satisfecho con esa suspensión.
 El gobierno laborista británico anda por mal camino. Se satisface tan pronto, que es capaz de satisfacerse, andando los días, con haber dicho que era socialista, operando en los hechos como conservador. Hagamos historia breve del caso búlgaro, midamos la escasa información de que dispone el gobierno británico y admirémonos de su franco optimismo.
 Cuando los ejércitos rusos entraban en Bulgaria sin oposición alemana (eran los días de la retirada) se apoderaba de todos los resortes del país, se realizaba una suculenta matanza y desterraba fuera del suelo búlgaro a varios millares de ciudadanos de partidos opuestos. Nombraba un gobierno en el cual, además del comunismo, intervenían ministros agrarios y demócratas.
 Mr. Churchill, que vivía sujeto en absoluto a los rusos, no protestó siquiera.
 Pero, entre tanto, se acentuaban las disensiones entre comunistas y agrarios y varios ministros no comunistas renunciaban a sus carteras. Las crisis fueron varias, y, al fin, comenzaron a manifestar que no reconocerían el resultado de las elecciones, si eran realizadas solo por los comunistas, y sin siquiera permitir la presencia de observadores extranjeros aliados. 
 En esta tesitura los ánimos, y obedeciendo a su fina táctica diplomática, los rusos suspendían esas elecciones, sirviendo las palabras de Mr. Bevin en la Cámara de instrumento hábil para esa suspensión. De manera que ésta no solo no era una satisfacción democrática dada a los aliados, sino que venía a ser  una verdadera ancla de salvación para los comunistas y los rusos, al simular que daban satisfacción a los aliados cuando no hacían más que suspender un acto electoral cuyo reconocimiento los demás partidos búlgaros no aceptaban.
 Las palabras del canciller Bevin, de este modo, servían magníficamente los planes rusos. Tienen ahora los bolcheviques un nuevo plazo para celebrar (y preparar) el futuro acto electoral, que seguramente les habría sido adverso. 
 Prueba de ello es que los diplomáticos y militares aliados no han sido tampoco admitidos; que las elecciones se celebrarán bajo la batuta militar rusa, y que han comenzado nuevamente las conversaciones para que los demás partidos democráticos del país respalden el futuro acto electoral, que, mejor organizado, será tan antidemocrático como el ahora suspendido.
  En rigor hablando ¿qué tiene que ver Gran Bretaña con esas elecciones búlgaras, cuando en Yalta Mr. Churchill ponía aquel país bajo la bota rusa, y Mr. Attlee ha declarado rubricar  completamente los acuerdos de Yalta? ¿Se habló en ese puerto ruso de democracia por ventura, o bien de “pueblos sometidos a Rusia y pueblos sometidos a Gran Bretaña en Europa?
 Ciertamente que el Comunismo va a ser impuesto en Bulgaria, perteneciendo ya a ese grupo los gobernantes de aquel país, bajo el comando bolchevique. Pero no son los gobiernos de Londres los que tienen derecho a Protestar de su propia obra. Contrariamente, según lo acordado en Yalta, los británicos tienen que apoyar, aún por la fuerza, cuanto dispongan los rusos en el país balcánico.
 Relatado todo lo cual –pues se trata de hechos puros-  uno podría preguntarse si es que los rusos les toman el pelo a los actuales gobernantes ingleses; o si los actuales gobernantes ingleses, fingiendo indignación, le toman el pelo al resto del mundo.
 - ¡Perdón! A nosotros, no.